Hubo ayer fuertes choques de la policía contra una marcha de estudiantes en Caracas.
Al grito de “La calle no calla, seguimos en batalla”, los jóvenes, algunos de ellos con telas en el rostro y máscaras, marcharon por una de las principales avenidas del este de la capital enarbolando una inmensa pancarta que decía “Nuestros sueños no caben en una celda”.
La protesta se dio en medio de la tensión generada por la decisión que tomó hace pocas horas la coalición opositora de suspender el diálogo con el gobierno. La razón de la ruptura es que el gobierno no cesó con la represión. En un hecho que fue leído como una provocación y que gatilló la furia opositora, la policía desmanteló cuatro campamentos de militantes anti gubernamentales y arrestó a dos centenares de estudiantes.
Maduro, quien sostiene la teoría de que los levantamientos son un intento de golpe armado por Washington, dijo la noche del martes que existen presiones de “sectores extremistas” que desde EE.UU. buscan terminar con los diálogos y descartó que se vaya a “parar de la mesa de diálogo’’.
Lo cierto es que las protestas callejeras se iniciaron en febrero en demanda de algún tipo de acción gubernamental contra la extendida violencia urbana, la inflación cercana al 60 % y la escasez creciente de productos de primera necesidad. El colapso de la economía de este otrora rico país petrolero es la clave de esta crisis.
Maduro no lo ve así. El martes afirmó que “espero que ellos (la oposición) tampoco detengan (el diálogo). Ya el hecho de estar dialogando y debatiendo es un avance democrático importante’’, afirmó. Hoy llegan a Venezuela los cancilleres de Brasil, Colombia y Ecuador y el nuncio apostólico en Caracas que son los observadores de este proceso de conversaciones. Maduro dijo que esperaba que visite el país el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, para respaldar la iniciativa del diálogo.
La oposición pretende encontrarse a solas con los diplomáticos para discutir las trabajas que observan en el proceso. Lo concreto es que la negociación no avanzó debido a la falta de resultados. El gobierno se niega a liberar a los políticos detenidos, ente ellos el líder de uno de los partidos de la coalición, Leopoldo López. Maduro es renuente a cualquier autocrítica y sostiene que lo que se discute son dos países o dos propuestas, sosteniendo el supuesto éxito de su programa de gobierno, que está virtualmente empantanado. Los incidentes han dejado hasta ahora 42 muertos, 817 heridos y unos 2.500 detenidos, de los cuales 197 permanecen arrestados y sujetos a procesos judiciales, según la Fiscalía General.
El secretario general del partido opositor Acción Democrática, Henry Ramos Allup, ratificó el miércoles la posición de la llamada Mesa de la Unidad Democrática de suspender los diálogos con el Ejecutivo y ratificó que la coalición opositora no acudirá al encuentro de hoy.
Ramos Allup dijo a la emisora local Radio Caracas que la reactivación del diálogo depende de que “el gobierno tome decisiones. Ahora si el gobierno no puede tomar decisiones por sus problemas internos, porque las distintas facciones no permiten avanzar, bueno el diálogo va a fenecer”. El presidente adjunto de la Federación de Centros Universitarios de la estatal Simón Bolívar de Caracas, Alfredo Graffe, consideró totalmente válida y “coherente” la decisión de la coalición, aunque dudó sobre si esa medida pueda llevar al gobierno a un cambio de actitud.



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