Alumnos y docentes de esa facultad y de la de Naturales apuestan a integrar a los niños en el sistema sanitario
Una hermosa mañana de sol y el campo berissense echaban ayer un manto de tranquilidad envidiable sobre la Escuela Primaria N° 10 de Los Talas, un histórico establecimiento educativo rural de la vecina ciudad. Pero en la víspera había más autos de lo habitual en la puerta. Es que el hall de entrada del edificio estaba copado por jóvenes universitarios con blancos guardapolvos. Eran estudiantes de Medicina que hablaban con papás de los alumnos del colegio. Daban la primera puntada para avanzar en un proyecto tendiente a pelear contra la parasitosis, punto de partida para incorporar a los chicos más humildes en el sistema de salud. Solidaridad con mayúsculas para ayudarlos a que den un paso fundamental.
En el despacho de la dirección, desde donde se observaban a los lejos vacas pastando tranquilamente, la doctora y jefa del proyecto de extensión, Marta Minvielle, no ocultaba su alegría por lo que vienen haciendo hace tiempo. “No podemos creer que desde la facultad estemos trabajando codo a codo con las escuelas y las direcciones de salud de los municipios”, dijo, para destacar que del programa también participan alumnos de Ciencias Naturales y que “tanto en los colegios y jardines como en las salitas nos brindan un enorme apoyo”. Y ese trabajo articulado es el que empieza por combatir la parasitosis “crónica, que raramente es tratada y que con el tiempo le provoca a los niños problemas de crecimiento y de rendimiento intelectual”, advirtió.
Recordó que el “Procopin (programa de control de parasitosis intestinales y nutrición) nació en Bavio, una vez que fuimos con la cátedra (de Microbiología y Parasitología) a realizar un diagnóstico parasitológico en una unidad sanitaria”. Fue entonces cuando un lugareño les planteó: “No hagan sólo investigación, traten de revertir las situaciones, porque qué hacemos con dar un diagnóstico si no buscamos una solución entre todos”.
Allí germinó la parte 2 de uno de los principales y más antiguos proyectos de extensión en materia de salud. “Hablamos con los padres, y y si ellos lo autorizan, tomamos la talla y el peso del chico y una muestra de sangre. Luego le damos a la familia el resultado en un sobre cerrado y, de ser necesario, le ponemos una recomendación en rojo para que vayan a las salitas, con las que tenemos un convenio para que atiendan a todos”, apuntó Minvielle.
ENTRAR AL SISTEMA DE SALUD
Tras indicar que los médicos de las unidades sanitarias les agradecen porque “dicen que por su cuenta los padres no llevan a los niños”, la profesional subrayó que “ese es el ingreso al sistema de salud, ya que en la sala le realizan una revisión completa para saber si tiene otros problemas. Y además entablan un vínculo de confianza”. El círculo cierra perfectamente.
“Sin dudas es una iniciativa excelente”, comentó la directora de la Primaria 10, Susana Brunatti, quien trajo a colación una experiencia que tuvo con el equipo de extensionistas cuando dirigía la Escuela 20 de La Hermosura. “Los resultados de las pruebas arrojaron un importante número de chicos con anemia, entonces lo que hicimos fue hablar con el consejo escolar para cambiarles la dieta. Incorporamos lentejas, acelga, espinaca, y el problema dejó de serlo”, destacó la docente.
Uno de los inconvenientes que se presentan en las escuelas es la asistencia de los padres a las reuniones.
“Estas son las autorizaciones de los papás”, dijo Brunatti mostrando una gran cantidad de planillas. Pero acotó que “la mayoría no vino, y es que casi todos trabajan. Hay que buscar una salida a esa situación, aunque es muy complejo”, apuntó la directora de la escuela rural de jornada extendida.
“El tema es que si no están presentes los padres, por más que hayan firmado la autorización, nosotros no les sacamos sangre. Es una enorme responsabilidad”, enfatizó Marta Minvielle.
FISICO E INTELECTO
Pasando al efecto que producen los parásitos en los niños, la médica fue contundente. “Si están, le provocan al nene diarrea un día y al otro no; o un dolor de panza que viene y se va; o hacen que el chico se ponga muy inquieto, y esa actitud suele asociarse a un mal comportamiento. Pero los parásitos siguen allí. Y si no se hace nada, con el tiempo provocan problemas físicos, como baja talla para la edad, y de rendimiento escolar”, indicó.
Con el apoyo de “la prosecretaría de políticas sociales de la universidad -comentó-, venimos recorriendo jardines y escuelas primarias de Magdalena, Berisso y La Plata. Trabajamos con la franja que va de los 3 a los 12 años”, dijo la directora del Procopin.
Pero el trabajo no termina con el diagnóstico y el tratamiento en la salita. “Qué pasa -se preguntó Minvielle-, después que se desparasitó, el niño vuelve al mismo ambiente que quizá puede estar contaminado o tener un sistema de salud deficiente. Entonces viene la segunda etapa que llevamos adelante tras las vacaciones de julio, consistente en talleres de prevención donde les damos pautas sobre cómo evitar a los parásitos con la higiene de manos y alimentos”, apuntó.
“Es un trabajo propio de la extensión, porque desde la facultad se ayuda a la comunidad en forma directa”, señaló la estudiante de 3° año Melina Heig, una de las alumnas que concientizan a las familias.
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