Luego del Nobel a una disidente, el dictador yemení ofreció su renuncia

Alí Abdulah Saleh dijo que dejará el poder “en los próximos días”. La activista Tawakul Karman fue premiada el viernes por su lucha.
Luego de obtener el Premio Nobel de la Paz 2011, la activista de Yemen Tawakul Karman gana protagonismo en las protestas contra el presidente Alí Abdulah Saleh. En un mensaje televisivo, el mandatario volvió a asegurar ayer que renunciará al poder “en los próximos días”, aunque avisó que no lo dejará en manos de la oposición. Casi como una vocera de los manifestantes, Karman le respondió a Saleh que los yemeníes “seguirán adelante con la revolución pacífica hasta que Saleh entregue el poder que le ha robado al pueblo revolucionario”. Saleh lleva 33 años en el poder.

Karman hizo esas declaraciones a la cadena Al Jazeera en medio de marchas en su honor convocadas en todo el país por organizaciones opositoras. “Llamamos al pueblo libre de Yemen a tomar las calles y rendir honores a esta gran mujer”, destacaron varios sitios web antigubernamentales. La defensora de los derechos humanos recibió el Nobel de la Paz 2011 el viernes, un galardón que comparte con la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, y su compatriota y activista Leymah Gbowee.

Karman recibió el saludo del pueblo yemení en Sanaa y otras ciudades. Algunos analistas consideran que la decisión del Comité Nobel puede constituir un efectivo instrumento de presión contra Saleh. Cierto o no, el mandatario apareció en la TV yemení para anunciar que está dispuesto a entregar el sillón presidencial. Pero se negó a hacerlo en forma inmediata y rechazó un acuerdo para traspasar el poder bajo la supervisión de Estados Unidos.

Tras ocho meses de protestas masivas que reclaman su dimisión, no es la primera vez que Saleh se declara listo para renunciar. Desde que estalló la crisis política y la sublevación de una parte del Ejército, el presidente accedió en tres ocasiones a firmar el plan del Consejo de Cooperación del Golfo que prevé el traspaso del poder al vicepresidente y la celebración de elecciones libres. Pero las tres veces se retractó justo antes de suscribir el documento oficial.

Saleh resultó gravemente herido por una explosión en junio en el palacio presidencial, tras lo cual viajó a Arabia Saudita para recibir un tratamiento médico. En su ausencia, los mediadores y los grupos de la oposición intentaron convencerlo para que no regresara y transfiriera el poder a su segundo, pero se negó y a fines del mes pasado volvió súbitamente para recuperar el poder de Yemen.

A su vuelta siguieron una violenta represión contra los manifestantes y batallas campales en las calles de Sana, entre las fuerzas leales a su hijo Ahmed y unidades militares disidentes. El mandatario recibe fuertes presiones de la comunidad internacional para que dimita, en particular de la Casa Blanca. En sus ambiguas declaraciones de ayer, Saleh dio pocos indicios de sus verdaderas intenciones.

“Rechazaré el poder en los próximos días. Lo entregaré. Pero hay hombres que son fieles a sus promesas que tomarán el poder, sean militares o civiles”, disparó Saleh, en una muestra de que no planea ceder el mando a la oposición. Dijo que se reunirá con miembros del Parlamento para “analizar en forma transparente” la situación en Yemen y que regresó de Arabia Saudita con “una rama de olivo y la paloma de la paz”. Un comentario nada inocente luego de la entrega del Nobel de la Paz a Karman.

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