Expresión del Dr. Carlos Baeza surgida de un artículo especial para CAFEXMEDIO. Tal evidencia la acaba de brindar la provincia de Buenos Aires al modificar la normativa que regula la enseñanza primaria tanto a nivel público como privado.
En primer término se han suprimido las calificaciones desde 1 a 3, por entender que las mismas “estigmatizan” al alumno. A partir de ahora, se “estigmatizarán” entre 4 y 6; es decir, aparentemente no se han suprimido los aplazos, sino que se han modificado las notas que así los consideraban por lo cual, los alumnos que obtengan un 4 sentirán la misma sensación “estigmatizante” que cuando les ponían un 1.
Además, se ha logrado otra maravilla educacional cual es que ningún alumno pueda repetir un curso. En efecto: cuando un estudiante no apruebe una materia podrá llevarla como “previa” y pasar al grado siguiente donde el maestro a cargo hará las veces de profesor particular y tratará de hacerle entender lo que no aprendió.
Y para rematar tan superadora propuesta educativa, cuando un alumno abandonare la escuela y luego retornare, su ubicación será la que le corresponda por su edad biológica. Dicho en otros términos: si el niño dejó en 2° grado y retorna tres años después, se lo instalará en 5° grado habida cuenta que por su edad le correspondería estar en ese curso, aunque no haya pasado previamente por 3° y 4° grado.
Realmente uno se pregunta los motivos que pueden haber llevado a la adopción de estas medidas y desde el sentido común no encuentra respuestas, a no ser que como todo gobierno populista se procure tener cautiva a una importante masa electoral que a cambio de algún plan asistencial asegure, a través de su ignorancia y falta de preparación, su continuidad y permanencia en el ejercicio del poder.
Estas y otras medidas ya adoptadas, han eliminado el sistema de premios y castigos necesarios para lograr una auténtica superación y sólo han logrado igualar hacia abajo. Ya no existen las amonestaciones por mala conducta de los alumnos y a quienes incendiaron y robaron en un establecimiento de esta ciudad, se les permitió continuar como alumnos del mismo.
La autoridad educativa ha sido reemplazada por un Consejo de convivencia integrado por docentes, padre y alumnos, que son quienes fijan las pautas de conductas y evalúan las infracciones a las mismas.
El buen alumno que se esforzaba por el estudio -un “nerd” según lo calificarán los pibes piolas de ahora- lograba el halago de integrar el “cuadro de honor” o ser designado abanderado, privilegio que hoy se otorga a quien los mismos compañeros eligen para tal fin, con independencia de toda valoración intelectual. Aún recuerdo que en mi larga trayectoria docente -más de 40 años tanto en el ámbito secundario como universitario- el efecto que produjo cambiar la calificación numérica por un simple “alcanzó” o “no alcanzó”: era desolador observar cómo alumnos que hasta entonces obtenían altas notas por su dedicación al estudio, bajaron los brazos pues reduciendo sus esfuerzos se igualaban con los que “alcanzaban” la promoción.
Los efectos de estas erradas políticas, se advierten cuando los alumnos tratan de ingresar a una universidad, ya que por una parte, les resulta harto dificultoso superar un examen de ingreso y por otra, de superarlo, revelan en clase o a través de evaluaciones parciales, un profundo desconocimiento de cuestiones básicas y elementales, no por incapacidad sino como fruto de su defectuosa y errada formación previa.
Hoy contemplamos espantados las reiteradas manifestaciones de violencia contra maestros por parte de padres (¡lindos ejemplos!) que concurren a los colegios o en plena calle, agreden impunemente a docentes que no han calificado a sus hijos como ellos esperaban, y que en lugar de merecer el repudio de toda la comunidad educativa, son avalados muchas veces por los propios directivos quienes sancionan a…¡los docentes!, como ocurriera recientemente cuando una maestra fuera suspendida por haber aplazado a un alumno; sin contar con las imperiosas instrucciones dadas verbalmente a muchos docentes para que no desaprueben a ningún alumno.
Año a año se advierte el deterioro de la calidad educativa: clases que no comienzan en el calendario previsto; huelgas docentes reiteradas; falta de presupuesto e infraestructura edilicia; salarios que no compensan adecuadamente la actividad y que la creciente inflación deteriora aún más, son algunos de los tantos problemas que obstan para contar con una educación de calidad.
