“La travesía comenzó en mi cabeza tres años atrás, pedir permiso en mi trabajo siempre me daba una respuesta negativa, por lo que tuve que juntar tres años de vacaciones para poder realizar la aventura. Sin el apoyo de mi familia esto hubiera sido imposible”.
En cuanto al recorrido, Crespín explicó: “El itinerario consistía en unir La Quiaca con Ushuaia. He conocido lugares increíbles, de ensueños, estuve en El Chaltén al pie del Monte Fitz Roy sobre la Cordillera de los Andes. Arranqué por la R.N. Nº 9, hice Salta, Jujuy, Tucumán y luego fui bajando hacia el sur”.
Sobre la gente que se cruzó en el camino, Crespín se mostró muy satisfecho: “La calidez de la gente fue impresionante. En El Nihuil, Mendoza, la gente me preguntaba y sacaba fotos conmigo como si fuera un campeón del mundo al saber el objetivo de mi travesía de llegar al fin del mundo. Un hombre de un hostel me dio hospedaje, me dio comida, me hizo bañar, al otro día me esperó con un desayuno con chipás con la idea de que a él le gustaba ayudar para que llegara a Ushuaia sabiendo que venía de La Quiaca y esa colaboración fue muy importante para mí, te daba fuerzas a seguir en el camino”.
Finalmente concluyó: “Uno es parte de la naturaleza. Hice este recorrido muchas veces en auto pero no es comparable con la dos ruedas, es una experiencia increíble, sentís y disfrutas absolutamente todo. Ahora mi próximo objetivo es unir el océano Pacifico con el Atlántico”.
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