La mafia de las entradas

La mafia de las entradas

Entradas por doquier que abastecen un mercado paralelo, del cual nadie sabe explicar su orígenes o por qué. La cercanía con Brasil alimentó las esperanzas de miles de argentinos que soñaban con asistir a un partido mundialista. 

 La única opción disponible para obtener ingresos, después de la confusa venta por internet implementada por la FIFA, era en el mercado negro con entradas exorbitantemente caras, lo que transformó la ilusión en frustración e indignación. ¿Quién digita este comercio ilegal, quien lo provee de entradas? ¿Por qué nadie intervino durante tanto tiempo para desmontar esta extorsión? ¿Por qué la FIFA, orgullosa de sus acciones moralizantes dentro y fuera del campo, cierra los ojos ante tantas evidencias de que desde sus entrañas se alimenta el negocio?

Finalmente apareció una luz en el final del túnel que tiene todo para convertirse en uno de los legados más importantes de esta Copa. La corrupción más descarada, estimulada por la propia FIFA coloca finalmente a la entidad cerca del banquillo de los acusados. La policía brasileña, después de un brillante trabajo de investigación que se extendió por más de tres meses, comenzó a desbaratar el mayor esquema de cambistas con la prisión de Ray Whelam, Ceo de la empresa Match, de propiedad de los hermanos mejicanos Jaime y Enrique Byrom y de su hermana Ivy, que por su vez está casada con Whelam. Match, como ya publicó Miradas al Sur en su edición del 20 de abril pasado, es la empresa de turismo oficial de la FIFA hasta 2023, y tiene la exclusividad para la comercialización de lo que la entidad llama de “Paquetes de hospitalidad” (en la práctica significa vincular la venta de hoteles a la venta de entradas para asistir a los partidos). Philippe Blatter, sobrino del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, es uno de los dueños de Match a través de una holding llamada Infront. Después de tantos prometidos puntapiés en el “trasero brasileño” como arrogantemente el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, se refería a “ineficiencia brasileña” en el andar de las obras mundialistas, parece que llegó la hora de Brasil comenzar a colocar las cosas en su debido lugar.

 

La gran familia FIFA quedó finalmente expuesta en sus entrañas. Todos los miembros de las asociaciones de fútbol que forman la entidad tienen beneficios indirectos e ingresos gratuitos a costa de la ilusión popular.

 

El aire autoritario y de superioridad moral que ejerce la FIFA desde su posición dominante, muestra que por detrás de tantas frases bonitas en las propagandas de los estadios se esconden sus oscuros y lucrativos negocios. La venta de entradas en el mercado negro es uno de ellos. Ray Whelan se unió en la prisión a su dealer, el argelino Mohamadu Fofana, que ya había sido detenido junto a otros 11 cómplices. Whelan, como revelan las grabaciones telefónicas presentadas a la prensa por la policía brasileña, le entregaba las entradas a Fofana, quien llevaba a cabo desde 2002 el esquema de reventa de los ingresos con un lucro superior al 1.000 % del valor de las mismas. La policía brasileña interceptó más de 50.000 grabaciones telefónicas entre Ray, Fofana y miembros de la FIFA. Para tener una idea del escándalo y de los hechos, Ray Whelam se hospedaba en el lujosísimo hotel Copacabana Palace, que es el cuartel central de la FIFA para la Copa. Joseph Blatter o el comité ejecutivo de la FIFA, que vienen a ser lo mismo, le dio a la empresa Match los mejores 450.000 ingresos para vender a través de los paquetes turísticos de hospitalidad, incluyendo 24.000 para las semifinales y 12.000 para la final, algo así como el 20% de la disponibilidad total para esos partidos.

Match, desde el propio corazón de la FIFA, digitaba la venta de las entradas realizando un lucro que para la policía brasileña es superior a US$200 millones de dólares. En Alemania en 2006 y en Sudáfrica en 2010 se descubrió que uno de los miembros del comité ejecutivo de la FIFA, Jack Warner, repasó a Match más de 5.000 ingresos para vender en el mercado negro. Tantas eran las evidencias que Warner tuvo que renunciar a su cargo en la FIFA. Para la Copa de Brasil 2014, el esquema se sofisticó. Con la justificativa de distribuir los programas “hospitality” en un contexto global, un “Around the world” políticamente correcto, diversas empresas concesionarias de Match en India, África o Estados Unidos fueron adjudicadas con miles de paquetes “hospitality” que posteriormente no utilizaron. Lo mismo ocurrió con empresas de Inglaterra, Italia o España, las grandes selecciones desclasificadas prematuramente de la Copa. Match, hacía un “clearing” de ingresos y espacios de hotelería, tanto de los países desclasificados como de los lejanos asiáticos y se encontraba con un stock renovado de entradas, alojamientos y palcos VIPS. Posteriormente revendía todo a precios de oro en el mercado paralelo.

En la operación policial y detención de los acusados se aprendieron planillas contables, celulares de uso restricto de la FIFA, dólares, reales, euros, máquinas de tarjetas de crédito y más de 200 entradas para los partidos finales, 10 de ellos que eran de la cuota de la comisión técnica de la selección Brasileña. Se entiende que estas entradas tendrían un destino final similar a las que fueron revendidas por el hijo de Julio Grondona, Humberto, que si bien tiene el pretexto de la “cesión” a un amigo, en pocas palabras es fácil reconocer un recorrido similar al practicado por la empresa Match en la reventa. En Brasil la reventa de entradas en el mercado “paralelo” es un delito tipificado como crimen contra la economía popular y es pasible de fuertes penalidades.

La gran familia FIFA quedó finalmente expuesta en sus entrañas. Todos los miembros de las asociaciones de fútbol que forman la entidad tienen beneficios indirectos e ingresos gratuitos a costa de la ilusión popular. La cúpula se protege con el silencio de los miembros de la entidad pues todos son contemplados en este carnaval de entradas que salen de la FIFA para alimentar los circuitos tortuosos y le hacen un guiño al gran negocio del Jefe. El “blue” de las entradas se alimenta desde el llano y desde la cúpula. El poder perdió las formas en el afán de lucros exorbitantes. Cabe recordar que Al Capone no fue condenado por sus incontables crimines y sí por los recibos que lo relacionaban con los ingresos financieros oriundos de las salas clandestinas de juego ilegal y la evasión impositiva. La mafia FIFA, encabezada por Joseph Blatter, tendrá serias dificultades para justificar tantos vasos comunicantes entre la entidad y el mercado negro.

En este tiempo de Mundial con partidos definidos “en los detalles”, Brasil le sacó la tarjeta roja a la FIFA donde más le duele, en su bolsillo y en su falsa moralidad For the game.

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