Con su declaración ante los jueces, una amiga de toda la vida de De Bárttole benefició a Martínez. Pero en el expediente figura que ante la policía había dicho todo lo contrario. Además, en la jornada, careos y otros testimonios.
Dos versiones. Carolina Colombo hacía cuatro décadas que era amiga de Susana De Bártolle (63). Vio nacer a su hija Bárbara Santos (29) y a la nieta, Micaela Galle (11). También conoció por su amiga a Marisol Pereyra (35). Es decir, conocía a todas las víctimas.
Este jueves, al declarar en el juicio oral, la testigo de 74 años se mostró tranquila y segura al responder las preguntas de las partes y de los jueces. Manifestó que su amiga Susana “lo quería mucho a Martínez”. Sobre la relación de pareja entre los jóvenes (Martínez y Bárbara Santos) detalló que era “buena”. “Nunca vi que se pelearan”, contó. También aseveró que la joven no tenía intenciones de terminar con la pareja.
Al trato entre el acusado y la niña (Micaela) lo describió como “bueno”: Martínez “se llevaba bien con la nena”, aseveró. Y rememoró que cuando Bárbara se recibió de cheff su novio le regaló un juego de cuchillas para cocinar. En otro tramo de su relato sentenció: “Pienso que Martínez no es capaz de esto” (de cometer los crímenes).
La declaración fue seguida atentamente por todos los actores presentes en la sala y llamó puntualmente la atención debido a que la misma testigo había dicho lo contrario en la declaración realizada ante los investigadores policiales, según consta en los registros judiciales. Mucho antes había dicho que Martínez era celoso, posesivo, controlador y que la joven asesinada tenía intenciones de dar por terminada la relación de pareja. Aquella versión formó parte de los testimonios en los que –junto a otros datos investigativos– se basó el fiscal Álvaro Garganta para acusar a Martínez. Garganta siempre sospechó que los celos fueron el desencadenante de la masacre.
Ante estas dos versiones se registraron momentos de tensión entre las partes. La testigo Colombo vio el acta con su nombre en el expediente pero reconoció sólo una firma como propia. También aclaró a los jueces que ella “no leyó” y tampoco le “leyeron” el documento antes de firmarlo.
El abogado Marcelo Ponce Núñez (representante de Daniel Galle, el padre de la niña masacrada) pidió que la pieza judicial sea sometida a una pericia caligráfica. Además solicitó que se libren oficios a la firma Credil para que desde allí se informe si Martínez tenía deudas con la firma. En el expediente figuran una serie de llamados desde la empresa a un teléfono celular a nombre de Martínez, en fechas cercanas a la masacre.
Careos. La penitenciaria Natalia Díaz, su ex novio de la adolescencia y sonidista Fabián Lencina y la peluquera Silvia Matsunaga cruzaron sus versiones brindadas en jornadas anteriores de debate.
En el primero de los turnos orales se cruzaron Lencina y Díaz. El primero había dicho que no conocía a ninguna de las víctimas. Su ex novia lo desmintió al narrar que en dos ocasiones fue hasta el trágico PH. Esa secuencia fue a unos 16 años de la masacre. El joven dijo no recordarlo y le dio la derecha a su ex novia.
El segundo cruce fue entre Matsunaga y Díaz. La primera había dicho que conoció a Martínez por su novia Bárbara. La segunda sostuvo que el acusado y la testigo tuvieron una relación. Matsunaga aclaró, con una sonrisa en el rostro, que salió con Martínez cuando el acusado era “amigo” de la víctima.
Relatos. La jornada se completó con la declaración de otros testigos que dieron cuenta de la intimidad de dos de las víctimas.
Marisa Quipildor conocía a Susana De Bártolle desde hacía más de veinte años. Describió que era una relación de “primas”, pero con el tiempo se distanciaron por problemas con Graciela Vega, otra amiga de la víctima que ya declaró en el proceso oral.
En principio Quipildor se mostraba reticente a contestar las preguntas y apelaba a una supuesta falta de memoria. La situación llegó al extremo. El presidente del tribunal le recordó que estaba declarando bajo juramento y le reiteró los alcances del artículo del Código Penal que pena el falso testimonio y subrayó que la pena es mayor si es en contra de los imputados. Paulatinamente recuperó los recuerdos.
Luego de una serie de preguntas la testigo concluyó que “Susana usaba a la gente” y que “prometía sanaciones a cambio de dinero”.
El juicio oral está a cargo del Tribunal Oral Criminal III de La Plata, integrado por Ernesto Domenech, Andrés Vitali y Santiago Paolini por las secretarías de Andrea Lamamy y Romina Marchioni.
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