Estados Unidos, El Salvador, Panamá, Perú y Colombia reconocieron las elecciones en Honduras, pero Brasil, Argentina y España, entre otros países, no reconocerán el resultado.
La estrategia zelayista para impugnar las elecciones del domingo se basa en dos pilares. Por un lado, Zelaya remarca el hecho de que éstas fueron convocadas por una dictadura sin que existiera un consenso nacional previo para legitimarlas –es decir, el incumplimiento del pacto San José/Tegucigalpa–, que se realizaron bajo un estado de militarización absoluto y que los derechos más básicos, como el del voto, les fueron negados a miles de ciudadanos, entre ellos, claro, a él mismo.
Por el otro, el presidente constitucional afirma que los comicios carecen de legitimidad por haberse desarrollado con un nivel record de abstencionismo superior al 60 por ciento, frente al 40 por ciento de abstención que caracteriza los procesos electorales en ese país centroamericano. En este punto, a los números de Zelaya se oponen los del Tribunal Supremo Electoral (TSE), que, dominado por sectores afines al régimen de facto, afirman que la tasa de participación fue del 61,3 por ciento. Pero Zelaya, firme, insiste.
"Yo me voy a encargar, de manera pacífica, de recolectar los datos alcaldía por alcaldía y demostrar el verdadero nivel de participación. Todo el pueblo sabe que las votaciones bajaron y sin embargo ellos dicen que la gente se volcó masivamente a las urnas. Vamos a demostrar que la abstención fue mayor al 60 por ciento", afirmó el mandatario. "En Honduras se ha instaurado un régimen dictatorial que nos quiere engañar, y de esta amenaza no se salva ni siquiera Lobo. El también está amenazado por los militares y la gente que fraguó el golpe", advirtió Zelaya.
Pero Lobo, por su parte, de lo último que quiere escuchar hablar es de impugnar las elecciones. El líder del PN ya empezó a actuar como presidente electo y, en ese rol, ayer comenzó su trabajo: en primer lugar, le pidió a la comunidad internacional que reconozca los comicios y, en segundo lugar, buscó mostrarse conciliador anunciando un futuro gobierno de unidad nacional. "Nos reuniremos con todos los representantes de los distintos sectores del país para buscar un gran acuerdo nacional que permita la firma de un plan de nación. Tenemos que lograr un compromiso compartido por todos", precisó el político conservador.
Las palabras de Lobo, ayer, ya habían suscitado diversas reacciones. Al interior de Honduras, el movimiento popular, aglutinado en el Frente de Resistencia contra el golpe, le negó cualquier clase de trato. "De diálogos ya estamos hasta la coronilla. Para qué andar en tanto diálogo si con esos diálogos hemos perdido cinco meses y no hemos resuelto absolutamente nada. Rechazamos cualquier diálogo con los golpistas. El único camino frente al golpe es la resistencia", aseguró Carlos Reyes, ex candidato independiente a la presidencia.
Por el contrario, el gobierno de Washington le dio a Lobo un fuerte espaldarazo. "Quiero felicitar a Pepe Lobo por su amplia victoria", señaló ayer Arturo Valenzuela, subsecretario de Estado para América latina. "Lobo será el próximo presidente de Honduras. Reconocemos los resultados. Los comicios fueron pacíficos y cumplieron con los estándares internacionales", explicó el flamante funcionario de Barack Obama.

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