Bajo presión, el líder chiita decidió no buscar un nuevo mandato y apoyará a su sucesor, Al-Abadi
Ya sin el apoyo de Estados Unidos e Irán, el primer ministro iraquí, Nouri al-Maliki, en el poder desde 2006, desistió ayer de su intento de mantenerse en el poder y aceptó darle el apoyo a su reemplazante, Haider al-Abadi, para que forme un gobierno de coalición.
Al-Maliki, de la mayoría chiita, se enfrentaba a una intensa presión para dejar el cargo y abrir paso a un mandato menos divisivo y sectario, que sea capaz de hacer frente a los jihadistas del Estado Islámico (EI), que se convirtieron en la mayor amenaza a la seguridad desde la caída de Saddam Hussein, en 2003.
El presidente iraquí, Fuad Masum, enfrentado con Al-Maliki, había designado a Al-Abadi como encargado de formar el nuevo gobierno iraquí. Al-Abadi pertenece a la misma formación que Al-Maliki, el partido Dawa, y vivió en Londres durante la dictadura de Hussein.
El ex premier se negaba a dejar el poder y había denunciado la designación de Al-Abadi como "inconstitucional". Tanto Washington como Teherán -que a pesar de ser enemigos coincidieron en dejar de lado a Al-Maliki- respaldaron el nombramiento de Al-Abadi y le pidieron que se retirara..
Comentá la nota