Por Mariano De VediaEn escenarios distintos y públicos muy variados, ante la multiplicidad del tedeum que se repartió por todas las catedrales del país, la Iglesia unificó su mensaje en torno de la necesidad de "defender a cualquier costo la unidad nacional".
La pobreza y la baja calidad institucional marcan también la fragilidad del país para constituir una nación, como señaló el arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo.
Si la Presidenta quiso evitar un mensaje crítico de la Iglesia al elegir la Basílica de Luján y eludir la celebración de Bergoglio, cayó tal vez en un error de cálculo.
En la fecha patria más esperada de la última década, los obispos alinearon sus homilías con el pensamiento reflejado en los últimos documentos acordados por amplio consenso en el Episcopado.
Pese a que el Gobierno promovió el tedeum oficial junto con un acto posterior de respaldo -para el cual movilizó a militantes en varios micros-, Radrizzani no se dejó intimidar y, en momentos en que el Bicentenario potenció signos de divisiones y peleas en los sectores políticos, llamó a fortalecer el consenso, superar partidismos e intereses personales y buscar "soluciones superadoras".
Bergoglio reiteró que el estado de confrontación sigue en ascenso, que se mantienen las deficiencias de la calidad institucional y que "si la Nación sufre, más duramente sufren los pobres". Dejó señales de su preocupación por el país actual en detalles menores, pero de profundo contenido religioso, como las oraciones e intenciones leídas en el tedeum. Así, advirtió sobre las veces en que se privilegia el conflicto por sobre la unidad, las partes sobre el todo y "las ideas sobre la realidad histórica de nuestra nación".
En esa línea de pensamiento, también fue unánime ayer el rechazo de la Iglesia al proyecto de ley del matrimonio gay, aprobado por la Cámara de Diputados e impulsado con la simpatía del oficialismo.




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