El tratamiento de la policía local entró en un nuevo cono de sombra cuando Acción Marplatense debió pedir un cuarto intermedio para que la iniciativa no sea rechazada.
La historia parece estar escrita. El bloque de concejales de Acción Marplatense conoce el final, pero intenta dilatarlo esperando que suceda algo que no va a suceder. El oficialismo pidió un nuevo cuarto intermedio, pero el margen de maniobras es escaso.
El intendente está enojado, se nota cuando habla que no entiende esta situación. Siente que lo están marcando de muy cerca, demasiado cerca. Es su segundo intento por conformar una fuerza policial con mando local. Se encamina en dirección al segundo (y quizás último) fracaso en este tema.
Pulti acepta que la Policía Comunal fue mal planteada. El aumento de tasas no fue una herramienta que la ciudadanía estuviera dispuesta a soportar. La oposición tomó ese aumento y lo transformó en la bandera. El fracaso (político) fue rotundo.
Más allá de derrotas o triunfos políticos, efímeros y circunstanciales, sería conveniente consultarnos como evolucionó la inseguridad en nuestra ciudad. La policía comunal no aseguraba un mejor resultado, pero lo cierto es que el nivel de violencia y criminalidad se ha visto incrementado en los últimos meses.
¿Qué hacen los políticos de nuestra ciudad por el tema de la seguridad? La mayoría de las veces proponen soluciones dignas de una ciudad de menos de 50.000 habitantes. Prender las luces y cortar las ramas ya no es suficiente para afrontar el delito.
Excepto algunos casos aislados, la campaña de cara a las legislativas del año pasado fue un deambular de slogans vacios de contenido real. Los políticos se han acostumbrado en los últimos años a describir la realidad, pero se muestran incapaces de cambiarla.
Acción Marplatense deambulaba por esos meses, todavía sentido por el golpe que significó la suspensión de la consulta popular.
Lo cierto es que el intendente creyó, haciendo pie sobre una propuesta provincial, que era el momento de traer nuevamente el tema de la policía local. Redobló la apuesta y envió un proyecto que contenía algunas cuestiones que otros municipios habían obviado. Pulti cree que si los índices de violencia e inseguridad no bajan drásticamente, sus aspiraciones reeleccionistas serán de corto alcance. Tiene razón.
Es verdad que las últimas medidas tomadas por las autoridades locales en ese campo no han sido efectivas. La mayor injerencia del Municipio en temas relacionados con la planificación y la prevención de delito ha sido un fracaso.
Pese a ello, el debate por la policía local cae en un tecnicismo financiero. Se van a gastar $5.000.000 extras el año que viene en una estructura “burocrática”. Este no parece ser un argumento convincente, por lo menos para abordar el tema de la seguridad. Sería mucho más interesante que los concejales traigan a colación las experiencias en distintas ciudades del mundo frente a la creación de fuerzas de seguridad de orden local, o que planteen un esquema de autonomía municipal que permita la delegación de algunas facultades desde la provincia para los municipios, sobretodo en ciudades que son más grandes que muchas provincias. Pero lo cierto es que el debate se centra en $5.000.000. Ese parece ser el precio de nuestra seguridad.
El intendente no puede dar la espalda a la realidad. Es la segunda vez que la ciudadanía le da un cachetazo en relación a este tema. Y en esta oportunidad el revés parece ser más grave, puesto que ocurre luego de la crisis de la policía bonaerense, que parece que casi todos olvidaron, pero que todos sufrimos.
Gustavo Pulti debe aceptar que algo está fallando. No resulta convincente que el ciudadano marplatense no quiera una fuerza de seguridad propia cuando el argumento es financiero o político. La crisis de confianza golpea el despacho del intendente. Sería el momento de dar un golpe de timón, mostrar un cambio de rumbo que exceda el tema de la policía y oxigenar su relación con los ciudadanos de esta ciudad.
La oposición debe aprender a debatir. El juego de las mayorías silenciosas es oscuro sin importar el lugar que las bancas ocupen en los edificios en donde se legisla. Es hora que se trate el tema de la seguridad con seriedad, y si no se está de acuerdo con el proyecto presentado por el Ejecutivo, llegó la hora de consolidar un proyecto superador. La crisis de confianza no golpea solo las puertas del despacho de Pulti, la confianza no entiende de banderías políticas.
Las victorias efímeras y los debates vacios nos llevan a relatar esta historia como si fuera un evento deportivo, mientras tanto la realidad nos da un golpe en la cara diariamente y nos obliga a ser responsables y exigir responsabilidad.
Estamos frente a una nueva oportunidad, ya es hora que entre todos nos hagamos cargo de nuestros problemas.

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