Buenos Aires. Acosado por una presión cada vez más fuerte, Mauricio Macri comienza a tomar decisiones. La primera fue volver a reunirse con Francisco de Narváez, a solas y en reserva, para avanzar en el proyecto presidencial y en un acuerdo electoral con su ex aliado.
El día que más suena es el 26 de junio y por eso el apuro: Macri está obligado a fijarla 90 días antes de la contienda. Pero también se barajan otras dos fechas: el 7 o el 28 de agosto.
La disyuntiva por estas horas en el macrismo pasa por determinar qué opción representa menos riesgos.
La mayoría sostiene que hay que despegarla lo más posible de la elección presidencial para que “no se nacionalice” y así imponer la discusión sobre “los asuntos de la Ciudad”, un viejo principio macrista. De hecho, hay varios referentes que cuestionan por lo bajo que la fecha no se haya establecido antes.
“Nos puede llegar a pasar lo mismo que en Catamarca y Chubut. O peor: la vamos a tener a Cristina caminando la Capital porque se van a superponer las campañas”, renegó uno de ellos.
Si bien muchos hablan en términos similares, el de la idea contraria es el mismo Macri. El conductor de PRO intuye que el escenario político podría cambiar y ha dicho en la intimidad que “Cristina está en su techo”.


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