El presidente venezolano escribió una columna en The New York Times. Allí se mostró a favor del diálogo para avanzar en ese objetivo. Y buscó recomponer relaciones con el gobierno de Obama.
En la nota que lleva su firma, publicada en la sección Opinión del influyente diario neoyorquino, Maduro aseguró que ha llegado la “hora del diálogo y la diplomacia” y pidió al “pueblo estadounidense” que aliente a las autoridades a “no sancionar a Venezuela”. En las mismas páginas donde ayer escribió Maduro, hace unos días publicó un artículo, con menor despliegue, el líder opositor venezolano, Leopoldo López, que está encarcelado bajo acusación de instigar la violencia, que ya lleva 2 meses y ha causado 39 muertos.
El presidente señaló que los estadounidenses están mal informados. “Las recientes protestas en Venezuela han llamado la atención de la comunidad internacional. Gran parte de la cobertura en los medios internacionales ha distorsionado la realidad de mi país y los hechos de actualidad”, señaló y agregó que hay una “narración” presentada por el gobierno estadounidense en la cual “los manifestantes están ampliamente descriptos como pacíficos, mientras dicen que el gobierno es violento y represivo”. Maduro dijo que los opositores que protestan tienen el “solo objetivo del derrocamiento inconstitucional del gobierno elegido democráticamente”.
“En realidad, el gobierno de Estados Unidos está en el lado del 1% que quiere arrastrar a nuestro país de nuevo a una época en la que el 99% era excluida de la vida política y sólo la élite, incluyendo las empresas de EE.UU, se beneficiaban del petróleo de Venezuela”, señaló. “Espero que los estadounidenses, conociendo la verdad, expresen que Venezuela y su pueblo no merecen tal castigo y llamen a sus líderes políticos para que se abstengan de sanciones”.
En un cambio de tono, a la vez, Maduro dice que ha llegado la “hora del diálogo y la diplomacia” y también señala que su gobierno le ha hecho llegar a los funcionarios de Obama su “deseo de volver a intercambiar embajadores”. Los diplomáticos estadounidenses en Venezuela fueron echados en 2010 porque el gobierno los acusó de conspiración y de instigar la violencia. EE.UU. aplicó el principio de reciprocidad y envió a los venezolanos a su país.
Este gesto de Maduro puede ser, en verdad, puro fuego de artificio. Aquí todos recuerdan cuando el canciller Elías Jaua tuvo el año pasado un amistoso encuentro en Guatemala con su par estadounidense John Kerry y hablaron de restituir diplomáticos, pero luego volvió la rispidez. Sin embargo, con decenas de muertos en las calles y una economía que se desmadra y obliga a hacer drásticas devaluaciones que agobian a los venezolanos, el presidente podría estar intentando abrir otros caminos más conciliadores que eviten una eventual sanción económica de EE.UU., gran comprador de su petróleo.
En términos de conversaciones, la semana próxima arribará una comisión de cancilleres de Unasur para avanzar en los diálogos de paz entre el gobierno y la oposición. También está siempre sobre la mesa una posible mediación de la Iglesia Católica en el conflicto. Sin embargo, en momentos en que el gobierno de Maduro ha dicho que está dispuesto a aceptar una gestión del Vaticano, Diego Padrón, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, acusó ayer al presidente de intentar imponer un “gobierno totalitario” en Venezuela. “Las protestas tienen su origen en la pretensión del partido oficial y autoridades de la República de implantar el llamado Plan de la Patria, detrás del cual se esconde la imposición de un gobierno totalitario”, dijo (Ver La Iglesia...).
El politólogo John Magdaleno señaló que, tras las “incómodas pero válidas” declaraciones de Padrón, la Conferencia “suprime la posibilidad de formar parte de esa mediación”, pero se mantiene un eventual acompañamiento de la Santa Sede. “El papa Francisco y El Vaticano siguen siendo actores que podrían ser considerados como mediadores”, explicó.




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