POSADAS. “¡Yo soy la madre de Iván!”, sonó tajante en la sala de debate del Palacio de Justicia. Fue la presentación de María Cristina del Valle Peralta Sarmiento, la mujer que aguardó más de ocho años para hablar de su hijo, muerto a golpes durante la madrugada del domingo 19 de marzo de 2006 dentro de un boliche de la avenida Corrientes.
Ayer, en la última y décima jornada de testimoniales fue su turno. Narró al detalle los últimos minutos que vio con vida a su hijo. Describió el dolor en primera persona, desgarró la mañana, fue arrolladora y apuntó contra los acusados Sebastián Ruiz y Diego Cantallops: “Lo golpearon hasta matarlo, hasta salir sangre, de qué pelea hablan. Iván era tan noble que no encuentro por qué le hicieron esto”.
Pero también recalcó la ausencia inexplicable que arrastra a cada instante: “Ellos pudieron hacer su vida, uno se transformó en médico, pero al Iván le quedó todo por la mitad. Cuando voy sola en el auto, puedo llorarlo, grito ‘Iván, Iván, mi hijo’, es angustiante; no sé por qué me pasa, pero sé que detrás de mí hay una familia y tengo que mostrar fuerzas siempre, seguir adelante”.
En cuanto a las horas previas y posteriores a la muerte del joven de 22 años, relató: “Ese sábado al mediodía, después de mirar la tele el programa (de la TV Pública) de Pedro Brieger, con Nicolás (hermano) y el papá (Mauricio Mercol), mi hijo lavó sus tres zapatillas, armó la mochila y se fue al centro. Fue la última vez que lo vi. Nos fuimos a acostar mi esposo y yo. Y siempre a la mañana cuando me levantaba lo hacía temprano, incluso los domingos, y miraba la cama de mis dos hijos para ver si estaban.
Esa mañana sonó el teléfono, me incorporé rápido porque tengo dos hijas que no viven acá. Y siento que mi marido decía al teléfono: ‘¿Vos estás hablando del Iván hijo?’, le hablaba a Nicolás, y yo no podía escuchar. No quería escuchar. Mi hija me decía ‘¿qué pasa mamá?’ (...) Salimos con lo que teníamos puesto, yo me di cuenta como mamá de la realidad de mi hijo porque escuché la voz de mi marido, desesperado. Cuando llegamos al hospital, yo que soy muy creyente, no podía rezar, la gente que estaba al lado mío me decía ‘rezá, rezá’, pero yo no podía, algo en mi corazón me decía que algo grave le había pasado a mi hijo. Después fuimos al Boratti, nos hicieron pasar a una habitación, ni sé cuántos minutos y horas pasaron, fueron interminables. Yo soy una persona de poco hablar, estaba callada. Entramos a un lugar que creo era la terapia, y estaba mi esposo, me acuerdo, llorando desconsoladamente a su hijo. Y se veían sus pies, y yo no podía decir nada”.
“Perder un hijo es algo inimaginable”, manifestó Peralta Sarmiento y recalcó que “cada suspensión del juicio, las cinco en estos ocho años y medio, la vivimos como revivir la muerte del Iván, revivir todo el dolor”.
“Iván era muy bueno, un tipazo, por eso donamos sus órganos, mi marido me lo dijo”, agregó sobre la decisión de ablacionar los riñones, corazón e hígado de la víctima.
El momento de mayor tensión e intriga lo protagonizó cuando le solicitó al juez César Jiménez pararse y acercarle una serie de imágenes de su hijo y de Sebastián Ruiz. En el caso del acusado de “homicidio preterintencional” (al igual que Cantallops) las fotografías lo mostraban luciendo un estado atlético, destacado por su musculatura, marcadamente opuesto a la delgadez de Mercol.
“Quiero que vea cómo era mi hijo y cómo era el agresor (...) lo golpearon hasta matarlo”, le dijo cara a cara al juez Jiménez, constituyendo el instante más crudo y descarnado de las diez jornadas de debate. Una madre implorando justicia con la foto de su hijo en las manos.
Peralta Sarmiento volvió a la silla para intentar seguir con su relato. Detrás sus cuatro hijos suplicaban porque no sufriera, pero para ellos las lágrimas y la angustia atoraban sus gargantas. Ante la ausencia de preguntas de los defensores de Ruiz y Cantallops, Hugo Zapana y José Luis Rey, respectivamente, y de la fiscal Yolanda Mazal, la mujer fue liberada del acto y abandonó la sala apoyada en el brazo de una de sus hijas.
“Un chico bueno”
María del Milagro Cortina Ricci, la novia de Iván Mercol antes de ser ultimado a golpes en el pasillo de salida del local bailable, abrió la ronda de declaraciones.
Relató que la noche del 19 de marzo de 2006 “fuimos por separado al boliche, Iván con su grupo de amigos y yo con mis amigas (...) Dentro de Power lo vi dos veces, salí a las 6 de la mañana a la vereda, lo estaba esperando porque nos volvíamos juntos”.
“Estaba afuera cuando sucedió todo, me avisan y pido entrar, cuando me dejan lo veo contra una pared en el piso, le hablo, no reaccionaba (...) Tenía sangre en la cara, sus zapatillas blancas se transformaron en rojas por la sangre”.
“Después me llevaron al guardarropas para dar los datos de Iván; cuando salí, la ambulancia ya se lo había llevado al hospital”, amplió Cortina Ricci sobre la última imagen de su novio al que asegura recordará como “un chico bueno, tranquilo, para nada reaccionaba de forma violenta, lo querían todos”.
El juicio se suspendió hasta el jueves, en que se iniciarán los alegatos finales. Abrirá la mañana la exposición de la fiscal Yolanda Mazal. Lo seguirá Hugo Zapana, y se dispondrá de tiempo para las primeras réplicas y dúplicas entre las partes.
Al día siguiente, será el turno de José Luis Rey con su defensa de Diego Cantallops, para acto seguido, leerse la resolución del juicio del juez César Raúl Jiménez.
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