El efecto dominó continúa extendiéndose en los países árabes en demanda de más democracia, mejoras económicas y menor represión.
Miembros de una unidad militar libia dijeron que habían desertado y liberado a la segunda ciudad del país de las fuerzas leales al veterano líder Muammar Gaddafi, después de una serie de muertes en la más sangrienta de las revueltas que afectan al mundo árabe
Las revueltas en Túnez y Egipto han sacudido al mundo árabe e inspirado protestas a lo largo de Oriente Medio y del norte de Africa, amenazando a líderes de larga data.
En Marruecos, al menos 2.000 manifestantes se reunieron en una plaza de la capital para exigir que el rey Mohammed entregue parte de sus poderes y termine con la corrupción en su gobierno.
También en el reino de Bahréin, miles de manifestantes -mayoritariamente chiítas- opositores al gobierno se reunieron en una plaza en el centro de Manama, algunos pidiendo un cambio político y otros esperando conversar con los gobernadores suníes del país.
En Irán, miles de oficiales de seguridad iraníes fueron desplegados en las calles de Teherán y otras ciudades para evitar que manifestantes de oposición se reunieran a protestar pese a una prohibición gubernamental, reportaron sitios electrónicos opositores.
Pero los acontecimientos más dramáticos ocurrían en Libia. Al Jazeera, citando fuentes no identificadas, dijo que miles de manifestantes enfrentaban a simpatizantes oficialistas en la Plaza Verde de Trípoli. Un residente de la capital libia ratificó que habían manifestaciones en el centro de Trípoli.
El grupo Human Rights Watch, con sede en Nueva York, dijo que las fuerzas de seguridad mataron al menos a 84 personas el sábado y 20 durante la noche, con lo que el total de fallecidos era de 173.
Residentes de Benghazi dijeron que decenas o centenares de miles de manifestantes se habían tomado las calles para protestar por las muertes.
El clamor por reformas en toda la región de enorme importancia estratégica para Occidente y fuente de gran parte del petróleo del mundo comenzó en diciembre en Túnez.
El derrocamiento del presidente Zine al-Abidine Ben Ali inspiró después a los egipcios a rebelarse en contra del gobernante Hosni Mubarak, que se vio forzado a renunciar el 11 de febrero.
Los tumultos han desafiado a los líderes árabes, incluyendo a muchos apoyados por Occidente que son vitales proveedores de energéticos y enemigos de los grupos militantes islámicos.
Aunque cada revuelta tiene su dinámica propia, desde la religión hasta el tribalismo, todas parecen unidas por la frustración ante la crisis económica y la falta de libertades políticas.
Preocupación de Washington
Estados Unidos dijo que estaba profundamente preocupado por reportes creíbles de los cientos de muertos y heridos en Libia, y llamó a sus ciudadanos a postergar sus viajes a ese país.
En Bahréin, el principal partido opositor dijo que quería que el príncipe del reino muestre señales de abordar las demandas de la oposición antes de iniciar cualquier diálogo.
En Túnez, la policía disparó al aire mientras decenas de miles de manifestantes tomaron el centro del capital para exigir el rápido reemplazo del gobierno interino.
En Yemen, el líder del separatista Movimiento del Sur fue detenido y se realizaron disparos en una protesta en la capital Saná en el noveno día consecutivo de manifestaciones, que demandan la salida del presidente Ali Abdullah Saleh.
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