"Me veo impuesto a denunciar la decadencia moral que viene avanzando como la marea roja en las filas del Gobierno".
Como argentino honorable y hombre en el sentido más orgánico que dicta la madre naturaleza, me veo impuesto a denunciar la decadencia moral que viene avanzando como la marea roja en las filas del Gobierno comandado por ese encantador de bragas, que tal parece, ahora también ha comenzado a estremecer las pudendas y dudosas partes de esos señores travestidos.
Retuérzanse en sus maquillajes de bataclanas adulteradas y agiten sus prótesis en histérica furia contra mi pensamiento, pero es deber de todo homo sapiens –bien erectus- defender el estado varonil alcanzado por la evolución, frente a estos pitecantropus rosados que pretenden ahora erigirse en ejemplo y paradigma de la posmodernidad desmoralizada.
Sean los dones de la libertad proporcionados a todos los ciudadanos y haga cada cual de su receptáculo un tenebrario, si así le viene en bien; pero manténgase el recato mínimo en el ejercicio de la función pública, caramba.
Imposible cosa pretendo demandar, nada menos que de un personaje que si ha sido capaz de desafiar los abismos de las alturas, ¡qué menos puede hacer ahora sino desafiar las profundidades morales! A falta de uno/a, ahora son dos las/las Barbie siliconadas que integran esa troupe que se auto proclaman funcionarios del Joven Maravilla y forman ese des-“consolador” Gabinete. Éste es el resultado del desbarranco social que inició aquel Fiscal Simón Padrós Cornejo, permitiendo las adulteraciones de nombre y especie.
En el pináculo de la falta de moderación y compostura púdica; este Urtubey se muestra en graciosamente distendido entre varios de estos ejemplares siliconados a quienes abraza con indisimulado deleite. Si basta mirarle la sonrisa de complacencia concupiscente y lúbrica por este “logro alcanzado” que pone a la Salta de los Milagros en el borde mismo de las Sodoma y Gomorra bíblicas. No alcanzarán ni las flagelaciones nocturnas del hermano Mario Antonio Cargnello para impedir que lluevan sobre esa Ciudad sapos, culebras y alacranes.
Si la historia cuenta que Evita Perón cuando acompañaba al General en su campaña presidencial, no quiso llegar hasta la Ciudad de Salta y detuvo el tren en la Ciudad de Güemes, después de estos derrapes a la honorabilidad y la castidad del mequetrefe, ¡olvídense que alguna vez el Santo Padre Francisco quiera llegar a codearse con esta fanfarria de desvergonzados! Seguramente, como Evita, también se detendrá en el Cruce con Güemes y proclamando como Jesús a voz en cuello exclamará: ¡Salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies!
Oportunidad única para que ese venal del “Turi” Rodríguez y su esbirro, ese elfo descalabrado de Martín Ávila, propongan ahora levantar sobre las ruinas del Monumento al Combate de Manchalá, algún otro promontorio que celebre esta vez los regodeos carnales más extraviados, tanto como sus progres (y pobres) mentes. Ni siquiera el esquizoide de Andrés Zottos en su más agudo grado de trastorno ha llegado a tanto todavía.
¡Tiempos aquellos en que el Júcaro hacía gala de su varonil estampa y recia pose espartana. Un Leónidas del subdesarrollo que jamás hubiera posado junto a esperpentos morales semejantes! ¡Antes, preferible fotografiarse junto a un ejemplar de dorado de río, que esto!
El infortunio gana terreno entre los funcionarios “U”; si hasta el que parecía un varón de ley como su Ministro Julio Loutaif, se ha visto obligado a posar en actitud de amancebamiento afectuoso con un/a tal Mary Robles, para rubricar el desmanejo hormonal que está sembrando el “Joven Maravilla”, en ese lenocinio que llaman Centro Cívico Grand Bourg, donde ya no se conceden audiencias, porque ahora es más bien una “casa de citas”.
Se me estruja la glándula pineal frente a tanta decrepitud ética mientras vuelvo a mirar la foto desde donde el extraviado éste de Urtubey me sonríe, flanqueado por la murga de incontinentes y digo con el español Carlos Dómine, sus palabras tan apropiadas al momento: "Te recordaré por lo que fuiste, no por aquello en lo que te has convertido".
Ni siquiera ganas de jugar mi dominical partido de golf me han quedado; más bien me encerraré en mi biblioteca a libarme íntegramente y en ayunas una botella de Louis XIII Black Pearl de Rémy Martin, envasada en cristal de Bacarat. Para los no iniciados, se trata de un cognac muy delicioso que vino a poner fin a todos los coñacs exclusivos del mundo. Nada caro para lo que realmente es este fabuloso cognac. La Historia dice que fue durante el reinado del siglo XVII de Louis XIII que la familia de Rémy Martin primero se asentó en la región de Cognac de Francia. Ciento cincuenta años después de esa fecha, la familia decidió nombrar su coñac más prestigioso en honor a su antepasado monarca.
Mientras saboreo medito si alguna vez volveré a Salta, porque según veo, lo que antes era prohibido, ahora es permitido. ¡No vaya a ser cosa que Simón Padrós Cornejo ahora lo vuelva obligatorio!


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