Cómo fueron los trabajos que realizó el periodista español antes de llegar a Trípoli. La obsesión por retratar crisis internacionales. Su paso por las villas de Argentina.
Trípoli no dio ninguna precisión oficial sobre el lugar de detención ni las condiciones en que se encuentra el joven freelance. Sus padres Manuel y Victoria sólo conocen versiones y rumores que circulan en la capital libia, donde se presume que está Manu. Lo último que se supo de este colaborador externo de PERFIL llegó de boca de Philip Balboni, presidente del sitio estadounidense Global Post, cuyo corresponsal James Foley fue capturado junto a Brabo y otro periodista. “Nos dicen que están bien, que no los tienen en una celda sino en un espacio más abierto, y que les dan de comer y cigarrillos”, transmitió Balboni. Poco antes, un cronista argelino de la cadena MBC había dicho que vio a Manu y sus dos colegas en un centro carcelario de Trípoli, “juntos y en buenas condiciones”.
Mientras tanto, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, con mediación de las embajadas de Turquía y Hungría, conduce la trabajosa gestión para que el régimen de Kadafi libere al español. “Estamos un poco más tranquilos, al menos creemos saber dónde lo tienen. Somos muy agradecidos con el gobierno español, hacen todo lo que está a su alcance”, expresó a este diario la madre de Manu.
Libia no fue la primera aventura profesional de Brabo. Su obsesión por contar historias “desde el frente” lo llevó a viajar por el mundo para dar testimonio en momentos difíciles. Acompañó a las Israel Defense Forces en sus misiones de combate en Cisjordania, y captó a los palestinos que les hacían frente con gomeras. Prestó su lente a los refugiados de la guerra de Kosovo, en Pristina. Lo mismo hizo con los inmigrantes marroquíes en Melilla, España. Desnudó las precarias condiciones laborales de los mineros bolivianos de Oruro. E ilustró el horror del terremoto en Haití.
“Me escondo detrás de la cámara y empiezo a ametrallar, huyendo de las imágenes ya tomadas sacando otras nuevas”, escribió sobre las ruinas de Puerto Príncipe. “Mi ojo derecho, el del visor, se clava en un par de ancianas sonrientes y me acerco a ellas, sigiloso. Al levantar la mirada lo entiendo todo: su expresión corporal, la levedad de sus gestos, su alegría. ¿Qué hace una china con su micro a lo Madonna cantando y enseñando tai-chi a unas decenas de refugiados? Pues eso, sacar unas cuantas sonrisas. También la mía.”
En 2006, el periodista que mantiene en vilo a España visitó Buenos Aires para trabajar sobre las villas miseria. Tomó una impactante serie de fotografías que tituló “Ciudad Oculta, la argentina triste”. En las imágenes se puede ver a un vecino cargando una heladera sobre sus espaldas en medio de un barrial, a una distendida pareja de cartoneros, a una madre apurándose para no perder el último “tren blanco” o un impecable retrato del Che Guevara en una pared derruida. En inglés, Manu describió a sus colegas europeos: “El ‘hospitalito’ era un proyecto de Juan Perón para el barrio. Cuando murió, la dictadura militar frenó su construcción. Hoy, esa estructura en ruinas alberga a cien familias sin techo”.
Con la cobertura de la guerra en Libia, Manuel Brabo fue más allá. Y pagó con su cámara y su libertad.
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