Ante el reclamo del Gobierno y de los productores para que se exporte azúcar para mejorar el precio del producto, causó sorpresa la aparición de vendedores informales instalados en los distintos accesos a la Capital tucumana, ofreciendo fardos, sin identificación, a valores menores a los ofrecidos en el mercado minorista local.
La pregunta que se desprende de esta situación es ¿De dónde salió el azúcar?
Quizás la falta de controles sea la respuesta a este interrogante, pero lo cierto es que ante los ojos de toda una sociedad que viene sufriendo los avatares de los reclamos de los productores y asisten, como mudos testigos, a la aplicación de políticas que suponen un mejoramiento del precio de producto principal de la motorización de la economía provincial, esta situación los deja totalmente sin respuestas.
La falta de identificación de los fardos que son ofrecidos a $30, muy por debajo de los valores que hoy se puede encontrar el mismo producto en el mercado local, habla a las claras que alguien, productor, fabricante o fraccionador, estaría buscando la manera de obtener rápidas ganancias, y dentro del mercado informal (negro), pues los envoltorios no cuentan con ninguna identificación externa, como tampoco lo tienen las bolsas fraccionadas violando, diametralmente, todas las normas, tanto para la comercialización como las alimenticias que rigen para el País y la provincia.
Durante las últimas semanas se viene desarrollando en la provincia una serie de encuentros y se toman medidas con el objeto de que el sector industrial comience a exportar los excedentes de azúcar con el objeto de generar un incremento del producto en el mercado interno.
El objetivo de esta medida, es obligar a las fábricas a vender unas 700 mil toneladas al exterior, lo cual ayudaría a tonificar el valor del azúcar, que actualmente se comercializa a 130 pesos por bolsa de 50 kilos, cuando debería costar unos 200 pesos para que la actividad no sufra sofocones.
Con la aparición de vendedores informales instalados en los accesos a la Capital ofreciendo el producto fraccionado y por fardo, hace suponer que no solamente hacen falta medidas dirigidas a unos de los sectores en la cadena de comercialización, sino también a los otros, que ante el anuncio de la aplicación de medidas tendientes a que se mejore el precio, alguien sintió la presión y salió a desprenderse de lo que seguramente tenía guardado.
La necesidad de que todos los sectores involucrados en la actividad, una de las principales generadoras de recursos en la provincia, tomen conciencia de la necesidad de mejorar el precio del azúcar, adoptando medidas que protejan no solamente a un sector, sino que sea beneficioso para todos.
Si no se optimizan los controles sobre la venta en negro, muy difícil será reactivar la actividad y mejorar el precio del producto final como todos desean.
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