Una marea roja de 15 mil almas conquistó las calles porteñas

Una marea roja de 15 mil almas conquistó las calles porteñas
Los 10 kilómetros de Nike atravesaron ayer Puerto Madero y el Centro. Con gran temperamento, la gente desafió los 30 grados de la tarde. Hubo emoción, muchos jóvenes, y fue una fiesta del deporte.
Las ganas pudieron más que el calor agobiante y unos 15 mil corredores volvieron a decir presente en Puerto Madero para participar de We Run Buenos Aires Nike 10K, la carrera de calle que va por su doceava edición y ya es un clásico en la agenda del atletismo local.

Falta una hora para la largada, el termómetro supera los 30° y los poquitos lugares con sombra del Parque Mujeres Argentinas son un bien codiciado. Debajo de los árboles, detrás de las escaleras o las carpas de los auspiciantes, corredores y acompañantes se amontonan en busca de resguardo. Algunos elongando, otros descansando y muchos revoleando teléfonos y cámaras de fotos para registrar hasta el más mínimo detalle.

Marina Surbek sigue la cuenta regresiva desde el viernes. “Empecé a correr hace un año y a los 20 días se hacía la carrera de Nike, pero no estaba lista para anotarme. Pasé todo el año preparándome y llegó el día”, dice antes de empezar a calentar. Dejó a sus hijos Victoria, Emilia y Patricio con su marido Facundo y vino en tren desde Florida. “Nunca salgo a correr con el teléfono, pero con este recorrido amerita. Le tengo un poco de miedo a la subida de Belgrano, pero como es al principio supongo que va a estar bien”, apunta.

Las hermanas Nadia y Keila De Renzis son de Lugano y entrenan juntas. “Venimos corriendo bastante. La semana pasada metimos dos carreras de 5K y ahora nos tocan los 10K. Está bueno porque la mayoría es gente que corre. Y al ser en la Ciudad, el trayecto no es tan monótono”, coinciden. Un poco más lejos, Emilio Sosa y sus amigos esperan la largada bajo la sombra de un árbol. “Somos de La Plata y salimos a correr juntos tres veces por semana por la Circunvalación. Ellos ya participaron el año pasado, para mí es la primera vez. Estuvo complicado para anotarse por la cantidad de gente”, señala.

La música de Nene Malo marca el ritmo y Julián Weich y Agustina Gómez Córdoba arengan desde el escenario. De a poco los corredores se acomodan en la largada. Un montón de puntos rojos que saltan, gritan, se alientan entre ellos. Faltan dos minutos para las 17 y salen los atletas discapacitados con un aplauso cerrado. Cuenta regresiva y tres, dos, uno...

todos corren.

Mientras los 15 mil puntos rojos pasan frente al Obelisco, el Cabildo o la Catedral, unos 1.000 jóvenes de 20 colegios de la Ciudad y el conurbano disputan las finales de un torneo intercolegial de fútbol, hockey, rugby y running. Es en el marco de Buenos Aires Moves , una iniciativa que busca motivar a los jóvenes a moverse más.

Después de la línea de llegada todo es sonrisas y sudor. Los corredores llegan al último puesto de hidratación y la mayoría repite el gesto: antes de abrir las botellas se las pasan por el cuello, la frente, lo que sea para bajar la temperatura del cuerpo. Entre los caballeros el primer puesto es para Federico Bruno (30:16), quien había ganado en 2012 y es el primer bicampeón. Lo acompañan en el podio Miguel Borzola (30:28) y Mariano Mastromarino (31:28). Con 35:15, Viviana Chávez logra la mejor marca en la categoría damas. Después llegan Nadia Rodríguez (35:30) y Sandra Amarillo (35:58).

El contraste es gracioso porque unos metros después de la llegada, “descansa” a la sombra de un árbol la escultura de Diógenes y el Linyera, la creación del dibujante uruguayo Tabaré Gómez Laborde que desde hace 36 años se publica en la contratapa de Clarín.

Juan Ignacio Segovia es de Concordia y viajó con su amigos. “Somos siete, todos corredores de pista. La carrera fue muy buena. La hice en 33:30 y mantuve mi mejor marca, y eso que hacía diez meses que no corría esta distancia”, compara. Desde atrás se suma Alejandro Britos (40), de Retiro: “Estaría bueno que la hagan de noche. O un poco más tarde, porque con este calor se pone pesado”.

Del otro lado de la valla Graciela espera a sus sobrinos con un cartel con fondo fucsia y letra de colores para sus sobrinos: “Diana y Daniel, son campeones”. Y de verdad lo son. Como los otros 14.998 corredores que, de a poco, van llegando a la meta.

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