Belcebú mete la cola para alterar los ánimos de los que estamos en paz con Dios
SALTA.- Amigo lector:
Desde la comarca en donde las Musas del Irish espolean a los espíritus más sibaritas, interrumpo mi descanso, desempolvando mi ánimo anhelante, coronando mi estadía en la tierra de Juan de Lancaster, duque de Bedford, no sólo con una estupenda actuación de los Pumas sino también con una regia actividad social, acorde a lo que ocurrió en mi bendita patria con el acto eleccionario pasado.
Pero como lo marca la regla cuando uno se relaja demasiado, Belcebú mete la cola para alterar los ánimos de los que estamos en paz con Dios. En el preludio del encuentro entre Los Pumas y Sudáfrica en el Queen Elizabeth Olympic Park, en el palco reservado para los aristócratas europeos mis oídos alcanzaron a registrar un fluido coloquio de tinte "franco-salteño”. Al límite del vértigo, entre el humo de mi Cohiba observo la figura de este saboteador de bragas de Juan Manuel Urtubey, en animada conversación con el príncipe Alberto de Mónaco, cosa que rápidamente retraté para los incrédulos de mis vivencias, enviando la fotografía a mis amigos de El Intransigente.
Como si esto fuera poco, según me confía mi amigo Oregan Hoskings, y solo a los efectos de galantear a la princesa Charlene, el muy osado ha confirmado como sede del próximo Championship 2016 a la provincia de Salta. ¡Su mundo por una cuca!
Por fin llegó el día en que mis ojos presenciaron al Joven Maravilla conversando con los de su clase. Imagino a su madre, señera mujer, absorta ante la fotografía que confirma que el vástago volvió a sus raíces, aquellas que nunca debió haber abandonado. Adiós a las charlas etílicas con ese catálogo de cachivaches aduladores del Moro de Isa y a su característica mirada matinal, seguramente embotada de tanto apalear sus neuronas con esas murgas mandangueras de Los Tekis.
Según lo poco que pude observar de la conversa, el soberano monegasco de dudosa sexualidad miraba con aires libidinosos al Caligula salteño mientras departía sobre su proyecto urbanístico estrella, Le Portier –la flamante isla artificial frente al emblemático Hotel de París, para los no iniciados-, al tiempo que el mamarracho de Juan Manuel lo ponía en autos de su récord en viviendas populares en Salta, regados por kilómetros de redes cloacales y cordones cunetas for export. ¡Oh, mon Dieu, mon Dieu!
Con el transcurrir de los minutos, mi olfato detectó una mezcla extraña de aromas que pude comprender se debía a la presencia de la princesa Charlene con sus emanaciones de calostros - propia de su reciente maternidad- quien visiblemente cayó rendida también a la chimenea de testosterona que suele desperdigar este sinuoso macho alfa. Curioso entrevero de esencias justamente para su Alteza, cuyo principado linda con el país de los perfumes. ¡Si supiera el flojo del Príncipe que su matrimonio corrió serio peligro al presentar a la princesa a este tatuador de pubis! Alberto, por vuestra tranquilidad espiritual y sexual, abstenéos de acudir a Salta en su compañía, ¡después no digáis que no os advertí! Quiera la diosa Temis ser piadosa con su espada y su balanza con vos, Joven Maravilla.
Conforme a lo que vengo pregonando en esta columna hace ya un tiempo, la voluntad soberana del pueblo argentino se alzó para manifestarse a favor de un "Cambio”. A juzgar por el ánimo de nuestra clase contagiada al populacho estaríamos a un paso de volver a vestirnos en la gloriosa avenida Alvear con diseños de los mejores sastres del mundo. Cómo olvidar la década bacana del uno al uno que produjera esos dejos de nostalgia de la gloriosa primera mitad del siglo XX, obra de los gobiernos conservadores, que llevaron al podio más absoluto a las ideas de la Generación del Ochenta, donde los Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca y Pellegrini descollaban valentía, categorizando este país, librándonos de la barbarie de bolches y trazando las líneas de ferrocarriles que supieron hermanarnos con este reino, al que hoy visito nuevamente, especialmente para degustar su five o’clock tea con scons, como alguna vez lo hicieron mis antepasados junto a Jorge VI e Isabel Bowes-Lyon.
Celebrado sea el regreso a los 90, el savoire-faire de quienes sabemos vivir acorde a lo que nuestra sangre nos dicta. Enterradas bajo siete llaves quedarán las "cenas”, el "rojo”, la "pieza", la "malla” y la "gaseosa”, que supieron contaminar mis oídos durante todo este tiempo de impudicia y barbarie lingüística.
Amigo lector, aún no está todo dicho, esperamos el resultado final de este duelo electoral, habida cuenta que estamos condenados a optar entre un bobo y un manco. Diré, que cada trance electoral comprende la esperanza que concibe el resultado, sobre todo para nosotros los aristócratas que tenemos ese valioso sentimiento de apego a la ley y el orden. ¡Ah, tiempos aquellos en que gobernar era de próceres! Cuando los mandos eran para gente decente y para los más inspirados. En cambio ahora penosamente observamos un redil de lupanarios con sus talantes signados por dicciones indolentes y gandules, más propias de acompañar un vademécum penitenciario que de ofrecerse como los fiadores de la República.
Desde la cima en que moramos los preclaros, en esta hora de añoranza y espera de un futuro portentoso, quiero consagrar a esos mortales que todavía luchan, deseosos en que sus aspiraciones de clase y su esfuerzo consigan generar pensamientos inteligentes que puedan ser más legibles en el futuro gobierno, no importa quien resultare vencedor de la contienda. ¡También es menester advertiros y recordar al incauto público femenino, que este cusifai de Urtubey no ha desaparecido de la escena nacional, sino que espera agazapado a punto de convertirse en un verdadero flagelo nacional!
Sólo una cosa contenta mi desanimado brío: por fin se aleja del Gobierno ese desordenado mental de Andrés Zottos, que menea su tiempo con el pututo en la boca celebrando a la plurinacional Virgen de Urkupiña , con sus "trans" "versales” compañeros del PRS. Lástima que la marea amarilla no alcanzó todavía a transportar al fondo del retrete al bribón de Santiago Godoy, que continuará en su oficio de "pegote del Estado”, distribuyendo barajas marcadas para quedarse siempre con la mejor parte.
Cuando cae la luna se llenan las copas y pensando en que este hálito de esperanza de cambio en un próximo gobierno podrá devolverme la ilusión de un retorno normal a la Salta de aquellos jolgorios estivales; saboreo mis habituales tentempiés de foie gras con cerezas montmorency de Fortnum and Mason –la más inglesa entre las sajonas para los no iniciados-, en el exclusivo In and Out Naval and Military Club, mientras degusto una ginger Star of Bombay , sumiéndome en el azul profundo de la silueta de su botella, medito la frase de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo: "El vulgo se deja seducir siempre por la apariencia y el éxito”. Cualquier aproximación a la realidad es mera coincidencia…

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