Estaba en su polirrubro, junto a un cliente. Un ladrón le pidió la plata. Y aunque no se habría resistido, le disparó
Para Pedro Moabro el trabajo era parte de su rutina, sin importar que fuera sábado, domingo, o feriado. Trabajaba cerca de su casa. Trabajaba con sus hijos. Y así, trabajando, un ladrón le quitó la vida sin que haya atinado siquiera a resistirse. Por unos billetes que, según la policía, el criminal ni siquiera se llevó. Lo mataron frente a un cliente, siete horas después de que el gobernador Daniel Scioli decretara la emergencia por inseguridad en la Provincia. Pasó unos minutos antes de las 19 de ayer, en el polirrubro ubicado en 29 y 63. Ahí estaba Moabro, de 62 años, junto a un cliente. Cuenta ese testigo que entró un sujeto de alrededor de 30 años, aunque aclaró que no podría describirlo “porque estaba de espaldas” a la escena. Lo que sucedió después, en muy pocos segundos, no está del todo claro. El cliente sí escuchó que el recién llegado “pedía la plata” y no advirtió que Moabro intentara resistirse, justo antes de que explotara el ruido seco de un disparo. Después, la confusión, el miedo. El comerciante cayó al lado de la heladera, con un orificio de bala en el lado izquierdo del pecho. El cliente corrió a ayudarlo, mientras el asesino volvía a la calle -ya en penumbras- para escapar. Dicen algunos que lo hizo a pie. Varios más aseguran haberlo visto subiéndose a un auto que podría ser un Volkswagen Gol o un Fiat Uno (en cualquier caso, de dos puertas y verde oscuro). Lo concreto es que se alejó rápido, antes de que llegara un móvil de la comisaría Quinta. Los policías llamaron una ambulancia, pero los médicos no pudieron hacer otra cosa más que certificar la muerte de la víctima. A partir de ese momento el comercio se convirtió en la escena de un crimen, a la que fueron arribando peritos, jefes de la fuerza, y los detectives del gabinete de Homicidios. También el fiscal Fernando Cartasegna, que supervisó el trabajo y ordenó algunas diligencias. Del otro lado de las cintas rojas y blancas, la bronca de los vecinos se codeaba con el desconsuelo de los familiares y amigos de Moabro. Es que el hombre vivió y trabajó siempre en ese barrio y su casa quedaba a pocos metros del local. Por eso sus dos hijos, que solían atender el comercio con Pedro, llegaron minutos después de la tragedia. Mientras los allegados trataban de poner en palabras la tristeza, los investigadores avanzaban con algunas diligencias. El cuerpo fue trasladado a la morgue para que hoy se le haga la autopsia. Esperan recuperar el proyectil para un eventual cotejo balístico. Analizaban varias cámaras callejeras y de vecinos, en busca del auto. Un rumor indicaba anoche que había buenas pistas. Lo concreto es que, por ahora, no hay detenidos.

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