Miles de chicos aún no tuvieron clases

Los alumnos afectados están distribuidos en 11 escuelas primarias y 4 secundarias, aunque existe otra cantidad no cuantificada que pertenece a Adultos, Artística, Educación Física, Psicología y Especial. * Fueron 30 días de incertidumbre, en especial para los padres, ya que, como nunca antes, muchos establecimientos funcionaron de manera parcial, dependiendo de la adhesión o no de los docentes a los paros.
Cecilia Corradetti ccorradetti@lanueva.com.ar

Un total de 8 paros y 12 asambleas del Frente Gremial Bonaerense, 11 huelgas y 6 asambleas de ATE y el estado de movilización permanente del SUTEBA local desde el pasado 25 de febrero, enmarcaron el primer mes del ciclo lectivo en la ciudad, de acuerdo con el seguimiento que "La Nueva Provincia" realizó durante esta convulsionada etapa.

Miles de chicos de todo el distrito y de diferentes niveles no han concurrido a clases hasta el momento. Los que sí lo hicieron acudieron de manera parcial.

En lo referido a primaria, por ejemplo, alumnos de 11 establecimientos todavía no han estrenado sus cuadernos correspondientes a 2013.

En realidad, esta última cifra demuestra a medias la gravedad del panorama, ya que las restantes 62 instituciones de nivel primario sólo funcionaron de manera parcial, es decir, con clases esporádicas y en muy escasas aulas.

Lo mismo sucedió en 9 secundarias, 4 de las cuales apenas dictaron algunas horas la semana pasada.

Las más afectadas resultaron la Media Nº 14, que funciona en el Hospital Penna, y la General Mosconi, en Ingeniero White, que aún no recibieron alumnos, al igual que las Escuelas Técnicas Nº 1 y 3.

Las Técnicas Nº 2 y 4 dictaron sólo algunas materias la semana anterior, apenas para algunos cursos.

Las distintas medidas de fuerza también perjudicaron seriamente a los jardines de infantes, aunque no pudo establecerse la cantidad exacta de instituciones afectadas.

Los inconvenientes abarcan, asimismo, a las Escuelas Especiales, de Psicología, Centros de Educación Física, Adultos, Superior y Artística, todos organismos que dependen de la Dirección General de Escuelas de la Provincia. En este último caso --por ejemplo en la Escuela de Estética, de Luiggi y Saavedra-- aún no se inició el ciclo lectivo.

Es decir, la actividad depende, en muchos casos, de si el docente se presenta al aula determinado día. De hallarse sólo un maestro en el establecimiento, oficialmente figura como que éste dicta clases parciales.

En cuanto a la adhesión a las medidas del Frente Gremial --siempre durante este mes-- resultó de un promedio del 80%, aunque la asistencia a las distintas asambleas fue mermando con el correr de los días hasta que el ausentismo en las aulas alcanzó un 25%.

Los paros de ATE (gremio que agrupa a los auxiliares de la educación) contaron con un 80% de acatamiento, aunque también en este sindicato decayó de a poco la afluencia a las asambleas.

En este marco, los maestros ya anunciaron nuevas medidas de fuerza, tras no aceptar la suba salarial del 22,6% en cuotas que decretó el gobierno de Daniel Scioli. Los docentes reclaman un 30% de aumento, mejoras en las condiciones de infraestructura escolar y soluciones a los problemas con el transporte y comedores, entre otros puntos.

Indefinido

La ausencia de información oficial impide determinar el número exacto de alumnos que aún no tuvieron actividad escolar. En tanto, para los días lunes 8, martes 9 y miércoles 10 de abril está prevista otra medida de fuerza de los docentes, de alcance provincial.

En la cárcel, sí

Las únicas escuelas que han tenido clases con normalidad desde el inicio del ciclo escolar son las primaria y secundaria que funcionan en la Unidad Penal Nº 4 de Villa Floresta.

Bruno Lozano

La mochila lista, aunque sin usar

Desde el 25 de febrero pasado, Bruno tiene su mochila lista para iniciar el anhelado 3º grado "A", turno mañana, de la Escuela Nº 67, en Pedro Pico y Thompson.

Pero desde entonces, su alegría y su expectativa se han ido esfumando de a poco hasta convertirse en una desilusión cotidiana: hasta hoy, este jugador de básquet categoría pre-mini del Club Estudiantes no conoció a su maestra ni pudo estrenar su guardapolvo.

A sus 8 años poco entiende de conflictos gremiales y, menos aún, de peleas políticas.

Pero igualmente intuye que algo raro sucede.

Que "por algo" no está yendo a la escuela.

Los hermanos de Bruno, Agustín y Leandro, de 14 y 16 años, respectivamente, concurren al Colegio Santa María de los Apóstoles, de manera que su situación es más favorable.

"Pero por ahora no puedo darme el lujo de cambiar al menor a un privado. Todo se hace cuesta arriba", advirtió Mercedes, mamá "todoterreno", de 43 años, empleada en una guardería municipal.

"Estoy enojada, pero no con los docentes, que reclaman por algo justo, sino con el Estado. Los problemas políticos se trasladan a nuestros chicos como si fuera una cadena", graficó.

El pasado miércoles Mercedes acudió a una reunión en la escuela a la que fueron citados los papás. La sorprendió el hecho de que muchos no se acercaron.

"Nos contaron situaciones que desconocíamos. El tema va más allá de lo salarial, que es vergonzoso. A veces tienen que poner dinero de su bolsillo para hacer frente a los materiales", ejemplificó, aunque advirtió: "Pero nosotros no tenemos la culpa".

