Según vecinos, en los últimos años iba menos gente a comer al tradicional restaurante. Al parecer, sus empleados fueron trasladados a otro restaurante de Puerto Madero.
Sobre la persiana baja de J.D. Perón 920, el cartel de una inmobiliaria anuncia la venta del lote de 930 metros cuadrados.
La historia se reconstruye a partir de la pequeña ventana del lado de Carlos Pellegrini: el vidrio todavía tiene grabado el nombre del viejo restorán Chiquín (más la promesa de wifi y la posibilidad de abonar con tarjeta de crédito), y a través de las rejas y de la suciedad se pueden ver las sillas arrumbadas en el fondo del salón, una escalera de obra, mucha tierra acumulada. Había sido inaugurado en 1905 y cerró en los últimos meses.
Vecinos y comerciantes dicen que venía menos gente, y que los oficinistas de la zona cambiaron de hábitos y eligen opciones más baratas para el almuerzo.
En ese edificio funcionaba la fábrica de chocolates Godet, a fines de 1800 la propiedad había sido adquirida por Osvaldo Bosissio y años después la transformó en un edificio de cinco pisos en el que funcionaba un hotel familiar.
En esa época, también, el empresario Francia ponía en marcha un comedor sobre el pasaje Carabelas, administrado por Francisco Borsalino. Las historias se juntan en 1905, cuando el comedor se muda a la planta baja del hotel. "Gran restaurante Chiquín, de Borsalino y Francia", decían las chapas de bronce que colocaron en el frente.
Con el tiempo se convirtió en un clásico de la zona y con su evolución fue acompañando la historia de la Ciudad y del país: las ranas y el chicken pie (pastel de pollo) eran especialidades de la casa. Tras la crisis de 2001 cerró sus puertas y hubo un gran trabajo de restauración que demandó casi dos años y sirvió para poner a punto la boisserie y la puerta giratoria de roble y ébano del acceso principal.
En 2005 volvió al ruedo, renovado pero con el carácter y la decoración intactos. Por eso, la secretaría de Cultura porteña lo declaró "Testimonio vivo de la memoria ciudadana". Se le sumó un wine bar, un show de tango y una carta moderna, aunque el fuerte siguió siendo la parrilla (para muchos, incluso mejor que la de grandes restaurantes de Puerto Madero).
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