Un dirigente que, al menos por ahora, no demuestra públicamente ningún interés por meterse en el barro de una campaña presidencial. Y un dirigente que, al menos por ahora también, no está habilitado para ser candidato presidencial.
Y el presente de estos dos hombres, que se encontraron en secreto el viernes a la noche en Santa Fe para empezar a enhebrar un acuerdo a futuro, parece reflejar mejor que ninguna otra cosa los límites del PJ anti K para afrontar, primero dentro y luego fuera del peronismo, la próxima batalla por el poder.
La incertidumbre que existe en el peronismo acerca de quién será su próximo conductor es uno de los motivos principales de la postergación de las definiciones. Y no sólo en el mundo de la política, sino también entre muchos sindicalistas y empresarios.
Otra sería la historia, seguramente, si Reutemann hubiera aprovechado el envión de su triunfo ante el socialismo en las últimas elecciones legislativas de Santa Fe para plantarse como el verdadero rival de Kirchner en el PJ. Pero Reutemann, como quien parece no querer, lo único que hizo desde entonces fue sembrar dudas sobre su propia candidatura presidencial. Y esas dudas permitieron que otros dirigentes del PJ, que hubieran tenido que resignar sus aspiraciones, se animaran a anotarse en la carrera. De Narváez es uno de ellos, aunque todavía necesita que la Justicia acepte su inscripción.


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