Luego del caos, nace un nuevo barrio

Cientos de viviendas del Plan Federal II junto a la avenida Arias al 1200-1500 comenzaron a poblarse hace ya dos meses. A principios de año hubo una fuerte crisis social por usurpaciones. La obra en el complejo demoró más tiempo del esperado.
En torno a la avenida General Arias al 1200-1500 está naciendo un nuevo barrio. Son 552 casas que fueron construidas en el marco del Plan Federal II y adjudicadas en un sorteo general a familias de distintos sectores de la ciudad.

Luego de años de obra paralizada o avance muy lento, y tras un verano conflictivo con usurpaciones incluidas, el plan de viviendas retomó el impulso hace dos meses y el barrio comenzó a poblarse.

En las 146 viviendas del sector aledaño a Villa Delfina, los nuevos vecinos tienen una mixtura de orígenes. Hay unas 50 familias que antes habitaban Villa Quilmes --el asentamiento en torno a Saavedra y Neuquén-- y que fueron trasladadas rápidamente a mediados de septiembre.

Otras 100 casas fueron entregadas a principios de octubre a adjudicatarios que llevaban años anotados en el Registro Unico de Postulantes, y buena parte del resto son familias de la lista elaborada por el Consejo Local Económico y Social (CLES), de distintos barrios bahienses.

El CLES está integrado por la Municipalidad y organizaciones e instituciones sociales, y define quiénes son las personas que están en situación de emergencia habitacional y tienen prioridad para recibir una casa.

Todas las familias fueron distribuidas mediante el sorteo general en el nuevo barrio: un amplio terreno con bloques de casitas perfectamente alineadas --las cremitas, las claritas y las grises- de una o dos plantas, de 55 metros cuadrados cada una con una cocina-comedor, dos habitaciones y un baño.

Las casas están pintadas al unísono en largas filas, pero comienzan a distinguirse entre sí. Hay algunas cercadas con alambres o plantas, otras en las que se improvisa una verja con algunos palos, y unas cuantas con cartones y chapas acumulados en la puerta y el patio.

Muchos vecinos se conocen de otros barrios, cuando sus vidas eran otras, y otros tantos están aún en la etapa de las presentaciones, cruzan comentarios casuales y opinan muy bien unos de otros cuando los de afuera les preguntan.

El barrio se va levantando así sobre un entramado de relaciones, orígenes y costumbres, cuyo matiz marcará una identidad a lo largo de los años.

A partir del traslado de los vecinos de Villa Quilmes, al sector se lo conoció como el Plan Federal II de Villa Delfina. Y en el mapa de la ciudad el espacio está emplazado entre los barrios Villa Delfina, Villa Rosas, Rucci y San Martín, pero desde el municipio dicen que en rigor de verdad no pertenece a ninguno de ellos.

Un equipo técnico de la Secretaría de Salud y Promoción Social --médicos, psicólogos, abogados, trabajadores sociales, administrativos, enfermeras-- está trabajando con los vecinos en esta construcción de identidad.

Con reuniones semanales y organización de actividades comunitarias acompañan a las familias que desde diversos sectores de Bahía fueron relocalizadas en un nuevo espacio físico.

La idea es "consolidar un 'barrio', donde antes había un 'plan'", indican los miembros del equipo. Encontrar un nuevo nombre es uno de los tantos requisitos y desafíos a largo plazo.

Futuro de la Villa

Cuando se llevó a cabo el traslado de los vecinos, a mediados de septiembre pasado, se anunció que se iluminaría el espacio y mejoraría su forestación para evitar posibles usurpaciones.

Casi dos meses después, el terreno aún está en las mismas condiciones.

El titular de la Agencia Urbana, Marcelo Lenzi, indicó que trabajan en un proyecto que se dará a conocer en estas semanas.

Un plan demorado

El Programa Federal de Viviendas fue anunciado en 2004 por el expresidente Néstor Kirchner. Después de años de avances, complicaciones y cruces políticos -por la cantidad de casas asignadas a Bahía Blanca y el envío o no de fondos un conjunto de nuevas unidades habitacionales comenzaron a ser entregadas durante este año.

Todavía quedan unas 630 viviendas del plan sin finalizar en cercanías del barrio San Miguel, lo que motivó el reclamo de beneficiarios afiliados a Sutiaga, Petroquímicos y UOM.

Según el secretario municipal de Obras Públicas, Rubén Valerio, en dos meses comenzaría el envío de fondos de parte de la Nación para concluir la obra.

El dato

Nueve mil personas permanecen todavía inscriptas en los respectivos listados oficiales que se utilizan para llevar adelante los distintos sorteos las unidades habitacionales.

El fantasma de la inseguridad

Cuando se conoció que familias de Villa Quilmes iban a ser trasladas a la zona se hicieron públicas algunas inquietudes y temores, que a más de un mes de la mudanza parecen haberse disipado.

A principios de octubre el secretario de Salud y Promoción Social, Diego Palomo, mantuvo una reunión con un grupo de vecinos que temían un posible incremento de inseguridad en el lugar.

"Nos sorprendimos", remarcó al respecto Eve Pérez Botter, titular de la sociedad de fomento de Villa Delfina.

"No entiendo por qué motivo se dio esa reunión. La gente se ha adaptado perfectamente al barrio sin ningún inconveniente, vienen, conversan, son correctísimos", señaló.

