Por: Daniel Fernández Canedo.En los últimos años la Argentina y Brasil, como los restantes países de la región, se vieron beneficiados por la suba de los precios internacionales de los productos que exportan.
Hoy, los dos países tienen un alto componente de sus exportaciones concentrados en los productos del campo, o con algún grado de elaboración. Se trata de casi las 2/3 partes de las ventas al exterior.
En el caso argentino, la dependencia de la soja es fuerte, al punto que el complejo sojero representa por sí solo el 25% de las exportaciones.
Brasil se lleva la mejor parte en el comercio bilateral. El déficit para la Argentina se va haciendo crónico, a pesar del evidente retraso cambiario que afronta el país vecino.
El retraso del dólar en Brasil seguramente lo estará sintiendo en carne propia el extenso contingente de argentinos de vacaciones en estos días en el sur de ese país. Aquí compran el dólar a cuatro pesos o más y allí reciben sólo 1,6 o 1,7 reales. Así, todo se hace más caro para el bolsillo argentino.
A pesar de esa realidad, que indicaría que Brasil está más perfilado para importar que para exportar, la Argentina acumuló el año pasado un déficit en el comercio bilateral de US$ 3.400 millones.
Tal vez, el área energética sea la que muestra mayores diferencias. Ya hace tres años Brasil logró el autoabastecimiento. Como contrapartida, la Argentina engorda su déficit. La caída de las exportaciones es marcada y el aumento de la importación de energía crece al galope: 63% el año pasado.
En materia de llegada de inversiones extranjeras la diferencia es abrumadora. A esta Argentina llegan unos US$ 5.000 millones al año. A Brasil, entre 40.000 y 50.000 millones de dólares.
Brasil, con un mercado de 200 millones de personas, está llamado a sentarse en la mesa chica de las decisiones de la economía mundial. La Argentina, a pesar de su crecimiento, la mira por TV.
Con el gobierno en manos de un partido popular, con un mercado amplio pero que mantiene reglas de juego claras y estables para las inversiones y siendo amigable con el capital extranjero y los mercados financieros, Brasil está logrando un crecimiento sustentable que se revalidó en las urnas. Además con menos de 6% de inflación anual, muy distante del 25% en que flamea la Argentina.
Mañana llega Dilma Rousseff, en lo que constituye la primera visita como presidenta a un país vecino. En esta edición adelanta que ratificará su amistad y los acuerdos. También, que no se atará las manos en caso de tener que devaluar el real.
Tal vez sea tiempo de escuchar y no de intentar dar cátedra

Comentá la nota