"¿Qué nos dijeron? Que el miércoles empiezan, pero que la lucha continuará. Será el `día a día'", recordó para señalar que, pese a la complejidad del panorama, la escuela de Bruno es "privilegiada" en cuanto a infraestructura, recursos y mantenimiento.

"Todo gracias a la labor de la cooperadora; no del Estado", diferenció.

Más allá de la preocupación por los días perdidos de clase, Mercedes ha debido reorganizar su hogar.

"Bruno es chico y yo trabajo, así que la rutina en casa se complica mucho. Lo dejo un rato con su bisabuelo, de 90 años, hasta que llegan sus hermanos. Eso sí: siempre estoy con el teléfono, por si sucede algo", relató.

Mercedes es consciente de que su hijo menor debería haber comenzado a practicar algunas tareas en su casa, pero a veces, contó, su escaso tiempo libre no le permite ayudarlo todo cuanto quisiera.

"Hago lo que puedo", se excusó, para reflexionar: "Esto es una lucha de trabajadores contra trabajadores, pero tenemos que tener en cuenta que la cosa viene de más arriba".

Maximiliano Torres

Unas vacaciones casi eternas

Maximiliano Torres debería haber iniciado el pasado 4 de marzo el 4º año, orientación Electromecánica, en la Escuela Técnica Nº 2, de Azara 1250.

"Pero hasta ahora nunca empezó", comentó Claudia Vallejos, su mamá, un poco preocupada y otro poco indignada, y sostuvo que, a juzgar por esta convulsionada y confusa etapa de paros docentes, ignora cuándo, finalmente, su hijo regresará a las aulas.

Cuenta que Maxi, de 17 años, está en una edad complicada, que no quisiera que esté en la calle y que tampoco puede mandarlo a hacer un deporte.

"Tanto él como otros chicos en la misma condición están aburridos y andan como `bola sin manija'. Por suerte Maxi es un buen hijo, me ayuda mucho en casa, porque tengo otros chicos, y también hace los mandados", relató la mujer, que tiene una verdulería en el garage de su casa, en Villa Italia.

"A veces también atiende el negocio como una manera de que esté ocupado", indicó.

Para Claudia, "los docentes son algo egoístas porque pelean por dinero pero muchos manejan automóviles 0 kilómetro. Es algo que yo, por ejemplo, no puedo tener".

Y reflexionó que sin educación los jóvenes no llegarán a buen puerto.

"Para Maxi estas vacaciones son eternas", planteó, para agregar que sus otros hijos, los mellizos Lautaro y Valentín, de 6 años, alumnos de la Escuela Nº 73, están en situación similar.

"Tuvieron clase los primeros tres días y luego se `cortaron' hasta la semana pasada. Hoy es una lotería. Nunca sabemos si entran a la escuela hasta llegar allá, porque no actualizan los carteles. Es todo muy engorroso. Hay días en que no sé si mandarlos o no", relató.

A Claudia le resulta triste observar las escuelas de sus hijos. "Están vacías, desoladas", definió, casi con resignación.

Historias que se repiten

Eran las 8 menos cuarto del miércoles y la 509 no venía. Jeremías la esperaba hacía unos 20 minutos, desde que supo que en el centro de formación laboral no había clases.

--Falté ayer y no me enteré --dijo con carita de sueño y resignación después de haberse tomado dos colectivos para llegar hasta Zelarrayán al 2000. Después debió desandar el mismo trayecto hasta su casa en Villa Serra, y esperar hasta el miércoles para reanudar su capacitación.

Con distintos protagonistas, las historias se repiten desde hace un mes por toda la ciudad y plantean las mismas conclusiones sobre el conflicto docente, porque más allá de las razones que argumentan las medidas de fuerza, los más perjudicados siguen siendo los chicos con menos recursos.

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Enfoque

Aulas vacías, mentes vacías

David Roldán droldan@lanueva.com.ar

Nunca como este año, el ciclo lectivo en las escuelas públicas ha atravesado un camino tan espinoso. Nunca, al menos, en muchos años, más allá de tener que sortear, en otras oportunidades, momentos difíciles.

Es que el conflicto entre gobierno y docentes, particularmente por diferencias en los salarios, se endureció a tal extremo que, en muchos casos, hay chicos que no han tenido un sólo día de clase.

Dicho en términos más prácticos, mientras desde un sector, quienes enseñan, se pretendieron aumentos acordes con la inflación reinante, desde otro, se fue negando sistemáticamente la posibilidad de aceptar los pedidos, sobre la base de dificultades económicas que son tan reales como que todo cada vez cuesta más.

En definitiva, y como muchas veces suele suceder, la pelea entre los grandes terminó dejando huellas en los chicos, que no sólo ya perdieron un mes de clase, como mínimo, sino que pagarán las consecuencias de no cumplir con el ciclo de instrucción programado.

Cuando los intereses de uno y otro son difíciles de deponer, cuando las partes endurecen sus posiciones con pocas intenciones de ceder, se entra en un callejón sin salida como el que se atravesó a lo largo de todo marzo.

Y llega abril, con la esperanza de que, al menos, las escuelas abran las puertas, las aulas se llenen de chicos, los cuadernos de palabras y los pizarrones marquen el rumbo en una enseñanza que no admite dilaciones.

El futuro de los chicos es lo que está en juego, por encima de reclamos justos y negativas que puedan tener o no un razonamiento adecuado.

Es en ese futuro en el que todos debiéramos pensar.

Lamentablemente, no siempre es así...

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