Con acreencias por más de $ 200 millones, el martes 5 se subastará una filial de Córdoba y el 25 otra sucursal ubicada en Buenos Aires. Quedan la casa matriz de Guaymallén, tasada en $ 5,6 millones, y unos 50 colectivos.
Con la premisa de resolver acreencias que superan los $ 200 millones y afrontar centenares de juicios que siguen acumulándose, la sindicatura espera el resultado del remate de un predio de más de 2 mil metros en Villa Dolores el martes 5 de abril, al cual le seguirán otro inmueble en Barracas (Buenos Aires) el 25 de este mes y, en poco tiempo, el edificio de tres pisos que alguna vez fue la administración central, en Guaymallén.
En esas circunstancias, todo suma para afrontar los acuerdos con acreedores. La filial cordobesa, incluidas tres unidades y un cartel luminoso como testigo mudo de un pasado mejor, saldrá con una base superior a $ 600 mil; en tanto que por la del barrio porteño se espera redondear una venta de $ 5 millones. Pero, a falta de un inmueble similar en San Luis, la apuesta mayor es una de las últimas "joyas de la abuela": el edificio de 4 plantas y casi 2.200 m2 ubicado en carril Godoy Cruz y Mitre, de San José. La meta, según su tasación, es recaudar entre $ 5,6 millones y $ 6 millones .
Hoy por hoy, los últimos vestigios de vida de la desaparecida Transportes Automotores de Cuyo Limitada, cuya causa radicada en el Segundo Juzgado Concursal empieza a entrar en su fase final de liquidación para seguir con esquema de pagos. En ese tren, la semana que comienza la jueza Gloria Cortez deberá decidir la fecha de subasta del emblemático edificio de Guaymallén, que también supo ser propiedad de un reconocido banco; por lo pronto, el 12 de abril podría empezar a "circular" el edicto, de lo que se desprende que la puja no será más allá de mayo o junio.
Hora de hacer cuentas
"Después de 11 años, estamos concluyendo un proceso muy complejo que ha tenido un efecto multiplicador. Ahora se está definiendo el esquema de liquidación, pero como los juicios siguen ingresando, la sindicatura no tiene fecha cierta para concluir su trabajo". Así de clara es la explicación acerca del presente desde el seno de la sindicatura, cuyos miembros asumen que, más allá de las dimensiones del patrimonio de TAC, no ha sido una quiebra común y corriente.
Por el contrario, se la define como "una quiebra muy particular, porque obligadamente ha debido seguir generando movimientos económicos para poder costear los gastos y llevarla adelante". Por ejemplo, sanear algunas sociedades propiedad de TAC manteniéndolas en actividad, e incluso el alquiler de otras.
Pero son la excepción. La mayoría fue parte del desguace de la quiebra que atrajo, además de inversores particulares, a metalúrgicas, constructoras y hasta una cadena de supermercados (Millán SA), adquirentes del producido en los distintos remates. Y si bien la recaudación parcial es un dato mantenido en reserva, lo cierto es que a los síndicos los desvela un pasivo astronómico que supera los $ 200 millones, aunque deberán ajustarse a diversos acuerdos del mecanismo concursal con los acreedores, que contemplan quitas de 60% si la cancelación se convino dentro de los 180 días, hasta 20% en 5 años.
Ahora bien, si algo tiene en común con otras quiebras es la clasificación de créditos por privilegios, que prioriza a prendas, hipotecas y deudas con el Estado. En ese sentido, los acreedores que integren la categoría de "quirografarios" (sin respaldo o garantías) aparecerán en los últimos lugares. Sobre todo teniendo en cuenta que las demandas interpuestas durante el proceso, muchas de ellas juicios en trámite por daños y perjuicios los cuales se remontan a mediados de la década del '90 y que, aunque enmarañan la resolución final, también estarán privilegiados en el esquema.
El certificado de defunción de TAC se firmó a mediados de 2007, tras estar concursada durante más de 6 años.
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