A diferencia de lo que se conoció al principio, el encuentro no estuvo motivado desde Villa Delfina, sino desde Villa Rosas, pero en el marco de un reclamo que antecede a la mudanza de los vecinos.

En el barrio aledaño están pidiendo desde hace algunos meses un pase de jerarquía de la subcomisaría local a comisaría, y más cantidad de policías a pie y en moto, por situaciones de inseguridad sufridas durante este año.

El jefe de la Departamental, comisario Gustavo Maldonado, desestimó que por el momento se registre un cambio en la situación de seguridad en los barrios que se encuentran en las inmediaciones.

"De los ilícitos que ocurrieron en ese sector, de los que pudimos establecer algún tipo de responsabilidad penal, ninguno era de la gente que habitaba en las viviendas del Plan Federal y que integraban previamente Villa Quilmes, con lo cual estamos estigmatizando a las personas por su lugar de procedencia. Me parece bastante desacertado si uno lo analiza de esa manera", evaluó.

"No hay una sola queja de parte de ningún vecino, y yo creo que va a seguir así. A la gente hay que darle una oportunidad", enfatizó Pérez Botter.

Casa nueva, vida nueva para los vecinos

A los vecinos de Villa Quilmes la vida les cambió el 16 de septiembre cuando dejaron el puñado de precarias viviendas del asentamiento donde vivían -que fueron arrasadas por las máquinas municipales- y pasaron a habitar otras de concreto, recién hechas.

El resultado de la distribución por sorteo fue que cada tres o cuatro construcciones del barrio, una está habitada por familias de aquel asentamiento.

"La idea era no trasladarlos tal cual estaban. Incluso ellos preferían ir a un sorteo, hacer un cambio y empezar una nueva vida en un barrio donde ya no sean 'los de Villa Quilmes'", explica Estela Retta, directora de Tierras del municipio.

"Alegría inmensa" y "felicidad" son las palabras más elegidas por los flamantes beneficiarios para contar esta nueva vida: han cumplido el sueño de la casa propia.

"A esto no lo cambio por nada", enfatiza Irma, con una sonrisa de satisfacción. Vivió en Villa Quilmes 36 años pero no extraña, para nada.

"Vos no sabés lo que era estar allá, con casas de chapa que se llovían. Pasábamos muchísimo frío. Acá es otra cosa, yo estaba emocionada por venir. Y estamos tranquilos, los chicos pueden jugar en paz", explica.

Entre las manzanas hay mucho espacio verde, donde los más pequeños montan un lugar de juegos, anticipándose a la plaza que se promete construir en el lugar.

Irma tiene siete hijos, tres nietos y una nieta, y conoce a toda la cuadra, algunos son familiares o viejos vecinos, y algunos nuevos pero ya pasó a saludarlos.

"La vecina que es muy buena vecina", asegura mientras levanta la mano y saluda a la señora de al lado. "Todos son muy amables", agrega convencida. La escena se repite en la mayoría de las casas, augurando una buena convivencia inicial.

El barrio va tomando forma: una verdulería y un kiosco ya abrieron sus puertas --o ventanas-- y los vecinos ya se contactaron con la unidad sanitaria más cercana y con la Escuela 59. Hasta el sacerdote de Villa Delfina hizo un recorrido por el barrio.

"Es un cambio muy grande, pero nos estamos acomodando", explica Irma. Ella cuida los chicos y su marido Daniel trabaja, es empleado en Defensa Civil con un plan social, y hace los mandados, aunque todavía en el viejo barrio.

Dejar Villa Quilmes no fue fácil para todos, algunos incluso se resistieron, como Santo Emilio Pérez de Moray, más conocido como "el abuelo de Villa Quilmes" o "el señor Pérez", quien tiene 82 años y pasó 56 en el asentamiento.

"Extraño. Y mucho. Me estoy acomodando de a poquito, porque fueron muchos años, pero qué va a hacer, me trajeron, a mí y a los perros", dice con resignación mientras extrae el cobre de una vieja radio, que espera vender en Villa Mitre.

Sus compañeros son tres perros que revolotean alrededor de sus pies a cada rato, pero tenía más: gatos que quedaron bajo los escombros.

Santo Emilio es uno de los que perdió a sus mascotas en el trajín de la mudanza, entre otras cosas, como su bicicleta. Dice que no le avisaron con tiempo, que cuando se descuidó la máquina estaba aplanando su vieja casa.

El apuro y la celebridad que caracterizó la mudanza de los vecinos de Villa Quilmes, que a nivel oficial se adjudicó a la necesidad de evitar una usurpación, no se aplicó a los beneficiarios del Plan Federal II de otros barrios de la ciudad anotados hace años en el Registro.

Graciela y su esposo Sergio aguardaron cinco años por que el plan se haga efectivo, pero ahora -dicen, llave en mano- eso ya no importa.

Ella es profesora de arte y él encargado de seguridad, tienen tres hijos, uno estudia en La Plata y los dos más chicos vivirán con ellos en la nueva casa.

En julio les entregaron la vivienda, pero no se mudaron porque están haciendo los últimos retoques: pintar, poner un cielorraso, reforzar las aberturas.

"Estamos contentos, felices", no deja de repetir Graciela. Enfrente tiene a la avenida General Arias, tras la cual inmensos árboles se levantan. La dueña de casa mira y se le humedecen los ojos. "Perdón, todavía me emociona".

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