El ministro de Gobierno admite que el gobierno provincial fue sorprendido por el cariz que tomó la violencia en Bariloche. Admite la necesidad de autocrítica y formula un duro cuestionamiento
— No, no son historia: palpitan. Adentro del gobierno y en la sociedad. Deja enseñanzas, deja dolor. Como gobierno veníamos cerrando bien un año muy complejo… Y de golpe, la sorpresa. Es necesaria la autocrítica, imprescindible.
— La sorpresa no se expande por igual en un esquema de poder. ¿Dónde se expresa o se relaciona más, en función del gobierno?
— En la falta de preparación para encarar el tema, para darle una respuesta acorde, ágil, por parte del Estado. Esa es la realidad.
— ¿Hubo error de diagnóstico por parte del gobierno provincial en relación a información que hablaba de la posibilidad de problemas?
— Había una especie de agitación pública vía hablar de sucesos imprecisos por parte -irresponsablemente- de autoridades ajenas al gobierno provincial. La evaluación que se hizo fue que toda esa agitación parecía destinada a presionar a los supermercadistas para que entregaran alimentos.
— ¿Estamos hablando del intendente Goye?
— Envió una nota a ese sector diciéndole que tenían que contribuir 4.000 bolsones de 600 pesos cada uno, con indicación precisa sobre el contenido.
— ¿Más que un pedido, una orden?
— Una acción como mínimo desafortunada e irresponsable que lo coloca a él en el origen del problema dado que, como se está comprobando ahora, era blanco de presiones por parte de quienes ha conchabado y contratado para tareas municipales que, oh sorpresa, están en la organización de los saqueos.
— ¿La nota hacía hincapié en temas como responsabilidad social de la empresa o algo parecido?
— No, solicitaba. Incluso emitió vales para compra de alimentos que cuando la gente los quiso usar no servían; por ejemplo, para comprar carne…
— ¿Acá lo que está en cuestión es toda la cultura de hacer política?
— Los problemas sociales no son neutros en relación a mucho de la desfiguración de la política…
— ¿Qué es Goye en todo lo sucedido?
— A todas luces fue un desafortunado protagonista que, consciente o inconscientemente, desató los hechos. Yo diría que…
— El yo diría no existe…
— Bueno, está bien. Digo que terminó siendo un instrumento de aquellos a quienes pretendía apañar.
— ¿Por qué no lo traduce en algo más concreto?
— Sí. El gobierno provincial sabe a través de datos de una amplia gama de entidades, cooperativas, juntas vecinales y otros planos de la comunidad barilochense, que el intendente Goye hace meses que ni siquiera los recibe. Pero sí tenía pactos y transacciones con individuos de dos o tres cooperativas que se han manejado delictualmente en todo este tema.
— ¿Goye tiene que renunciar?
— No me corresponde a mí dar una opinión sobre ese tema.
— Es una respuesta muy florentina del siglo XV…
— La política se nutre siempre de esa palaciega Florencia…
— Sí, pero por otro lado usted no se ahorra nada. Como viene su discurso, el intendente Goye parece no contar con el respaldo ni siquiera de la dulce abuela Goye. Para usted, en tanto ministro, ¿está o no abollada la imagen del intendente?
— En política es habitual coleccionar bollos. Hacen a su naturaleza… La imagen de Goye se encuentra rodeada de un profundo vacío.
— ¿Qué llena ese vacío?
— Ausencia de la política, de instalación social e incluso personal, porque se le fueron retirando afectos de aquellos que en algún momento designó. Esto último habla de situaciones previas a los hechos, de renuncias en el gabinete provincial y fracturas de vínculos, etcétera.
— Este diario informó que la presidenta de la Nación tiene una imagen negativa de Goye. ¿Qué opinión le merece que ella intervenga tan directamente en el tema?
— Tiene el derecho a hacerlo y a cuestionar conductas sobre cuestiones públicas.
— Pero Goye no es la centralidad del problema. En todo caso, forma parte de ella. ¿Cuál es la responsabilidad del gobierno sobre lo sucedido?
— A mí, por funciones, me atañe la seguridad pública. Y legítimamente la sociedad nos mira desde los déficits que tenemos en ese campo. Por ejemplo, la carencia de una fuerza antidisturbios significativa, bien preparada.
— ¿Carlos Soria se equivocó al disolver el BORA?
— Con la disolución se buscó, y eso es lo que tenemos que lograr, restar vigencia a cierto tipo de cultura represiva dura, sin más. Transformarla en una cultura más moderna de contención de los problemas. A eso se apunta con el Cuerpo de Operaciones Especiales y Rescate… Pero además, nuestro sistema de seguridad enfrenta problemas de los más variados. Un caso: la burocratización de ciertos sistemas que hacen al equipamiento. Llevamos un año de trámites para licitaciones y recién ahora se abrirán los sobres por 40 millones de pesos. Los saqueos en Bariloche nos sorprendieron en medio de ese berenjenal de decisiones…
— ¿Entonces están decididos a reprimir saqueos o hechos delincuenciales que se filtraran, por caso, en una protesta?
— Lo que no le voy a dar es el título: "El gobierno pegara palos".
— Conjeturemos que los Reyes llegan con una nueva oleada de saqueos. ¿Ustedes intervendrán en línea a frenar?
— Absolutamente. Ya estamos mejor alistados que hace una semana. Pero desde lo policial concreto, bueno, todavía hay rémoras, inercias, que aún se arrastran.
— ¿Qué es rémoras, inercias para el caso?
— La policía rionegrina viene de muchos años de ausencia de profesionalidad, de desmoralización. No olvidemos que esta era la policía de Cufré, una policía montada para la protección de prostíbulos, para complicidad con el poder político, desmotivada en relación a su rol natural. Le doy un dato: la Ley Orgánica de la Policía tiene 30 años. Hay que hacer una nueva y lleva tiempo…
— Usted es psiquiatra, sabe de conductas y afines. ¿Cómo cree que se siente un policía que, como mostraron las imágenes, en Bariloche no podía impedir nada y encima termina garroteado por los saqueadores?
— Mal. Se siente muy mal. Quedaron impotentes, esta es la verdad. Solos con su manos.
— Pero si es política del gobierno rionegrino que, ante hechos como los de Bariloche, no lleven armas de puño, y además escasea la munición de goma, no tienen pistolas para tirar gases, sólo tienen palos de escoba… ¿no cree que lo mejor sería transformar a la Policía en una oficina de Ceremonial que cuando llegan los saqueadores los saluden, los inviten a pasar: "llévese lo que quiera", "¿la ayudo a cargar el plasma en el auto?"
— ¡No es así, no! Se trata de otra cuestión. De lograr un nivel de profesionalización que haga de la tarea de inteligencia (mantener sólido estándar de información) un objetivo que permita planear tareas de presión y, llegado el caso, accionar vía la fuerza…
— ¿Gendarmería es el paradigma en esta materia? Mire que, llegado el caso, los gendarmes le rompen la cabeza a cualquiera...
— Pero son fundamentalmente disuasión. Nosotros haremos disuasión, pero vamos a reprimir llegado el caso. El Estado rionegrino no alentará la impunidad de vándalos, delincuentes, saqueadores o como se los quiera llamar…

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