La mezcla de drogas preocupa en los hospitales

La mezcla de drogas preocupa en los hospitales

Por sus efectos, un nuevo caso de mezcla de estupefacientes en un corto plazo conmocionó a los toxicólogos. Aseguran que cambiaron los patrones de consumo y que a las salas de emergencia de Córdoba ya casi no llegan intoxicados por una sola sustancia.

La joven ingresó al Hospital de Urgencias un jueves a las cinco de la madrugada, a los gritos, forcejeando con los policías que intentaban inmovilizarla, insultando a los médicos, pateando sillas y empujando todo a su paso.

Aunque a sus poco más de 20 años es pequeña y delicada, hicieron falta varios guardias de seguridad para contenerla. Gritaba aterrada, no quería que los “duendes” se le acercaran. Fue necesario amarrarla a una cama en una habitación aislada, para proteger a otros pacientes, y luego tuvieron que inyectarle un sedante. Los médicos a su alrededor terminaron extenuados, preguntándose cómo una chica menuda podía ponerse tan agresiva. ¿Qué se había metido al cuerpo?

Cuando la paciente recuperó la conciencia, 10 horas después, empezó a recordar algo de la noche anterior. Dijo que no suele consumir drogas frecuentemente, sólo lo hace de vez en cuando. Que esa madrugada de fines de mayo había estado en el departamento de su expareja tomando alcohol y aspirando unas líneas de cocaína.

Pero que la “merca” se había acabado temprano, y entonces recordaron que había una bolsa de “polvo mágico” en el placard. Se la habían regalado al dueño de casa hace algún tiempo, en una fiesta electrónica masiva, en Buenos Aires. No sabían bien de qué iba la cosa, pero era un polvo blanco similar a la cocaína y pensaron: “¿Por qué no?”.

La Policía llegó al edificio de Nueva Córdoba alertada por los vecinos, que se habían despertado por los gritos y los estruendos que hacían los muebles al romperse. La chica chillaba y decía algo sobre un duende que quería pegarle. Ella le contó a los profesionales del Urgencias que se sentía “separada de su propio cuerpo” y que se miraba “desde afuera”. Además, dijo, veía como a su alrededor todo estaba “pixelado” en colores estridentes que se movían y mutaban en otras cosas. Sin dudas el “polvo mágico” era un alucinógeno potente, ¿pero cuál?

Cuando llegaron los resultados del análisis toxicológico de su orina –un estudio llamado screening–, los médicos confirmaron que la paciente había consumido alcohol, algo de cocaína y una sustancia alucinógena mucho más atípica. En Córdoba pueden conseguirse pastillas de éxtasis, LSD, anfetaminas, ketamina y hasta plantas regionales como el peyote, el floripondio o la ayahuasca. Pero la agresividad inusitada de la joven no se correspondía a los efectos tradicionales de esas sustancias.

Al día siguiente fue dada de alta, cuando estuvo estable, pero regresó al hospital tres días después, con dolores musculares y una fatiga impresionante: no podía ni levantar los brazos.

Además, dijo, tampoco podía orinar. Los médicos se dieron cuenta en el acto: el cóctel de sustancias le había provocado rabdomiolisis, lo que se conoce también como “la destrucción del músculo”: las células que componen el tejido muscular se rompen y liberan a la sangre sustancias como la mioglobina, que terminó alojándose en el hígado y le provocó una insuficiencia renal aguda, por lo que fue internada de urgencia en el Hospital Misericordia.

Tras 72 horas de tratamiento, la insuficiencia renal se revirtió, y la joven se salvó de milagro de que tuvieran que hacerle diálisis. Sin embargo, los problemas renales van a permanecer, y también los desequilibrios psicológicos producidos por esa droga.

El “polvo mágico” que inhaló la joven resulto ser PCP (fenciclidina), una sustancia casi desconocida en Córdoba, originalmente desarrollada como anestésico quirúrgico, que fue prohibido por su elevada toxicidad (ver: “No hay mercado para el PCP”). Y aunque esta sustancia sea peligrosa, el verdadero riesgo para la paciente no fue tanto haberla consumido sin saber qué se estaba por meter al cuerpo, como haberla combinado además con otros estupefacientes –el alcohol y la cocaína–, práctica absolutamente común en la noche cordobesa, tal como lo aseguran los especialistas de los centros de salud a los que llegan los intoxicados de la ciudad. Los toxicólogos tienen que deducir qué sustancias pudo haber consumido el paciente, de acuerdo a sus síntomas y a los efectos tóxicos.

