Por Guillermo Worman (*)
Hace algunos años, el nivel de deterioro del frente costero de la ciudad nos hizo aprender que la falta del manejo integrado de nuestra costa tenía consecuencias graves, algunas casi irreversibles.
Algo similar quedo al desnudo con el colapso de la movilidad urbana, y nos dio igual lección sobre el mismo déficit. Autos estacionados arriba de los espacios verdes, el transporte público intensamente cuestionado, las dificultades para ser un peatón o un ciclista en una pequeña ciudad en el fin del mundo, todas situaciones que forman una familia de síntomas que responden a la misma afección en la gestión de políticas públicas. Para el caso, la excepción dejó de ser la regla.
El intento de administración de un sistema urbano se basa en la gestión integrada de todo lo que sucede en un territorio, procurando articular una batería de propuestas que apunten a resolver nudos de problemas. Es decir, la tarea central consiste en identificar las principales dificultades y orquestar una batería articulada de acciones que respondan directamente al núcleo de los conflictos de escala urbana.
Veamos un ejemplo para tratar de explicar la necesidad de una gestión o manejo integrado de recursos. Las dos plantas potabilizadoras de la ciudad de Ushuaia pueden operar con normalidad si el nivel de turbiedad del agua cruda que ingresa se encuentra por debajo de 10. Con estos valores es más eficiente y rápido el procedimiento de producción de agua para consumo urbano. En condiciones normales, las plantas pueden producir hasta 330 litros por segundo, pero si el nivel de turbiedad se está por encima de ese indicador, debe dosificarse la producción (de 330 litros se baja a 280 o menos), y esto implica mucho mayor tiempo de potabilización, por ende hay mucha menor agua disponible para distribuir.
Por motivos que desconocemos, el jueves de la semana pasada el nivel de turbiedad en el arroyo Grande subió de golpe a 571 a las 3 y media de la tarde. Recién 12 horas después el agua bajo a niveles de turbiedad por debajo de 10. Todavía hoy estamos tratando de entender tamaño cambio en el arroyo que se usa para potabilizar el agua en la Planta ubicada en la parte baja del Valle de Andorra.
Sin dudas, algún tipo de intervención se hizo en la parte alta de la cuenca, y nadie percibió que una acción que se hacía aguas arriba tenía impactos negativos aguas abajo. En este caso, casi tuvimos la necesidad de interrumpir el proceso de potabilización. Lo mismo sucedería con cualquier acción sobre el arroyo Buena Esperanza desde la base del Glaciar Le Martial y hasta la Planta Potabilizadora que se encuentra en el ingreso a la reserva hotelera. O va a pasar con acciones que se tomen sin la debida planificación arriba de la toma de agua de la planta que se está construyendo en el río Pipo, casi justo debajo del puente que va hacía el Parque Nacional.
Entre otras dificultades, habla a las claras de los conflictos que tenemos para aprender a gestionar el manejo de sistemas que son de dominio público. Aquí entran los espacios verdes, la calle, arroyos, ríos, bosques o humedales. Son lugares de interacción en donde se producen constantemente tensiones a resolver. El derecho a producir que a veces choca con el derecho a gozar de un ambiente sano. En esencia, habla de la misma dificultad que tenemos para operar con políticas públicas, ya que muchas veces fragmentamos sistemas que naturalmente están integrados.
Ahora nos trazamos el desafío de intentar desarrollar un modelo de toma de decisión pública que integre la mayor cantidad de variables para manejar integralmente los recursos que tenemos. En nuestro caso, en todo lo relacionado con el agua. Sin embargo, está lógica es aplicable a cualquiera de los grandes temas que afectan a la Provincia, como a sus ciudades.
Cuando trabajamos en el Plan Estratégico de Ushuaia identificamos la necesidad de crear un tipo de gobernanza sustentable para la ciudad y Tierra del Fuego. Un modelo basado en gobernar con otros actores y no solo en tomar decisiones en base a la lógica tradicional de administración del poder público.
Tuvimos un muy buen ejemplo para entender las consecuencias de accionar aisladamente sobre un sistema integrado. Las ciudades y las cuencas hídricas, como otros, son algunos buenos ejemplos de la necesidad de contar con políticas públicas basadas en la integración. Justamente, la lección que debemos aprender es idear mecanismos de gestión articulados entre los diferentes actores que tienen intereses o responsabilidades sobre el mismo territorio. No es otra cosa que ejercitarse en el desarrollo sustentable de los recursos urbanos y naturales. Habla de ir gradualmente hacía otra forma de ejercer gobierno. Seguramente, una forma de gobernar con mayor legitimidad.
(*) Presidente de la Dirección Provincial de Obras y Servicios Sanitarios

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