Magras cajas comerciales no alcanzarían el 45% de aquello que se vendió en 2010

La región y especialmente San Carlos de Bariloche desde el 4 de junio último soportan una crisis económica-social sin parangón. Luego de hacer distintas consultas en comercios de la calle Mitre con respecto a las recaudaciones diarias se llegó a un análisis “negro” con respecto a las ventas en el actual período anual. Ventas 2009 al 2011.
La reducción de dichas ventas alcanza prácticamente a un 25%, durante los meses de temporada invernal (junio, julio y agosto). Esto implica por sí solo una reducción vendedora a la mitad. En este caso no sólo es así, sino que todos los índices permiten inferir que por lo menos el problema continuará hasta fin de año, con lo cual el total de 2011, no superará el 45% de las ventas del 2010, esto en valores absolutos, si se descuenta la inflación, el resultado por supuesto será mucho peor.

Siempre teniendo en cuenta que el turista es un consumidor cuidadoso, que planea en general con tiempo su paseo, establece, tiempos de permanencia y conexiones como para poder llegar y regresar en el intervalo establecido. Allí tiene un valor fundamental la logística, como técnica de hacer cumplir en tiempo y forma lo pautado, por lo tanto, es un valor fundamental en el paquete, tanto en los costos como en la confiabilidad del destino tener fechas y valores económicos seguros.

No hacer esto último es una mezcla mortal. Sobre todo en lugares lejanos como Bariloche (a 1500 km. de Buenos Aires por ejemplo), todas estas aseveraciones generales cobraron tremenda importancia a partir del último 4 de junio.

Es evidente que la erupción del volcán Puyehue, sacó a Bariloche del mercado turístico. De esta manera la discusión sobre que el valor del pasaje aéreo hacia esta ciudad, considerado el más caro de plaza, casi no tiene sentido. ¡Qué importa hoy lo caro o barato de un producto inexistente, sin vuelos qué importancia tiene su valor!

Por otra parte la conexión vía Esquel, o Neuquén, es otro producto que puede o no ser aceptado por cada posible turista, el viaje, que antes entre demoras, llegada al aeropuerto con anticipación, etcétera., insumía medio día, es ahora del día entero.

Muchos consideran que el cambio del paisaje por la ceniza podría actuar como un disparador del curioso turista, pero no es así. Tampoco depende de un tema publicitario, el desgano a visitarnos, no es porque se olvidaron o desconocen las virtudes naturales de la región. Los turistas no vienen porque no pueden venir. Sin transportes confiables el destino sólo sirve para aquellos cuyos tiempos sean totalmente flexibles, salvo jubilados y/o estudiantes que tienen viajes contratados previamente, el resto son grupos que pueden venir en cuenta gotas.

Este esquema es el que provocó el “desastre económico social” que decretaron las autoridades locales, pero no tuvieron en cuenta que desaparecieron los clientes y para empeorar el momento, ya es imposible establecer ajustes que mengüen el nivel de desastre.

La temporada invernal, que en muchos casos implica el 70% de la venta anual, se empieza a organizar y por ende contraer compromisos, con mucha antelación, no menos de 4 meses antes.

En este sendito los hoteles y establecimientos gastronómicos, ya habían terminado, o casi, sus reformas o mejoras, los comercios tenían el stock necesario, como para una temporada que no tenía causa alguna, como para no ser mínimamente buena y lógicamente la actualidad empeoró tremendamente la situación actual.

Según el relevamiento llevado a cabo no sólo se vendió muy poco, sino que las inversiones o acumulación de stock, fueron hechas para un nivel normal de ventas, e incluso para un poco más. Aun cuando muchas otras veces existieron problemas que repercutieron en el nivel de la actividad de la ciudad, hantavirus, gripe A, huelgas y corte de caminos, mucha nieve, poca, etcétera, nunca el golpe había sido de la actual magnitud.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner seguramente entenderá la problemática ya que la primera mandataria argentina tiene relación con el turismo en El Calafate, pero todo indica que los emisarios que fueron desde Bariloche no supieron explicar la situación. En realidad hubiera alcanzado con un solo concepto: “señora, qué pasaría con el turismo en El Calafate si el aeropuerto estuviera cerrado por meses”. J.C.M.

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