Las adicciones preocupan a la sociedad, pero una de ellas parece olvidada. Tal vez porque afecta más a los pobres o porque su base de negocios está en un sector poderoso y de alta influencia, no hay lugares específicos y los casinos no destinan los fondos obligados a la recuperación de adictos.
Los problemas de adicciones están muy presentes en la sociedad, pero hay una muy presente que, por no ser completamente percibida como tal, aparece fuera de registro. Se trata de la adicción al juego, la ludopatía, que según estadísticas afecta al 4% de la población, y sin embargo no ocupa el lugar que su gravedad indica.
En san Rafael, con dos casinos habilitados, es muy poco lo que se hace al respecto, tal vez porque el ludópata no suele generar problemas demasiado visibles, aunque destroza la vida propia y de quienes lo rodean.
"El jugador juega para perder, porque lo único que hace es apostar, ya no hay nada del juego que intermedie entre la persona y el disfrute", afirma Elio García, de la Asociación Civil Nehuén. "No todo el que juega es ludópata, pero el que lo es no puede jugar más, hay que tener muy en claro que la persona enferma no puede entrar más a esos lugares, porque tiene un conflicto con ese objeto y se enajena".
Los casinos no son simples locales de apuestas. Los diseños han sido especialmente estudiados; dónde están las maquinas, las ruletas, la gente que va a brindar servicios. Los ruidos son mensajes subliminales, el aroma también esta estudiado, todo para que el jugador se sienta cómodo. Los casinos no tienen ventanas, para que ahí dentro el día y la noche sean iguales, y no hay relojes, para que se pierda la noción del tiempo. Los mitos populares cuentan que, por ejemplo, en Las Vegas y Atlantic City cambian la composición del aire para que produzca cierta excitación y evite el sueño.
Uno de los factores que se deben tener en cuenta para dimensionar si una persona tiene problemas con el juego, según García, es que "si destina más del 5% de sus ganancias al juego ya tiene un conflicto, y si no sabe la hora en que entra y el tiempo que pasa adentro, también". El adicto "pierde noción del dinero, lo que vale son las fichas, y empezás a alejarte del registro de lo real. Las fichas tienen diferentes colores pero tienen el mismo tamaño, dejás de tener conciencia real del valor. Siempre está la promesa de que vas a ganar. Los jugadores siempre saben cuánto ganaron, pero nunca saben cuánto perdieron, sólo cuentan las veces que ganaron".
Recorriendo los establecimientos se puede ver gente que realiza los gestos y cábalas más extraños. El especialista explica que "este tipo de rituales, como llevar santos e imágenes, demuestra que hay tanta energía puesta entre el objeto y la persona que tiene dificultades, que se transforma en una cuestión de fe, y ahí empieza a haber un conflicto". Esos signos pueden significar el comienzo de la ludopatía. La cuestión social, el ir para entretenerse, es avalada por una puesta en escena donde se montan espectáculos musicales, restaurantes o shows diversos, pero el fin último es el juego, lo otro sirve sólo como excusa.
Sobre la situación local, el responsable de Nehuén aclara que "en san Rafael la gente no se arrima; ni los ludópatas ni los adictos, y a veces cuando hacés el plan de tratamiento no lo aceptan, porque no tienen la idea de enfermedad. La mayoría ha llegado por familiares y no por voluntad propia; falta la conciencia del problema". Además, el segmento social más afectado también es claro: "Ingresan todos pero quedan entrampados los más pobres, porque la promesa de ganar es muy grande".
Los vacíos legales evitan que se cumplan ciertas reglas. El casino tiene que poner parte de las ganancias para ayudar a la gente con este problema. Ese dinero lo invierten en deporte, pero es una trampa: Lo ponen en un club de fútbol, en auspiciar la camiseta; entonces, es publicidad. En la ciudad, con dos casinos, no hay un centro terapéutico -Nehuén es una asociación civil- que atienda a los adictos al juego.
La Asociación brinda talleres gratuitos para padres y docentes, donde se abordan herramientas de prevención. Pueden ser solicitadas en Libertador 2442, o por teléfono al 260 466 0344.
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