El cardenal argentino y miembro de la curia, que conoce bien a Bergoglio, dice que tiene todo para iniciar "un partido nuevo"
Por su edad, 69 años, el cardenal argentino Leonardo Sandri era considerado por muchos "el" papable argentino. Pero en una entrevista con LA NACION en su despacho de la Congregación para las Iglesias Orientales, Sandri aseguró ayer que la elección de Jorge Bergoglio no fue una sorpresa.
Con gran trayectoria diplomática sobre sus espaldas y con una vida diferente a la del Papa, a quien conoce bien desde su adolescencia, Sandri definió como "revolucionario" su flamante pontificado "porque nos hace volver a lo esencial".
-¿Para usted fue una sorpresa la elección de Bergoglio?
-No, no fue una sorpresa. Cuando me fui al cónclave, me acompañaron mi hermana y mi sobrina hasta el ascensor de casa, y les dije: "Ahora, cuando lo elijan a Bergoglio, lo invitamos a comer a casa un puchero".
-¿En serio?
-Sí. Y efectivamente mi hermana después se lo dijo, y espero que cuando pase todo este lío, venga a comer el puchero. Porque yo lo conozco desde hace mucho tiempo. Él fue mi prefecto en el seminario menor de Villa Devoto. Yo tenía 13 años y él tenía 18 o 19.
-Usted, según todos los medios, era más papable que Bergoglio, por la edad.
-Todos sabemos que lo de los papables no tiene ningún sustento institucional. Son previsiones mediáticas de analistas que pueden acertar o no. Pero el problema fundamental es tener en cuenta la dimensión divina de todo esto, que yo he podido palpar, como elector, participando en el cónclave. Pude palpar y tocar con mis manos la obra de Dios, el Espíritu Santo, que hace surgir estas figuras, como la de Jorge Bergoglio, un hombre del Evangelio, un hombre simple, un hombre no atado a ninguna estructura de poder, un hombre libre, un hombre espiritual.
-¿Cómo era el clima en la Capilla Sixtina cuando Bergoglio alcanzó los 77 votos?
-El clima era de una especie de suspenso gozoso porque se preveía ya el resultado. El pobre tenía que pasar delante mío para pasar con su voto hacia la urna y yo viéndolo pasar me animé, y le dije: "¡Bergoglio, danos alegría!". Y él me miró con una mirada resignada y siguió su camino.
-¿Cuándo se dio cuenta de que iba a ser electo? ¿Ya el primer día de cónclave o el segundo?
-No, es una cosa que tuvo una realización muy pero muy serena, como un parto natural, digamos.
-A más de una semana de su elección, Francisco ya hizo varios gestos de humildad y simplicidad.
-Su nombre es un mensaje.
-Sí, su nombre es un mensaje y ya se empieza a hablar de un pontificado revolucionario... ¿Usted cómo lo ve?
-Yo creo que es un pontificado revolucionario en el sentido de que nos hace volver a lo esencial a todos nosotros, es un llamado a la conversión. O sea, a purificarnos, a convertirnos y, en este sentido, el programa del papa Francisco es vivir esos valores esenciales y auténticos. Cuando le dije "danos alegría", pensé, en mi interior, danos reconciliación, paz, entendimiento, perdón, solidaridad, no sólo en la Argentina, sino en el mundo entero. Es lo que necesitamos, y él lo da a través de este programa tan sintético que es volver al Evangelio, volver como San Francisco a las realidades esenciales.
-Se esperan cambios en la curia. Usted que está en la curia, ¿cómo ve el clima?
-Yo creo que efectivamente la persona que fue elegida Papa, habiendo participado en las congregaciones generales, escuchó lo que dijeron los otros cardenales sobre la necesidad de reforma de la curia. O sea que él tiene muchos elementos para poder hacerlo. Creo que tiene ahora todo el material necesario para comenzar un partido nuevo, un partido de gran vibración, de onda muy espiritual y al mismo tiempo de acercamiento de la curia a la gente, a las realidades.
-¿Francisco va a encontrar resistencia al cambio?
-Yo creo que no, yo creo que hay una especie de idea falsa de que la curia es una especie de cuco, o de no sé qué y no es así. La gente quiere obediencia. Ya sabemos, el Papa no es una iniciativa humana, que viene de abajo. Esto vino de arriba, vino de Dios, según nuestra fe, por supuesto. Y, por lo tanto, no nos inclinamos ante la persona de Bergoglio, sino que nos inclinamos ante alguien que ha sido elegido por Dios para ser el jefe de la Iglesia, como servidor de todos.
-¿Qué va a significar un papa argentino para el país? Ya hubo gestos de acercamiento con Cristina Kirchner.
-El hecho que de la Argentina salga un papa es una cosa extraordinaria. Quiere decir que hay gente que vive la santidad, gente que cree, gente que vive las virtudes cristianas. Lo es para nuestro país, sin ninguna soberbia, y hubiera sido lo mismo por supuesto si hubiera sido brasileño o lo que fuera. La importancia que va a tener es también extraordinaria porque cualquier gesto, cualquier palabra, no va a ser más que para pedir paz, reconciliación, superar los odios, llamar a la solidaridad, tener conciencia de los que más sufren, y eso es un bien para nuestro país y es un bien que no es por un partido político o por el otro, es por la Argentina como tal.
-¿Se imagina que pueda bajar la crispación política?
-Sí, por supuesto. En la Argentina todo se toma con ese entusiasmo nuestro, se toma todo como blanco o negro, y no es así. A mí me preguntan siempre de la "primavera árabe". Yo estuve en Irak, en Egipto. Para mí, es una primavera humana porque hoy en día no se le puede decir a nadie: «Vos no tenés derecho a tener acceso a una vivienda digna, a la salud, a la educación, a poder dar un futuro a tus hijos».
-¿Con Francisco empieza una primavera para la Iglesia?
-Sí, empieza una primavera para la Iglesia y, por lo tanto, con sus frutos, también para el país..



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