Todo ello, lamentablemente, no debe extrañarnos cuando las propias autoridades que tienen a su cargo -es una manera eufemística de decirlo- la educación, dan muestras acabadas de su profunda ignorancia y desconocimiento en la materia, alentando conductas por sí reprochables. Todos recordamos la toma del Colegio Nacional Buenos Aires el año pasado por parte de los alumnos, esgrimiendo como justificativo el excesivo precio de los sándwiches que allí se comercializaban, frente a lo cual el ministro Sileoni apoyó la medida sosteniendo que “es un triunfo de la democracia, de la educación. Lo primero que me sale es celebrarlo”; agregando que se trata de “una cocina de participación democrática” así como “un reaseguro para el futuro”, y aclarando que ese accionar no era ilegítimo. Cuesta esfuerzo tratar de entender el pensamiento del Ministro pero lo menos que produce es sorpresa e indignación, dado que en cualquier sistema republicano serio -que no es nuestro caso- este funcionario no seguiría un minuto más en su puesto.
Y no menos patética fue la actitud asumida por los padres de alumnos de ese mismo establecimiento que tomaron por asalto la antigua Iglesia de San Ignacio de Loyola, donde produjeron serios desmanes y actos de vandalismo, tales como la quema del sillón sacerdotal y un altar de madera tallada, la rotura de candelabros y vasijas, pintadas agraviantes en pisos y muebles, llegando hasta orinar en el propio altar. En una de las asambleas convocadas al efecto se escucharon frases tales como “Ustedes son el abono de los reclamos populares” o “Estamos orgullosos de ustedes” y hasta un padre llegó a decir: “Si a mi hijo lo sancionan voy a poner el parte de amonestaciones en un cuadro”. Es evidente que de la conjunción de alumnos que toman colegios avalados por sus propios padres, más la innegable participación de adultos “fogoneando” la medida y a quienes lo que menos les importa es la educación, pocos progresos cabe esperar en cuanto a la mejoría del sistema argentino.
Ni qué hablar de otra toma en el mismo ámbito por considerar -los alumnos- que los nuevos planes de estudio no eran adecuados. Es evidente que quienes se están formando desde el punto de vista educativo, no se encuentran en condiciones de debatir los planes elaborados por especialistas en pedagogía y cuyos destinatarios son precisamente quienes los cuestionan, dado que la posición que ocupan en la relación de enseñanza-aprendizaje les impide valorar el alcance de las nuevas normas.
Es como se pretendió hacer en el ámbito de la UNS –a lo cual me opuse y tras un amparo judicial obtuve un pronunciamiento favorable- mediante una encuesta anónima a los estudiantes en la que la primera pregunta era cómo evaluaban los conocimientos de sus profesores…Es la lógica discepoliana de “lo mismo un burro que un gran profesor”. Sin comentarios.
Este panorama desolador se evidencia cuando se realizan evaluaciones internacionales educativas que no hacen más que reafirmar las erradas políticas llevadas a cabo desde hace mucho tiempo. Así, en una de las últimas pruebas internacionales PISA que evalúan a los estudiantes de 15 años en matemáticas, lenguaje y ciencia, Argentina -junto a México, Brasil, Chile y Perú- promedia alrededor de 400 puntos y en algunos casos, mucho menos; frente a los 550 puntos en matemáticas, 510 en lenguaje y 539 en ciencias (Hong Kong y China); los de Corea (542, 534 y 538, respectivamente) o los de los EE.UU (483,495 y 491). Por su parte en el Estudio del Progreso en Alfabetización y Lectura Internacional (PIRLS) que examina a estudiantes de 4° grado en lectura, sobre un total de 35 países Argentina ocupó el puesto 30.
En otro orden, más del 50% de quienes cursan la secundaria, no completan el ciclo; en tanto que del total de más de 270.000 estudiantes que ingresan anualmente a las universidades estatales, sólo se gradúa el 23% de los inscriptos, mientras que ninguna universidad argentina -ni siquiera la UBA- aparece en el ranking del Suplemento de Educación Superior del “Times” de Londres, en tanto que similar estudio de la Universidad de Shanghái coloca a la UBA entre los puestos 150 y 200. También es posible verificar el alto grado de reprobados en los exámenes de ingreso a las universidades, que ronda entre el 65 y el 80% de los inscriptos.
Frente a este panorama, la nueva normativa provincial no hará más que agravar la actual situación educativa. sin que se avizore la existencia de un programa integral que nos permita volver a ser aquella Argentina que en el concierto mundial se destacaba, entre otros aspectos, por la calidad de su enseñanza y el nivel de sus establecimientos y docentes. Es de esperar que, en cambio, no se pretenda el retorno al viejo slogan: “Alpargatas sí, libros no”.
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