Vecinos de un barrio de varias generaciones afincadas en la zona, en la que “todos nos conocemos, dejábamos las puertas abiertas a la noche, los chicos jugaban en la vereda”, hoy viven tras las rejas autoimpuestas, porque otros no viven tras las rejas que habría que imponerles.
La gente ha tenido paciencia, se tomó las cosas con seriedad pero no crispada, dialogó con todos los jefes policiales y de comisaría involucrados por cuestiones de jurisdicción, asumieron que protestar solamente no sirve sino que es bueno aportar soluciones, pero con eso y todo, el problema se mantiene, por momentos se sienten desbordados, y la inseguridad se transformó en una compañera tan constante como indeseada.
Gustavo Bonorino vive hace mucho en el barrio, creció con él, se preocupó y tomó partido en actividades de fomentismo, y ante la situación que también lo involucra como damnificado, optó por aceptar la presidencia de la Unión de Fomentistas del Noroeste de la ciudad, sobre la que nos fue contando sus objetivos y prioridades.
Noticias & Protagonistas: ¿Qué es lo que buscan con la nueva asociación?
Gustavo Bonorino: Por de pronto nuclea a ciertos barrios en los que hacen falta muchas obras. Abarca desde Champagnat hasta donde termina hacia el noroeste, viene a ser un límite que no figura en los mapas actualizados de Mar del Plata. Nos juntamos porque no queríamos hacer reclamos individuales, queremos más bien replantear la forma de trabajo en los barrios.
N&P: ¿Faltan obras? ¿No es que todos los días se están inaugurando cloacas, luces, escuelas, y que hay una realidad maravillosa para la ciudad, según algunos medios locales?
GB: En verdad, no. En realidad hay pocas respuestas, en algunas zonas las obras se ven a cuentagotas, aunque que la problemática de los barrios es muy amplia. Fíjense el tema de los colectivos: pasan por una calle, la destrozan, y entonces, en vez de arreglarla y dejarla apta para el tránsito, es más fácil cambiar el recorrido del micro y romper otra. Cosas como esta hay muchas: luminarias por la mitad, falta de infraestructura en barrios que se han construido donde las colectoras ni siquiera figuran en los planos; no hay factibilidad hídrica; no hay cloacas, desagües, y lo peor es que ni figuran en el presupuesto. Entonces decidimos juntarnos para darnos una mano entre todos. Tenemos proyectos que queremos presentar para que nos ayuden a llevarlos adelante.
N&P: Mar del Plata creció mucho de Champagnat hacia el norte, pero quizá la dirigencia no tiene ni idea del crecimiento de ese sector. Puede que conozcan la Sierra, pero no saben qué pasa al costado de la Ruta 226.
GB: Parece que es así. Personalmente invierto todos los días entre dos y tres horas que me comprometí a aportar, recorriendo entidades públicas para hacer un extracto de lo que es el conjunto de barrios, pero me da la sensación de que en la Municipalidad no tienen ni idea. Hay sociedades de fomento que existen para las comunidades, pero no para el municipio. En sí, cuando hacemos las recorridas, hasta nosotros nos vamos encontrando sorpresivamente con barrios nuevos, que se crean de la nada, en lugares no aptos. Por otra parte es la necesidad de la gente… Es difícil evaluar.
N&P: Sí, pero tener una necesidad no significa que se den las condiciones para pasar por encima de los reglamentos; no se puede forzar las cosas. ¿Quién habilita esos nuevos barrios? Javier Woollands, director del Banco Municipal de Tierras, reconoce que sigue la ocupación, pero nadie hace nada.
GB: La verdad es esa, y ya está empezando a complicar a los barrios ya constituidos, por eso estamos tan preocupados. Tenemos un asentamiento que agravó sensiblemente la inseguridad, incluso se volvió un tema cotidiano. La idea nuestra es participar de esto, tenemos ideas en común que queremos plasmar. Presentaremos el problema y alguna salida alternativa, aunque sea para agilizarlo, porque la burocracia es terrible.
N&P: ¿A qué se refieren cuando hablan de asentamiento peligroso?
GB: Monte Varela es todo un tema; estamos trabajando con el Foro porque nos preocupa a todos. Nosotros estamos en un programa que trabaja con chicos con muchos problemas, serán unos 20 que andan merodeando, pero pueden pudrir a todos los demás. Queremos sacarlos de la calle, ayudarlos de alguna manera. Hace cinco años, al asentamiento, ni la policía entraba. Fuimos a ver algunas cosas como la circulación de droga, en fin, se ha hecho un trabajo arduo, pero al otro día vuelve a repetirse la inseguridad.
N&P: ¿Cuánta gente vive en ese asentamiento que ustedes describen como un caldo de cultivo?
GB: Al principio eran pocos, pero en corto tiempo se fue urbanizando aceleradamente. Digamos que son aproximadamente unas veinte manzanas, de las cuales no menos de catorce están ocupadas por gente sana, de trabajo. Pero hay otras seis, más o menos, que son muy complicadas.
N&P: ¿Son delincuentes?
GB: No me atrevería a decir que todos, pero hay ciertos lugares que son referentes para la delincuencia y la venta de droga. Al fin y al cabo, por esas manzanas podridas es que se complica la existencia de todo el cajón.
N&P: ¿La policía no colabora?
GB: Gracias a Dios reclamamos y se ven algunos resultados, al menos a mediano plazo. No podemos decir que no hay respuesta de las autoridades de la Comisaría 12ª, al menos en el último año. Se ha trabajado duro para hacer algo conjuntamente, porque nosotros, como le decía, desde lo social queremos hacer algo por esos chicos; pero necesitamos que la policía tenga presencia. Cualquier trabajo que realizamos en solitario es en vano, tenemos que hacerlo de a dos. Hoy ya tenemos chicos que están cursando la escuela, o trabajando con algún gremio, en fin, algunos están saliendo del círculo vicioso.
N&P: Es interesante y valioso el trabajo de ustedes. Pero desde lo público alguien debería actuar contra la ocupación irrestricta de tierras.
GB: Es así. Tenemos que hablar entre nosotros, orgánicamente, comunicarnos con todos los entes y grupos de vecinalistas. No queremos parecer egoístas, pero acá hay muchas cuadras con problemas. Sabemos que hay barrios con emergencias más agudas, y estamos dispuestos a aceptar prioridades para que se empiece a hacer algo donde están los amigos que nos acompañan y están en peor situación. Pero eso: que se empiece a hacer algo.

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