En su mensaje navideño, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina sostuvo que el "flagelo de la droga deteriora la vida y el futuro de muchos jóvenes" y llamó a combatir el narcotráfico y prevenir y ayudar al adicto
En su mensaje navideño, leído esta mañana en la sede del arzobispado, Arancedo se refirió al "flagelo de la droga que deteriora la vida y el futuro de muchos jóvenes" a la par que aseguró que "es su misma vida la que nos reclama actitudes definidas contra el delito del narcotráfico, como de prevención y ayuda al adicto".
"Lo vemos en ese número de chicos y de jóvenes que no estudian ni trabajan, y viven expuestos a la moderna esclavitud de la marginalidad.
En la inseguridad y la violencia. En la brecha entre ricos y pobres que condiciona un auténtico crecimiento. Estos hechos atentan contra la vida y son signos de nuestra fragilidad", remarcó.
Para el titular de la Conferencia Episcopal Argentina, "no podemos negar los problemas o sólo repudiar los hechos; debemos trabajar sobre las causas. Es necesario asumir con decisión la defensa de la vida humana, el valor del trabajo y la exigencia moral de la equidad social, como el vivir bajo imperio de la ley junto al pleno ejercicio de la justicia", destacó.
Consideró necesario "aspirar a la concordia entre los argentinos como un bien superior a una pertenencia partidaria o ideológica. Esto es posible si todos apostamos con grandeza y responsabilidad a un diálogo sincero como base de una cultura del encuentro, de la inclusión y la amistad social. Estamos ante un desafío que nos involucra a todos, especialmente a la clase dirigente, y es el de crear las condiciones de una sociedad más confiable, más honesta y cordial, más justa y solidaria", insistió.
Finalmente, dijo: "Considero que un camino privilegiado para crear estas condiciones es volver nuestra mirada a esas realidades cercanas y valiosas por su potencial cultural e inclusivo, por ser lugares de aprendizaje y transmisión de valores que hacen a la formación de cada hombre y al desarrollo integral de la sociedad, me refiero a la familia, la escuela, el trabajo y la ejemplaridad. Puede parecernos cosas simples, sin embargo, tienen una riqueza de origen que cuida, da sentido y hace crecer la vida del hombre con sus proyectos y responsabilidad social. Esto lleva tiempo, no tiene la magia de una promesa inmediata, pero es el camino más seguro para orientar el presente y asegurar el futuro de nuestra Patria. Como un hijo de Dios...me acercaré al pesebre para pedirle al Niño de Belén que me de un corazón que me permita amar y servir a mis hermanos, especialmente a aquellos que más lo necesitan", concluyó.

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