Con el inicio del año nuevo, ya se comenzó a percibir el olor del carnaval en la Quebrada, con un ritual que ya es tradicional.
Familiares y amigos se acercaban para compartir, pero desde hace tiempo el Carnaval quebradeño ha dejado correr por doquier su fama de alegría con su mojón enflorado como símbolo aún antes de desenterrar al Diablito.
Con los carnavales, los 1º de enero y las calles de Maimará se transformaron en ese imán de divertidos de aquí y de allá hasta volverse tradición.
La imagen era la de miles de jóvenes buscando alguna iniciación acompañada de excesos, muchos no tan jóvenes y ya iniciados queriendo reiterarlos y las comisiones directivas de las comparsas en torno a los mojones viendo alegres la de gente que se acerca a su alegría.
Aunque Tilcara también tuvo sus estruendos, sus trompetas y su aspersión de líquido espirituoso sobre las piedras de sus mojones, en este festejo Maimará es la que ganó la posta.
Las calles aún eran de difícil acceso por las piedras y el barro que bajó el lunes con el agua de los arroyos, cantidad de maimareños miraban tras las cortinas de sus ventanas y la plaza y la avenida podían parecerse a la fotografía de un megafestival de rock cuando los locutores de cada mojón saludaban a los turistas de las provincias, prometían festejos inolvidables y el de la comparsa “Avenida de Mayo” daba con la frase: ¡hay olor a carnaval!
No es el perfume de la albahaca, que vendrá para marzo, pero hay algo de eso. Espuma, torsos desnudos, grandes vasos en la mano y tachos de saratoga, el ritmo de una cumbia que alguna vez será reconocida como folclórica cuando la gente común ya lo hizo.
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