La víctima sería José Castro y tenía alrededor de 50 años. Vivía en Pringles 2387. Trabajaba en Ferrosur. Esta madrugada encontraron su cuerpo en su cama matrimonial, donde lo mataron a golpes.
Por eso el sonido de los golpes en la puerta, minutos después de las 11.30, atrajo a la mujer pero no la alarmó. Empleada penitenciaria, madre de los hijos que junto a su pareja compartían como propios y con alguno de los cuales habían cenado horas antes, la mujer abrió.
Y de la misma forma en que podría ocurrir con cualquiera de los olavarrienses que vivimos en esta ciudad, en un abrir y cerrar de ojos sus vidas cambiarían para siempre. Porque nunca imaginarían que el simple acto de abrir la puerta un desconocido representaría un vuelco trágico para sus vidas.
Apenas preguntaron por su pareja, la mujer creyó que se trataba de personas conocidas. Nunca imaginó lo que vendría después.
Víctimas de esa violencia arrasadora que desde un tiempo a esta parte se cierne sobre la ciudad, apenas entraron los ladrones los intimidaron, para robarles. Ese fue el prólogo de una violencia desenfrenada. A Castro lo mataron a golpes, presuntamente a culatazos de un arma en la cabeza, según las primeras versiones que daban los policías que se movían nerviosamente esta madrugada en esos metros que comprende el frente de la vivienda de la calle Pringles.
Lo poco que se sabía es que los ladrones habrían escapado por los fondos de la casa, tal vez por el nerviosismo propio de la situación, al haber cometido el homicidio, o quizá por la hipotética aparición de testigos "inoportunos" teniendo en cuenta que en esa zona de la ciudad y a esa hora de la madrugada, alrededor de las 2.30, es frecuente ver a prostitutas o travestis esperando a sus clientes.
La certeza del lugar de escape la daba el testimonio de los vecinos de la casa, quienes se quedaron sin luz aparentemente por el corte del cableado del tendido eléctrico, en la huída de los homicidas.
Y mientras la comisaría se poblaba de extraños, en una búsqueda frenética de potenciales testigos, en la escena del crimen trabajaban los peritos de Policía Científica tratando de encontrar huellas, rastros, o cualquier pista que pudiera conducir a los responsables de otro asesinato violento en una ciudad que se vuelve cada día más extraña a los ojos de los olavarrienses.
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