Elige tu propia bomba química. Mezclar varios estupefacientes buscando disparar o administrar las sensaciones ya es una tendencia consolida. Alcohol para desinhibir, un “tiro” de cocaína para “levantar” y seguir tomando alcohol sin embriagarse, unas “secas” de marihuana o ansiolíticos para “bajar” o distender y alucinógenos para “flashear” y buscar la hipersensibilidad. Una cosa detrás de la otra, y la noche puede terminar en la guardia de un hospital.

El jefe de toxicología del Hospital Misericordia estima que los policonsumidores que llegan a su guardia tienen entre 20 y 30 años de edad, y su par del Hospital de Urgencias considera que el rango en ese centro de emergentología es aún mayor: entre 15 y 35 años.

Son tanto hombres como mujeres, que pueden pertenecer a cualquier estrato sociocultural (aunque los alucinógenos, coinciden, están más presentes en los ambientes relacionados a la música electrónica). Eso sí: siempre, en todos los casos, la primera sustancia ingerida es el alcohol.

Trabajo en equipo. Cuando un intoxicado llega al Hospital de Urgencias, la prioridad del equipo médico es preservar su vida: se controlan signos vitales, se monitorea la frecuencia respiratoria, el ritmo cardíaco y la temperatura, y se procede a la desintoxicación. Pero en estos casos los médicos no pueden solos: necesitan del servicio de Salud Mental.

Se trata de un equipo compuesto por tres psicólogas y tres psiquiatras, que trabajan de manera interdisciplinaria con los trabajadores sociales, médicos, toxicólogos, cirujanos o neurólogos que intervienen en cada caso. Son ellos quienes tienen que contener al paciente, y son de gran ayuda para determinar con qué sustancias está intoxicado.

“La mayor parte de los pacientes intoxicados no llegan solos: son traídos por familiares, amigos, y muchas veces, la Policía”, explica el psiquiatra Adrian Anuch Cabiche, jefe del servicio de Salud Mental del Hospital de Urgencias.

Si el paciente mantiene su estado de conciencia, los profesionales de Salud Mental pueden interrogarlo, aunque si está agresivo, es común la contención mediante psicofármacos.

Entonces comienza la búsqueda de familiares o referentes, para averiguar si la persona internada ya es paciente de salud mental. “Es preciso averiguar si tuvo intencionalidad suicida o si se trató de un abuso de sustancias”, explica Anuch Cabiche.

Los pacientes no siempre son conscientes de su problemática, por lo que desde Salud Mental se busca “armar un grupo de contención familiar, lograr alianza terapéutica para persuadir al paciente de que se trate”.

El tiempo de internación suele ser de un día, aunque puede llegar a 72 horas en casos complejos. Todos los que ingresan intoxicados al Urgencias salen con una sugerencia de a dónde ir: puede ser un hospital cercano con equipo de salud mental, el Neuro, el Ipad o la Casa del Joven. El trabajo es difícil, muy pocos pacientes siguen las recomendaciones y, como dice Anuch Cabiche, “la salida de la droga es muy escasa”.

Alcohol

Lo primero que se toma. Cuando avanza la noche, lo más común es la marihuana y la cocaína, los psicofármacos y alucinógenos.

 

“En Córdoba ya no se consume una sola sustancia”

“Es muy grave lo que está pasado. El verdadero problema es que en Córdoba ha cambiado el patrón de consumo. Ya no se consume una sola sustancia: ahora lo más común es la mezcla”, asegura el jefe del servicio de toxicología del Hospital Misericordia, Guillermo Pipet (foto).

