Hernán de GoñiEl presidente de un banco local recibió días atrás el llamado de un broker de Wall Street, que le trasladó una pregunta muy particular sobre la Argentina: “¿Qué es Neuquén?”. La consulta estaba atada a la posibilidad de intervenir en la colocación de un bono que lanzó la provincia, con una ganancia en dólares cercana a 10% y garantía de regalías petroleras. Para el banquero, lo que dejó en evidencia el interés de su colega fue la búsqueda desesperada de negocios que hoy impulsa el escenario de tasas planchadas.
Cuando una provincia mediana de un país que está en los márgenes del mercado emergente se destaca de esta forma en el radar de los mercados, es porque el parámetro que hoy guía la demanda es uno solo: rentabilidad.
La Fed solo amplificó este escenario. Con un dólar cada vez más débil, los inversores buscan oportunidades lejos de EE.UU.
La Argentina (tanto el Estado como los privados) hoy parece bendecida por el boom de liquidez, ya que la suba de sus activos le está aportando un importante “efecto riqueza”. Pero este beneficio será efímero si no hay otras acciones que permitan capitalizarlo.
Muchos compradores reconocen los méritos de un emisor. Pero la demanda se comporta como una marea que hoy se lleva todo, pero que en algún momento puede devolverlo.
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