Aunque nadie sabe muy bien de qué vive, su Facebook es un muestrario de lujos faraónicos. Quién es la mujer que estaría saliendo con el hijo (ex convicto) de un conocido sindicalista juninense.
El escenario de esa conversación serían unas jornadas de oración organizadas por el Pastor Evangelista Germán Reichenshammer.
Antes de seguir quiero decir algo: Reichenshamer es uno de los hombres más solidarios y generosos que conozco. Cada vez que nuestro diario tuvo un problema, el primero en llamar y ofrecer su ayuda fue él. Tan agradecido estoy que mi broma favorita al Arzobispado de Mercedes Luján es que en cualquier momento, gracias a la conducta de Germán, cambio de religión.
Pocos saben que Sandra habría sido muy religiosa en su juventud, y que aunque después, según testigos, tomó distancia de la Iglesia Evangélica, conoce al grupo desde muy joven y frente al miedo que le dieron los allanamientos (ella sabrá por qué), intentó volver. Imagino el dilema que habrá sentido un hombre de la calidad moral de Reichenshammer ante esa “vuelta”. Aunque no sabemos bien qué ocurrió, Sandra estaría comentando: “Tengo que buscarme otra Iglesia porque acá me discriminan”.
La relación de Sandra Ureta con Reyep distaría de estar concluida. Semanas atrás, cuando al asesino se le permitió salir de la cárcel para ver a un familiar enfermo, ella iba y venía con actitud de organizar el operativo, “soltura” en los movimientos que habría ofendido a la familia del reo que no querría verla ni en figuritas.
Héctor Reyep, quien en algún momento estuvo vinculado al narcotráfico aunque fue preso por asesinar a su pareja de 22 años, tendría una vida sorprendentemente cómoda en la cárcel; más aún, son varios quienes dicen que desde ahí seguiría manejando algunos “negocios”. ¿Con la ayuda de Sandra? Sería aventurado afirmarlo pero que continúan vinculados es un secreto a voces que la salida de Reyep terminó de confirmar y ventilar a la luz pública.
Hay vecinos aterrados que hablan incluso de la existencia de sicarios.
Volviendo a Sandra, en su juventud era muy obesa y vestía unas túnicas hasta el suelo. Su compañero de entonces, también hijo de un sindicalista, parece que les daba a ambos un muy buen pasar. Claro que todo concluye: El hombre en cuestión habría terminado engañándola con una menor de 15 años.
A partir de ahí, el número de amigas de Sandra creció de manera exponencial. Se ve que las quería mucho ya que las tenía viviendo a todas en una casa y habría comentado que las hacía trabajar. ¿En qué? No está demasiado claro.
La cuestión es que Sandrita vive muy bien y no se priva de difundir esos lujos en Facebook: viajes, guardarropas, zapatos de a montones y una casa que es la envidia del barrio. Cosa rara: usted y yo compramos una tabla de quesos y la AFIP nos manda carta documento para que digamos de dónde sacamos el dinero. ¿Harán lo mismo con Sandra? Porque esos excesos no se hacen tejiendo crochet… Quizá sea especulación mía y entonces pido perdón, pero ni siquiera cuando la entrevistamos pudo decir cómo bancaba todo. Puede ser que sea tímida o reservada. Claro que no es lo que dicen quienes la ven en los boliches nocturnos que frecuenta con avidez digna de una adolescente que, por supuesto, ya no es. ¿Será que ahí pierde la timidez?
“No arruines la investigación”, me comentó un conocido fiscal. “Para cuando la termines yo voy a estar mirando los rabanitos desde abajo”, le contesté.
Pero lo más interesante, y el hecho que explica muchos de los violentos sucesos que venimos atravesando los últimos días, sería la nueva compañía de Sandra. Y acá me pongo en revista CARAS: “Sandra Ureta, ex pareja del asesino Héctor Reyep con quien mantendría una excelente relación comercial… perdón, personal; habría encontrado consuelo en los brazos del hijo de conocido sindicalista con un pasado tan oscuro (el del padre y el del hijo) que la luz del amor vendría a iluminar”.
Beto Casella, Beto Casella, Beto Casella. Mil disculpas, el golpe del jueves me dejó un poco atolondrado y se me da por escribir incoherencias.
Después dicen que Junín es una sociedad clasista. En ciertos menesteres barriada y niños de la alta sociedad van de la mano. No por el hijo del sindicalista, por los amigos que tendría Sandrita. Un dato interesante: cuando Ignacio Merlo, detenido por los allanamientos, fue liberado y volvió al Club Social, un grupo entre los que se encuentra un conocido médico lo recibió con aplausos. Nobleza obliga: el resto de la concurrencia miraba espantada.
No sé por qué me viene a la cabeza una vieja canción: “En qué se mete, la chica del 17. De dónde saca, pa´tanto como destaca. Pero ella dice al verlas en ese plan: ‘la que quiera coger peces que se acuerde del refrán’”. ¿Cuál era el refrán? Quien quiera coger peces que se moje el… trasero, para decirlo de una manera elegante.

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