Manzaneras: “Hacemos trabajo social, no político”

Mirta Rechimot de Alvarez supera los 10 años como manzanera y explica cuál es la condición para ser trabajadora vecinal voluntaria. Por eso rescata que accedan al beneficio jubilatorio aprobado por la Legislatura el jueves. También analiza la situación de Olavarría y dice que antes había mayor contención frente a los problemas de la gente.
"Yo no le pregunto a la señora que viene a mi casa si es peronista, radical o de Lilita; me interesa la persona como ser humano y me parece perfecto lo de la jubilación", sostiene Mirta Rechimot de Alvarez, una de las 200 manzaneras que hoy registra Olavarría. La mujer lleva años tomándole el pulso a las necesidades de la gente y desde ese lugar considera que es un paso adelante y de justicia social el subsidio a las trabajadoras vecinales voluntarias que acrediten haber prestado servicios efectivos y voluntarios como tales durante 15 años en forma continua o alternada y alcancen los 60 años de edad.

A nivel provincia, las Manzaneras y Comadres conforman una red de 42 mil trabajadoras que llevan adelante el Plan Vida con el que el gobierno provincial asiste a más de 700 mil familias en situación de vulnerabilidad social. La norma aprobada el jueves por la Legislatura bonaerense otorga además a las trabajadores vecinales la cobertura del Seguro Público de Salud.

Mirta mira con entusiasmo la iniciativa aunque lamenta que el perfil del trabajo social que realizan día tras día haya cambiado este programa que nació como Plan Vida y luego, cuando el país cayó en la peor crisis de su historia. A Olavarría llegó en septiembre de 1996, de la mano de la por entonces diputada Alicia Tabarés, convirtiéndose en el primer distrito del interior con ayuda alimentaria destinada a embarazadas, nodrizas hasta el sexto mes de lactancia y niños de 0 a 5 años. En 1997 se amplió a la mayoría de los barrios y en 2003 llegó a las localidades serranas. En 2005, la Provincia instaló una nueva Delegación y la puso en manos de la contadora coopeléctrica Mirta García, en lo que constituyó un fuerte respaldo al sector liderado por el curismo. Y el tuvo otro giro: el programa fue compartido entre el Municipio y el Ministerio de Desarrollo Humano, al margen de la delegación manejada por el curismo, en un intento del eseverrismo de capitalizar así a las manzaneras y monitorear el aparato asistencialista bonaerense en Olavarría.

"Cuando recién lo trajo la diputada era un trabajo muy completo porque ella se preocupaba que no fuera asistencialismo solo, que si tenían problemas los solucionaban. Con chicos o grandes, problemas de violencia, recurríamos a Alicia o sus secretarios y enseguida tenían la solución para ese problema", recuerda ante EL POPULAR Medios la mujer de Sierra Chica.

Poco a poco eso "cambió cuando Alicia dejó y ahora simplemente es entrega de leche. Por ahí uno tiene tantos contactos después de tantos años que nos conocen, vienen, nos plantean los problemas y la llamamos a ella o sus secretarios para ver qué hacer", admite.

No obstante, su lugar de trabajo sigue siendo el barrio y generalmente "es full time, en cualquier momento uno atiende a la gente en nuestros domicilios. En este momento entregamos leche pero a antes era mucha mercadería", asegura Mirta, planteando un antes y un después a partir de este otro manejo y de la implementación de la tarjeta alimentaria.

"Esa parte (de contención social) estaba organizada, en este momento no. En Sierra Chica estamos organizados por barrios; el del Plan Federal fue el último que se incorporó" explica la mujer. En su caso, "las puertas están siempre abiertas por eso me conocen mucho".

"Tenemos cerebro"

Mirta Rechimot de Alvarez es una de las nueve premiadas por el Día de la Mujer, en una ceremonia impulsada por la diputada Alicia Tabarés y el Gobierno municipal. La distinción surgió a partir de su compromiso con la acción social comunitaria. Es colaboradora permanente en distintas instituciones de la localidad de Sierra Chica y actualmente es catequista, colabora con el taller de danzas de La Callejeada y es manzanera desde hace más de una década, asistiendo a la comunidad a través de su trabajo social.

Considera que está "muy bien el beneficio de jubilación porque muchas señoras dan muchas horas de su día, se esfuerzan para atender a sus vecinos y no tienen ninguna cobertura. Es muy justo que se haga".

La condición para ser manzanera es "tener el corazón abierto y ser sensible. Uno tiene que ponerse siempre en el lugar del que sufre y ver de qué manera buscar solución, aunque a veces uno fracasa porque no lo consigue", asume.

En calle, en el barrio, en su comunidad, visualiza como problema más preocupante que "vino mucha gente de afuera y no hay mucho trabajo. Tenemos la cantera y el Penal, no hay otra fuente de trabajo, nos faltaría eso para que la gente no tenga que irse o viajar".

También se preocupa por la realidad de la Escuela 2: "me gustaría que volviera a ser la escuela que fue, los chicos se nos están yendo por falta de disciplina o falta de educación, no lo sé pero es lo que comentan las mamás". Mirta observa que "algo está fallando y de esa escuela salieron chicos que hoy son profesionales, a mí me preocupa que los padres tengan que juntar moneditas para llevar sus chicos a Hinojo o Colonia. Era una excelente escuela".

Después vuelve sobre su tarea social y el beneficio obtenido en la Legislatura, que no contó con el acompañamiento de una franja de la oposición. "A lo mejor nos califican como que podríamos apoyar al partido gobernante pero las manzaneras tenemos cerebro y sabemos pensar, cada uno votara a su criterio. Hacemos trabajo social, no político", concluye la mujer.

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