Se trata de un alto número de demandas que el tradicional diario enfrenta, tanto por errores garrafales en sus noticias, como por campañas de calumnias e injurias
SALTA.- Existen denuncias contra todo el Equipo de Investigación, jefes y editores. Las demandas laborales, en tanto, suman otro dolor de cabeza para los asesores legales del diario romerista.
En menos de dos meses, el directorio de diario El Tribuno espera festejar 65 años de vida. Para ello, tienen pensado estrenar un nuevo diseño que, además de algunos nuevos detalles gráficos, readecuará las secciones en busca de recuperar la atracción que perdieron en los últimos siete años.
Con ayuda de una consultora española, los editores, en un último esfuerzo por sacar algo de inventiva para disimular el alto contenido político y tendencioso, pondrán en marcha "El Ciudadano”, una sección que abrirá el diario y en la que tienen como objetivo incluir toda la información local.
Con este nuevo formato, en el cual se destacarán notas de la vida cotidiana, los editores pretenden incluir velados comentarios políticos, pues los lectores obvian de palmo a palmo la apertura local que el diario publica actualmente.
Las secciones nacionales e internacionales se disminuirán al máximo, por lo que algunos periodistas de esas áreas ya se unieron al resto de los periodistas de la sección Locales para, como directiva obligatoria, firmar comentarios operados desde la misma redacción, opiniones o cualquier otra noticia falsa que sirva para desprestigiar al gobierno de Urtubey.
Estos detalles, y otros más que pronto iremos develando, deberían ser el punto de principal atención para el Directorio, sin embargo, la preocupación pasa por un problema, valga la paradoja, que nunca antes sucedió en el complejo editorial de Limache y que, por supuesto, su mentor, Roberto Romero, jamás imaginó.
Se trata de un alto número de demandas que el tradicional diario enfrenta, tanto por errores garrafales en sus noticias, como por campañas de calumnias e injurias contra funcionarios del gobierno provincial, quienes hacen fila para entablar las acciones legales y civiles contra el matutino.
A esto se suma otro problema que también llama poderosamente la atención. Se trata de las demandas laborales y la cantidad de periodistas que en los últimos años contrajeron serias enfermedades psicológicas e incluso respiratorias, devenidas ambas de picos de stress.
Al despido del periodista, Juan Antonio "Fito” Abarzúa, quien inició una demanda millonaria que lleva adelante el abogado Guillermo Martinelli, tras ser escrachado por el diario en sus propias páginas anunciando su despido por justa causa, algo fuera de lo común no sólo para cualquier periodista sino para cualquier trabajador.
En el foro de la justicia laboral, el despido, a través de un aviso personal o un telegrama, es para el empleador la medida más severa que puede tomar contra el empleado, por lo que hacerlo en sus páginas es considerado un acto de humillación pública, suficiente motivo para reclamar el exceso de parte del empleador, pues su acción no sólo revela su decisión sino su intención de afectar la moral del contratado.
Desacuerdos entre hermanos
A propósito, fuentes propias del Directorio del Diario señalaron que el despido de Abarzúa fue una decisión exclusiva de su director Sergio Romero, a quien los empleados lo definen como Rabinowicz, pues, dicen, de diario no sabe nada. La diferencia, aseguran, es que el "Ruso” disfrazaba su incompetencia con gritos, mientras que el joven Sergio lo hace con telegramas.
"Sergio se enoja con alguien y ahí nomás lo quiere echar”, se escuchó decir al subdirector del diario, Marcelo Romero, en una confitería céntrica, lo cual más que un desliz, confirma que en el Directorio no todos están de acuerdo con el nuevo director. No obstante, nadie se anima a señalar nada, pues saben que por detrás del rubilingo director está Juan Carlos Romero, a quien sí temen.
A la salida de Abarzúa siguieron la de Rubén Fernández Paz, quien padecería ataques de pánico, sobre todo después de quedar afuera de la renovación de la Jefatura de Redacción, y la de Oscar "Checho” Frías, quien, se dice, se fue con los bolsillos llenos por un arreglo que al parecer lo uniría económicamente al senador nacional.
El último despido, en tanto, roza un trato similar al utilizado con Abarzúa, aunque esta vez el enojo no pasó por un supuesto desacuerdo por sanciones internas, sino porque la nueva víctima osó desnudar al diario en una nueva campaña de desprestigio a un funcionario de gobierno.
Se trata de la esbelta curvilínea Karina Vadamar, quien también demandó al diario. La joven cronista también se desempeña en la Secretaría de Prensa de la Gobernación, algo que el mismo Romero alentó cuando era gobernador, para con ello evitar aumentarles el sueldo a algunos periodistas.
Resulta que el 30 de abril pasado, en su sitio online, el diario El Tribuno publicó una noticia en la que le adjudicaba al ministro de gobierno, Eduardo Sylvester, la autoría de un accidente de tránsito ocurrido en la esquina de las calles Indalecio Gómez y Batalla de Salta. En la publicación, y en boca de testigos, aseguraron que el funcionario, al volante de un Citröen, había chocado de atrás a un Peugeot 404.
El artículo difundía que el ministro intentó agredir al automovilista embestido y que debió ser contenido por policías. Sylvester había estado toda esa mañana en su oficina.
Por ello, Vadamar, en un acto de buena voluntad para con sus compañeros en el diario, llamó y les avisó que la noticia publicada tenía errores. A los pocos días le comunicaron que estaba despedida, pues aquel acto propio de cualquier periodista fue considerado por el joven Sergio como de deslealtad.
Por otra parte, y tal como lo mencionamos al principio, las enfermedades por stress en el resto de los periodistas constituyen otro problema para el Directorio, aunque esto sólo les preocupa si la dolencia se refleja en días de ausencia.
Otro de los que también tendría problemas de salud es el flamante Jefe de Redacción, Daniel Chocobar, pero no se sabe si los inventa para esconder sus largas ausencias de la redacción.
Todo este panorama, en definitiva, no hace más que darle la razón a "Toti” Daher, quien al entrar a la redacción y dar unas vueltas solía asegurar "Ustedes están todos locos”.




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