“El policonsumo ha aumentado en estos últimos años. Yo lo veo en los pacientes jóvenes, de entre 20 y 30 años, que ingresan por guardia por intoxicaciones con alcohol, marihuana y cocaína, eso es lo más frecuente. Cuando hay fiestas electrónicas, nos aumenta totalmente el consumo de éxtasis y anfetaminas”, dice Pipet.

Durante la semana, al Misericordia llegan “entre cinco y 10 pacientes intoxicados por guardia”, aunque los fines de semana esa cantidad aumenta. Además, entre los pacientes que ingresan con heridas –por violencia, por accidentes– hay un gran porcentaje de intoxicados. “El problema ahora es que no tenemos pacientes que consuman una sola cosa, y se complica a la hora de diagnosticar: los estudios nos están quedando chicos, porque mezclan tanto que no todo se detecta”. 

Pipet explica que “el manejo abusivo de sustancias produce problemas musculares, neurológicos, cardíacos, renales y respiratorios”.

La Cocaína es un cóctel. Es una de las drogas más consumidas y encierra un problema adicional para los usuarios: por un lado está el clorhidrato de cocaína y por otro las sustancias de corte: “Usan cualquier cosa, desde cafeína o cafiaspirina, hasta el vidrio molido de los tubos fluorescentes. Esto no es ningún mito: el polvo de vidrio queda esparcido en los pulmones y puede provocar lesiones y afecciones respiratorias”, asegura Pipet.

 

No hay mercado para PCP

El reciente caso de la joven intoxicada con PCP conmocionó a la comunidad médica del Hospital de Urgencias. Una droga foránea cuyos efectos –alucinaciones poderosas y un comportamiento violento inusual– y sus consecuencias –rabdomiolisis e insuficiencia renal aguda– no habían sido contemplados hasta entonces por los profesionales que vieron de todo en Córdoba. “Es el primer caso que me tocó en 20 años de carrera”, asegura Guillermo Pipet, jefe de toxicología del Misericordia y también médico emergentólogo del Hospital de Urgencias.

El PCP o fenciclidina, también llamado “polvo de ángel”, es una sustancia anestésica disociativa, incluida en el Convenio de Sustancias Psicotrópicas de la ONU, por lo que su venta está prohibida internacionalmente. Los efectos de la droga pueden durar cuatro o seis horas; produce desorientación, pensamientos disociados, distorsión de la imagen corporal, comportamientos agresivos, visiones con ojos abiertos y cerrados, torpeza en el habla, sentimiento de invulnerabilidad y alucinaciones.

Este diario quiso averiguar si el PCP se estaba comercializando en el circuito ilegal, pero ni dealers ni consumidores –ni siquiera emblemáticos personajes de la noche local– la habían sentido nombrar.

El Sedronar jamás respondió nuestra la consulta, por lo que le preguntamos al periodista argentino más informado sobre drogas: Sebastián Bassalo, director de la revista de cultura cannábica THC (el único medio de comunicación en el que se puede encontrar información seria sobre drogas), y esto es lo que respondió: “En Argentina el PCP no es una sustancia que se comercie, ya que no hay una demanda específica, a la vez que es casi imposible instalar la demanda de un producto que no tiene efectos empatógenos o visionarios distintos ni más interesantes que los de otras sustancias, pero sí efectos adversos muy marcados y serios”. Que quede claro entonces: no hay una nueva droga en Córdoba. Sólo se trató de un caso aislado.

 

"Casi todos son policonsumistas"

“Hoy es lo más común, casi la totalidad de los que ingresan intoxicados han consumido entre tres a cinco sustancias en la misma noche”, asegura el jefe de toxicología del Hospital de Urgencias, Daniel Gómez.

“La primera es alcohol, después depende de para dónde vaya la noche: puede ser cocaína, éxtasis, LSD o tranquilizantes”. Gómez dice que en estos casos los médicos se desconciertan, “porque vemos a un chico con el cerebro deprimido por el alcohol y la marihuana, pero con el cuerpo estimulado por la cocaína”.

“El policonsumo es una bomba química imposible de manejar”, indica Gómez. “Los intoxicados que llegan al Urgencias tienen entre 15 y 35 años. De jueves a domingo entran entre 10 y 30 intoxicados por noche, y casi todos los que llegan son policonsumistas”.

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