Casi un centenar de jugadores compulsivos integran la lista de autoexcluidos del Casino Club de Santa Rosa. La medida, voluntaria y personal, rige por dos años a partir de la decisión que toma el jugador de inscribirse. Pretende aplacar las ansias de apostar en forma permanente aunque algunos después hacen cosas increíbles para poder ingresar a las salas y jugarse unas (todas, en realidad) fichas.
La ludopatía es un trastorno reconocido por la Organización Mundial de la Salud, que la incluyó en su registro de enfermedades en 1992.
"No es un vicio sino una adicción", dice Pamela Hernández, psicóloga, especialista en adicciones e integrante del equipo de la Subsecretaría de Adicciones. Habló con el programa Bajá un Cambio (FM Sonar).
Una adicción que crece
"Es una adicción sin sustancias, se trata de un comportamiento compulsivo hacia el juego que pone en riesgo su salud, sus bienes y su integridad; la persona no se puede controlar y juega compulsivamente hasta perder todo", contó durante la entrevista. El adicto juega en forma repetida, todos los días y en cualquier horario, y va dejando de lado otras prioridades, "sin darse cuenta de que está arriesgando todo". Afecta su estado de ánimo, el clima y la convivencia familiar. Aunque parezca complejo de entender, los jugadores compulsivos sufren la situación.
El programa de Autoexclusión para Ludópatas se inserta en la política de responsabilidad social de las salas de juego. Esto significa que, además de pagar impuestos, las salas deben hacerse cargo de los grupos de impacto. Es un instrumento sencillo, una alternativa para resguardarse. Se completa una planilla, con datos propios y de un familiar para contacto, con una fotocopia del DNI, una foto carné y otra de cuerpo entero. Una copia va al Casino y otra queda en la subsecretaría. Dura dos años.
Según Hernández, el hecho de que tengan que cumplir el trámite en la subsecretaría permite conversar con el ludópata y ofrecerle un tratamiento. "¿Síntomas? Bueno, no se pueden controlar, van a jugar todos los días, sólo piensan en el juego, abandonan otras cosas como el trabajo, la familia, el sueldo".
El tratamiento incluye entrevistas con la psicóloga. "Algunos vienen y a partir de eso, deciden iniciar el tratamiento en forma individual" y aclara que no es obligatorio para eso tramitar la autoexclusión. En general esta medida funciona pero claro que no es infalible. Desde el mismo Casino suelen contar anécdotas increíbles, cómicas sino fueran dramáticas como autoexcluidos que se disfrazan con bigotes y pelucas; hombres que se visten de mujer, cualquier cosa para poder ingresar inadvertidos.
"Marcos", autoexcluido
Un jugador compulsivo expuso su experiencia para el informe radial aunque pidió que su voz no saliera al aire. Firmó su pedido de autoexclusión en julio. "Es que ya veía cómo venía la mano", dice. "Me gusta jugar y me dio miedo de ser un adicto y perder todo; además tengo un tío que está re-endeudado y eso me dio miedo".
La primera vez que jugó, ganó 50 pesos en el tragamonedas y creyó que sería "para siempre". Empezó a trabajar cuando tenía 22 pero no podía ahorrar un peso. "Me mentía diciéndome que no iría más pero sabiendo que no podría; la verdad es que me daba mucha vergüenza". Hoy trabaja y estudia y está contento pero admite que no se puede descuidar... de él mismo.
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