El proceso inflacionario no se detiene y reduce cada vez más el poder adquisitivo de los consumidores y solo en el rubro alimentos pueden notarse incrementos importantes.Un claro ejemplo de esta situación es lo que ocurre con los productos panificados, cuyos precios aumentaron dos veces en los últimos 30 días en la ciudad.
Hasta ahora por el kilo de pan se paga entre 3 pesos y hasta más de 6 como extremos, aunque el precio promedio se mantiene entre 4 y 5 pesos.
La semana pasada el precio de la bolsa de harina de 50 kilos, en una de sus marcas, subió de 47,50 a 51,50 pesos y la grasa por kilo de 4,20 pesos a 5,60. Las bolsitas de polietileno de 100 unidades pasaron a costar de 11 a 14 pesos. Lo que se mantiene es el valor de la levadura prensada, que en paquetes de 500 gramos cuesta 5 pesos y la caja de 20 unidades a 90 pesos.
Estos son solo algunos de los productos que se utilizan para elaborar panificados y ya habían sufrido variaciones hace escasas tres semanas atrás.
"Cuando suben de manera generalizada los costos de lo materia prima, no queda otra alternativa que trasladarlos al precio del pan. Los clientes se enojan y expresan indignación pero tratamos de hacerles entender que la culpa no es nuestra. Muchas veces aguantamos los aumentos pero tampoco podemos trabajar a pérdida", comentó el encargado de una panadería céntrica.
La suba generalizada de los precios de los productos de la canasta familiar obliga a las familias de clase media y baja a modificar algunos hábitos de consumo, aunque existen costumbres alimenticias prácticamente imposibles de cambiar.
Si bien los consumidores buscan precio y muchos resignan calidad, las panaderías consultadas dijeron que las ventas se mantienen en los mismos niveles.
Un relevamiento realizado a panaderías ubicadas en la zona céntrica y algunos barrios de la periferia dan cuenta que la venta de pan no experimentó ninguna merma que resulte alarmante para el sector.
"El pan es algo que la gente no deja de comprar. Es muy difícil reemplazarlo en la mesa familiar. A nosotros cada vez se nos acortan más los márgenes de ganancias porque entendemos que debemos cuidar nuestra clientela. Hace años que con la panadería solo se empata. Nosotros seguimos porque no tenemos otra cosa para ganarnos la vida. Dependemos de esta actividad para subsistir", comentó la propietaria de una panadería del barrio Villa Hermosa.
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