Las perforadoras progresaron 200 metros; Piñera pidió ayuda internacional
El presidente chileno, Sebastián Piñera, en tanto, viajó ayer por segunda vez a la ciudad de Copiapó, unos 800 kilómetros al norte de la capital, donde está la mina San José, para reunirse nuevamente con los familiares de los trabajadores atrapados bajo tierra y supervisar las tareas de rescate.
Horas antes de viajar hacia el lugar de la tragedia, Piñera informó que su gobierno solicitó la colaboración de otros países con experiencia en materia minera -como Perú, Estados Unidos, Canadá y Australia-, para trabajar en el rescate.
"Si hay alguna tecnología, algún conocimiento que nos pueda ayudar, los vamos a utilizar", afirmó el mandatario, que además prometió llevar a "expertos nacionales de las principales empresas de túneles, de ingeniería y de minería para tener la certeza absoluta de estar haciendo todo lo humanamente posible" para sacar con vida a los mineros atrapados.
"Quiero ser realista y decirles a los chilenos que el desafío no es fácil. Esto no solamente está en nuestras manos; también está en las manos de Dios", agregó Piñera, después de explicar que los equipos de rescate están trabajando en tres frentes paralelos: sondaje, túnel de ventilación y recuperación de la rampa de ingreso en la mina para contactar con los operarios.
El accidente que conmueve a Chile se produjo el pasado jueves al mediodía, en el yacimiento San José, propiedad de la minera San Esteban, en pleno desierto de Atacama, cuando un derrumbe obstruyó la única vía de acceso al lugar.
Si bien desde entonces no hubo contacto alguno con los mineros, autoridades y familiares confían en que el grupo haya alcanzado un refugio de unos 50 metros cuadrados, a 800 metros bajo tierra, dotado de alimentos, oxígeno y abrigo.
En vísperas del Día del Minero, que se conmemora hoy en Chile, representantes de la mina informaron ayer que una de las perforadoras había logrado avanzar unos 200 metros de profundidad en el interior de la mina, casi el doble de lo estimado para un día de trabajo, con el fin de instalar tubos por donde se puedan pasar víveres.
Concretamente, los nuevos esfuerzos se concentran en la perforación de agujeros pequeños para llegar a los mineros y proporcionar alimentos, mientras se logra una vía alternativa para sacarlos del depósito subterráneo de cobre y oro, donde ocurrió el derrumbe.
Según un informe de la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), en las tareas de sondaje están trabajando más de 200 personas y en los próximos días se sumarán más máquinas.
La tragedia que mantiene a vilo a Chile, primer productor mundial de cobre, dejó a la luz las precarias condiciones de seguridad de las pequeñas minas que funcionan en el norte del país, rico en minerales y donde cientos de personas arriesgan sus vidas para aprovechar la bonanza de las materias primas.
"Hemos podido constatar con el caso de la mina San José que en muchas explotaciones mineras la seguridad de nuestros trabajadores no está siendo considerada como debería", reconoció ayer el propio Piñera, quien prometió quintuplicar el presupuesto del Servicio Nacional de Geología y Minería, con el fin de aumentar el número de inspectores.
La Iglesia Católica, por su parte, también intervino en el debate. "Esta es una zona muy rica en minería, pero no siempre ha sido rica en seguridad para la gente", reclamó el obispo de Copiapó, Gaspar Quintana.
Mientras tanto, la Federación Minera de Chile, que agrupa a unos 12.000 mineros, denunció la falta de fiscalización estatal de las condiciones de seguridad, acusó a las empresas de preocuparse sólo por extraer mineral y anunció una serie de movilizaciones para los próximos días.

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