San Juan.- La licenciada es la directora del proyecto “La militancia política de los ‘70. Identidad Política y Memoria”. Ella reflexiona sobre las consecuencias que el gobierno de facto provocó en la sociedad y las que aún persisten.
¿Qué importancia tiene el Día de la Memoria?
La sociedad entera debe participar en la conmemoración de esto que es un ejercicio de memoria colectiva sobre lo que ha sido la historia dramática de nuestro país en los años que fueron entre 1976 y 1983. Es necesario que todos reflexionemos sobre lo que nos sucedió como sociedad, sobre qué llevo a esa situación donde se da una política de exterminio genocida y la implantación del modelo de acumulación capitalista, concentrador y excluyente.
¿Cómo nos afectan aquellos hechos?
Esto afecta a la sociedad en su conjunto y tiene sus secuelas y consecuencias que perduran hasta hoy, y por eso me parece importante tomar conciencia de estos hechos, que no solamente significan el exterminio, la aniquilación de miles de personas, profesionales, docentes, estudiantes, sacerdotes, periodistas, sino que además que supuso el exilio de otros tantos, la prisión de mas de 10 mil personas, la clausura de la democracia, de una sociedad que debe vivir en democracia, esto es lo que hay que rescatar.
¿Quiénes lo padecen?
Todos. Porque no se cierran las heridas si no hay justicia, si no hay verdad. Además, porque es importante respetar los disensos, porque no se puede emplear la muerte, la desaparición, la tortura como método político. Porque la política nunca es violencia, la política es el uso de la palabra, de la razón y estoy convencida de que hay que enseñarles a los jóvenes y transmitirles esto.
¿Por qué se dio aquel golpe?
Esto no fue sólo un proceso que vivió Argentina. Las dictaduras militares estuvieron presentes en Chile con Pinochet, en Brasil con las juntas militares brasileñas, en Uruguay, con el Plan Cóndor sistemático, que la justicia además lo ratifica y corrobora. Era un plan sistemático de desaparición. Esto es lo que hay que enseñar por la necesidad de recordar para no repetir.
Sin embargo, en Chile Obama y Piñera acaban de acordar un olvido de pasado para concentrarse en el futuro…
Y es para limpiar la responsabilidad de los Estados Unidos. No se olvide que el golpe en Chile fue promovido por la CIA con la complicidad de los Estados Unidos que ayudó en el derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende. Esto ha sido comprobado, hasta incluso el asesinato del primer comandante en jefe René Schneider para evitar a la asunción al poder de Salvador Allende. El golpe de estado en Chile esta prefigurado antes que Allende llegue al poder y lo lleva por medio de los votos, por decisión del pueblo chileno y tampoco, por más que haya un acuerdo entre dos presidentes, es un acuerdo popular, porque los pueblos no olvidan hechos que los marcan profundamente y la imposición del olvido es una imposición de todo gobierno totalitario. Los gobiernos totalitarios buscan reconfigurar la memoria, la historia. Pero es muy difícil porque tarde o temprano la memoria aflora y si no queda como un hecho traumático que nuevamente se hace presente.
¿Qué secuelas dejó el golpe?
Una de las secuelas que creo que todos lo advertimos, es esta cultura del miedo que se hace presente. Los miedos existieron siempre. Existen previo al golpe de Estado en estos países, porque se inculcan. El miedo de los sectores poderosos a perder el manejo de sus capitales o la decisión libre a sus relaciones con el capital y el trabajo, el miedo a las clases medias porque habían hechos de gran violencia porque era una sociedad violenta que vivía sus conflictos por la violencia. En Argentina ya estaba la triple A en funcionamiento. El miedo al conflicto social desbordado, a una situación de anarquía como en Chile que vivía situaciones de gran conflictividad.
Eso antes del golpe, y ¿después?
Esos son los miedos previos. Después están los miedos durante el golpe. Los miedos al secuestro, a la tortura, a la desaparición, la cárcel, el exilio. Y los miedos posteriores seguían actuando disciplinando a la sociedad.
¿Y ahora?
No tanto, pero en la época de Alfonsín, se planteaba la necesidad de regresar atrás, o que era probable un golpe de estado y por eso, muchas veces se optaba por medidas tendientes a evitar ese regreso, imponiendo planes de ajuste que la sociedad no hubiera aceptado sino a través del miedo. Y después el miedo durante Menem que estuvo presente siempre con la inflación y eso lo llevo a hacer ajustes sucesivos invocando o yo o el diluvio. O yo o la hiperinflación.
¿Y con los Kirchner?
También. En ese período se usaron los miedos sobre todo en las provincias, decidiendo y manejando los presupuestos para lograr la plena unanimidad entre gobierno nacional y los gobiernos provinciales. Es el manejo de la caja, como se dice, que esta presente en los discursos electorales después del 2003. Los miedos siguen estando presentes como modo de disciplinamiento.
A nivel social, ¿qué secuelas quedaron?
Y uno lo ve en la no participación de los jóvenes en la política, en el no te metas, en el algo va a pasar, que esta siempre presente. Esta apatía no es un buen indicador de una sociedad democrática, participativa. Es un indicador de un refugio en la vida privada y una desafección por lo público y creo que como ciudadanos debemos comprometernos con lo que es de todos.
¿Para usted aquel golpe aún está vigente en la vida argentina?
Sí. Éste es un legado muy fuerte que la dictadura nos dejó. El no te metas, el refugiarte en lo público, en el consumo. No se olvide que el consumo nos consume. Hoy nos encontramos con esta filosofía de los buenos padres de familia, que dice que están preocupados por una mejor calidad de vida de sus hijos, lo que es un hecho natural, bueno y necesario, pero esto es lo único que esta presente y así, yo y mis hijos nos olvidamos de la comunidad, del conjunto y esto que es una virtud, pasa a ser un defecto. Ser ciudadano es estar comprometido con la cosa pública, lo que es de todos.
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