El Ministerio de Seguridad bonaerense no da tregua a su actual titular, Cristian Ritondo. Si bien el recambio de los puestos más relevantes de su cartera tienen nombre, las capas contaminadas no permiten que el "cambio" aclare el panorama de corrupción y negociados del anterior gobierno.
En la Auditoría General de Asuntos Internos, el panorama refleja, con sus autoridades, lo que pasa en cada departamento de su ministerio. A la negativa del penalista propuesto para primera figura, le sucedió la asunción del Dr. Guillermo Berra como auditor general, pero el problema es que los "negocios de familia" siguen intactos, en un organismo que debería ser foco del combate de los negociados e impunidad.
La gobernadora María Eugenia Vidal (Heidi) puso como eje de su campaña la seguridad, pero en la auditoria de Asuntos Internos de la policía de la provincia, los sumarios internos siguen siendo digitalizados y comercializados por los mismos que hicieron de las suyas en el gobierno de Daniel Scioli.
Los auditores Máximo Zitti, Mariano Santan y Gastón Rueda, siguen manejando todo a su antojo. Entre el 22 de noviembre y el 10 de diciembre del 2015, antes de que asuma la gobernadora Heidi, se encargaron de destruir expedientes de sumariados reemplazándolos por otros de su creación, para que no se note su presunto accionar delictivo. Resultado del éxito de sus actos: hoy continúan enviando a la firma del auditor, dictámenes y resoluciones vendidos al mejor postor.
Las denuncias hechas en sede penal al auditor Máximo Zitti por extorsión, parecen dormir en un cajón, mientras él se encarga de reducir y hostigar al personal que intente pararlo en sus negocios ilícitos.
La auditoría continúa siendo hoy, una dependencia donde todo se cocina en familia, teniendo su caja paralela al propio presupuesto de seguridad.
Un panorama más que ilustrativo, basta con ver los cargos jerárquicos analizando el parentesco entre ellos.
Entre los más burdos por lo grotesco de los nombramientos está el parentesco entre los citados auditores Zitti, Santana y Rueda, no siendo los únicos jefes de la auditoría que llevaron a su familia para los puestos de mayor poder en el manejo de información y expedientes.
Uno de los que más acomodados tiene es Santana, quien no solo incorporó al plantel a su hermana y a su esposa, sino que nombró a esta última, María Florencia Musich, al otro día de recibirse de abogada, como inspectora, puesto para el cual se necesita no solo el título, sino la experiencia del ejercicio en el derecho penal y una mínima carrera en la institución como indicador de idoneidad en tan importante puesto. De los horarios y tareas que deben cumplir los parientes acomodados nadie sabe, o hace caso.
Es así que en seguridad, los inspectores acceden a su puesto por parentesco o amiguismos. Toda la plana jerárquica está emparentada por sangre o relaciones previas, y los apellidos de los que acceden a los mandos medios o intermedios son siempre los mismos que se van repitiendo e intercambiando.
Las irregularidades no dejan casillero por cubrir, y el personal que no cuenta con este tipo de relaciones es sometido a todo tipo de violencia.
Uno de los casos que más repercusión tuvo fue el del auditor Gastón Rueda, quien ante la falta de obsecuencia de un empleado, un agente de apellido Fidel, lo tomó del cuello y lo arrojó contra un armario.
Este empleado, para ser silenciado fue trasladado hacia un destino elegido, en este caso, la Caja de Policía de la provincia. Los auditores que presenciaron el hecho, como el personal jerárquico que debía denunciarlo hicieron caso omiso a éste y otros hechos, ya que oportunamente, fueron ellos los que con actos intimidatorios, terminaron dando el traslado al personal violentado cuando los asuntos tomaban difusión dentro de la repartición.
Así, la pirámide jerárquica se consolidó entre cónyuges, hijos, hermanas, cuñados y resto de parientes. La familia completa se fue distribuyendo desde auditorias, direcciones de línea y cargos de inspectores, y si los puestos no alcanzan, se van compensando con horas extras, compensaciones y francos.
El ministro de Inseguridad, Cristian Ritondo quiere, pero la corrupción enquistada no deja "cambiar". Pobre gobernadora. Pobre María Eugenia Vida. Pobre Heidi…



Comentá la nota