Recibió esa distinción de manos del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, quien destacó que “es una persona inquebrantable en sus valores”.
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Publicado el 14/10/2011
Por Emilio Marcelo Jozami
Fotos: Daniel Pérez
(Enviados especiales)
La santiagueña Margarita Barrientos, creadora del comedor comunitario Los Piletones y de una fundación que lleva su nombre, fue distinguida ayer como “Ciudadana Ilustre de Buenos Aires” por el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y la Legislatura metropolitana.
Y EL LIBERAL estuvo en el acontecimiento para compartirlo junto a esta mujer santiagueña que es todo un ejemplo de solidaridad, en un hecho que la emocionó bastante porque “es la primera vez que un diario de Santiago viene a visitarme en mi casa”, según confesó.
Barrientos, quien inició su proyecto en el barrio de Villa Soldati en octubre de 1996, recibió con gran emoción la medalla y el diploma que le acreditan su galardón durante un acto desarrollado en el Salón Dorado de la Legislatura porteña.
“Margarita es una persona inquebrantable en sus valores; ella cree en lo que hace y no hay nada que la saque de su camino. Ella no especula, ella no trata de sacar ventaja. Sólo intenta defender a la gente a la que le da una oportunidad”, sostuvo Mauricio Macri al participar de la ceremonia.
Con EL LIBERAL
Luego del acto, EL LIBERAL viajó junto con Margarita hasta Villa Soldati, donde tiene su comedor.
“Es algo que me llena de orgullo y lo recibo con mucha satisfacción”, confesó la añatuyense a este diario.
Inmediatamente reconoció que nunca había pensado en recibir este tipo de distinción, “porque siempre se le da esto a gente prestigiosa, como médicos o escritores, pero nunca pensé que nos iba a llegar a nosotros”.
“Agradezco a Dios porque me puso en este lugar que es lo más lindo que puede haber”, dijo emocionada.
Respecto del trabajo que se realiza en su comedor, la santiagueña contó: “Acá trabajamos de lunes a lunes dando de comer y dando soluciones a la gente que lo necesita. Tenemos guardería, un centro de salud, carpintería, fábrica de pastas, y muchas otras cosas que hacemos diariamente. Nos mantenemos con donaciones y un subsidio que me da el Gobierno de la Ciudad dos veces al año, pero todo es ayuda de la gente”.
Orgullo
La mujer comentó que todos los días se siente “un orgullo enorme, y un placer inmenso por ver que la gente come, lleva la comidita a su casa, y los chicos están bien alimentados”.
“Por eso uno se siente contenta, porque termina el día y uno puede dormir tranquilo”.
Sobre el funcionamiento de su comedor, relató: “Aquí atendemos a 1200 chicos y el resto son adultos, en todal 1600 personas diariamente. Se les ofrece un menú bastante variado, hay de todo, se hace guiso, tallarines, pasteles, milanesa, es bastante variado”.
Consultada respecto de cómo se inició en esta actividad solidaria, recordó que al ser mamá de diez hijos, y pasar por una necesidad muy grande, “poder comenzar con el comedor fue una satisfacción muy grande, porque pudimos ayudar a los chicos, a nuestros chicos y a los hijos de la gente que venía aquí”.
“Creo que ellos conocen mi trabajo. Todos saben del trabajo que hacemos día a día porque no es fácil, ya que no sólo funciona el comedor, hay muchas cosas que solucionar y atender, para que la gente que viene aquí vaya con una solución. La gente responde, apoya, aquí hay 30 mujeres que trabajan todos los días que son un ejemplo de vida, porque lo hacen con un esfuerzo enorme porque ninguna recibe un sueldo. Muchas de ellas me decían que no sabían lo que era dar, y ahora saben lo que es dar y lo que es recibir”, comenta.
“Este es un trabajo difícil, pero que al terminar el día te da muchas satisfacciones, porque sabemos que estuvo todo muy bien, es una gran satisfacción”, amplió.
Experiencia de vida
Le preguntamos a Margarita, cómo recordaba su infancia, y dijo: “Recuerdo mi infancia con mucho orgullo. Sobre todo recordándola a mi madre que nos dio el ejemplo. Le voy a contar una anécdota. Cuando yo era chica, cada uno de los hijos tenía su trabajo y yo cuidaba los chivos, cuando venía de la escuela sabía soltar los chivos del corral y salir a cuidarlos. Era verano y hacía mucho calor, y había un plato servido que siempre se guardaba del mediodía, y yo le pregunté si podía comer. Ella me dijo que no, porque ‘¿si viene Dios a comer, qué le vas a dar’? Pasó el tiempo y un día cuando volvía de cuidar los animales veo a un hombre comiendo la comida que ella había dejado ese día, y le dije que él no era Dios. Ella me preguntó si yo conocía a Dios, le dije que no, y ella me dijo que ese era Dios. O sea, el valor de la gente es lo que me quedó de ella. Eso me marcó de por vida y es algo que lo llevo muy presente”.
Finalmente, comentó que siempre se da una vuelta por su Añatuya natal y que sueña con volver a la provincia y hacer algo por su gente.
Consultada Margarita si en el comedor hay santiagueños, confesó que “hay muchos que vienen a comer aquí, incluso hay santiagueñas entre las cocineras”.
Barrientos ya había sido distinguida en 1997 como “Vecina ejemplar de la Ciudad”; en 1999 fue nombrada “Mujer del Año” y, un año después, “Ciudadana Distinguida” de la ciudad de Añatuya.

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