El sencillo acuerdo firmado en enero para retirar el cartel de Quilmes derivó en un complejo proceso de negociaciones. Hasta ahora ese proceso de búsqueda de una salida consensuada no dio frutos.
Por el contrario, con el paso del tiempo la cuestión fue adquiriendo una enorme complejidad, dando lugar a una serie de enmarañadas negociaciones con la participación de nuevos actores que hasta el momento no dieron resultados definitivos.
El convenio que había firmado el pasado 27 de enero el intendente Gustavo Pulti y la comisión directiva del Club de Pesca contenía una disposición muy sencilla, en la que se establecía que el cartel sería retirado de mutuo acuerdo en un plazo de 30 días.
Pero lo cierto fue que a las pocas horas las autoridades municipales parecieron anoticiarse de una serie de aspectos que no habían sido tenidos en cuenta, lo que terminó convirtiendo al convenio en algo incumplible, al menos hasta ahora.
Por ejemplo, no se había considerado que existía un oneroso contrato entre la firma anunciante y el club, que establecía que Quilmes podría exhibir su marca sobre el muelle al menos hasta el año 2017.
Las autoridades de la entidad también parecieron cobrar conciencia de esto luego de firmar del acuerdo, por lo que imprevistamente asumieron una nueva postura recalcando que para retirar el cartel debían obtener una compensación económica.
Esto dejó mal parado al intendente Pulti, quien el mismo 27 de enero había difundido el acuerdo con el Club de Pesca como una muy buena noticia, subrayando que finalmente podría ser recuperado el paisaje de la Bahía Bristol, que se encuentra obstruido desde hace décadas por la presencia de algún tipo de enorme cartel publicitario.
Fuentes municipales le aseguraron a LA CAPITAL que si bien nada de lo que se había acordado se cumplió, la idea de que el anuncio sea retirado de ese lugar sigue en pie por lo que durante todos estos meses hubo negociaciones para tratar de concretar la medida.
No obstante la cuestión dejó de ser lo simple que parecía al principio.
Alternativas exploradas
Por el costoso contrato que Quilmes mantiene con el Club de Pesca, éste ya recibió alrededor 800 mil pesos y pagos mensuales a cambio de asegurar la exhibición de la marca sobre el muelle hasta 2017.
Según explicaron las autoridades de la entidad -que posee entre 100 y 200 asociados- esta es su principal fuente de ingresos y es lo que le permite conservar en buen estado la estructura edilicia.
"No es que estemos en desacuerdo con que allí no haya cartelería. Lo que pedimos es que nos den las posibilidades de sobrevivir" y de disponer de los recursos "para que la estructura" de la escollera "se mantenga en condiciones", había explicado el presidente de la institución, Rubén Caro, cuando comenzaron a manifestarse los desacuerdos con la comuna.
En ese contexto, la Municipalidad asumió la responsabilidad de encarar una serie de negociaciones para tratar de salvar el acuerdo y cumplirlo, aunque a esta altura, fuera del plazo que había sido fijado en un principio.
Lo cierto fue que todo lo hecho desde entonces fue mucho más complicado de lo que se preveía.
Es que entre otras cosas, hubo que contactar y conversar con los directivos de la Cervecería Quilmes -desde hace años, en manos de un grupo brasileño- para convencerlos de bajar el cartel.
Según pudo saber LA CAPITAL, al principio hubo cierta reticencia hasta que finalmente se aceptó hablar del tema.
Ciertamente nunca se consideró válida la posibilidad de que el Club o el municipio se hiciera cargo de los costos de rescindir el contrato, por lo que fueron evaluadas otras alternativas de lo más variadas.
Las más conversadas fueron y siguen siendo las de permitir que la empresa exhiba su marca en dimensiones casi iguales de monumentales en algún otro punto de la ciudad.
Pero la verdad es que a la compañía no le resulta sencillo resignar el uso de la Bahía de la Bristol, por lo que suele reclamar autorización para instalar el nombre de su cerveza en otro lugar tan visible como ese.
Y, en este contexto, el hecho de que exista un decreto del intendente Gustavo Pulti que prohíbe la instalación de cualquier tipo de nuevo anuncio publicitario que obstruya la visualización del mar se presenta como un obstáculo difícil de superar.
La otra cuestión se relaciona con la necesidad de asegurar la subsistencia del club una vez que no tenga el ingreso de dinero que obtiene por la explotación publicitaria.
De hecho, en los últimos meses se evaluó la posibilidad de que los vendedores ambulantes que tenían sus puestos en las avenidas Independencia y Luro ocuparan el muelle para desarrollar su actividad a cambio de une renta para el club.
Pero hasta ahora esta cuestión no pudo ser resuelta a raíz de las dificultades que se presentaron para conciliar las exigencias cruzadas que existen entre los directivos de la entidad y los vendedores.
Como parte de las negociaciones, el municipio también le ofreció al club cederle la explotación del estacionamiento ubicado en su ingreso, en Luro y la costa, pero lo cierto es que lo que se podría recaudar por esta vía no alcanzaría ni de cerca a compensar el monto del contrato con Quilmes.
Por esa razón en los últimos tiempos fue incorporada otra variante, como la de autorizar a que sean construidos en el acceso al muelle pequeños comercios de los cuales la institución pueda obtener un nuevo ingreso con su alquiler o explotación.
Al ser consultados sobre el estado en el que se encuentra el cumplimiento del acuerdo para retirar el cartel, funcionarios municipales aseguraron que están siendo estudiadas varias "alternativas creativas" para lograrlo.
Sin embargo no supieron precisar si se está lejos o cerca de que la medida se concrete ni cuán "creativa" tendrá que ser la solución para que finalmente se cumpla una decisión que al principio parecía muy simple de materializar.
Un acuerdo que perdió validez
El Concejo Deliberante jamás convalidó el convenio firmado el 27 de enero entre el intendente Gustavo Pulti y las autoridades del Club de Pesca para retirar el cartel de publicidad ubicado sobre el muelle de Luro y la costa. Por esa razón, el acuerdo nunca llegó a tener plena validez ni a obligar a las partes a su cumplimiento. No obstante, la decisión política de lograr el objetivo persiste, sobre todo porque la medida fue hecha pública ni bien se firmó. El texto establecía que habría 30 días para hacer efectivo el retiro del cartel, aunque no aclaraba quién se haría cargo de los costos de realizar semejante trabajo. Lo llamativo fue que el expediente llegó al Concejo cuando el plazo estipulado ya se había cumplido, lo que hizo que fuera imposible que los concejales lo convalidaran y reclamaran que, en todo caso, se firmara un nuevo acuerdo.

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