La reflexión de Daniel Scioli vuelve a encender las luces de alerta en el oficialismo. Luego de que Nilda Garré se mostrara con Martín Sabbatella en Morón, los mensajes de Daniel Scioli hacia adentro del kirchnerismo adquieren otro cariz
Hasta que la ministra de Seguridad, Nilda Garré, se mostró junto a Martín Sabbatella, durante la semana pasada, las aguas se mantenían calmas. El sciolismo, más gestual que verborrágico, respondió con dos actos en la Primera sección –junto a Hugo Curto y a Luis Acuña- en los que sus interlocutores cargaron, por ejemplo, contra Hugo Moyano.
Fue el caso de Acuña, que, tácitamente, le bajó el precio al camionero, al ponderar a Daniel Scioli como “el conductor” del PJ Bonaerense. Scioli devolvió gentilezas recalcando la “lealtad” de Acuña, en los tiempos tormentosos de 2009. ¿Quién era el destinatario de este último comentario? Martín Sabbatella, que en las elecciones de ese año, caracterizadas por la proliferación de colectoras, desistió de adherirse y compitió contra el kirchnerismo.
Hoy, desde la zona serrana de la Provincia, y en vísperas de Pascuas, Scioli insistió con el concepto. Tuvo una frase, breve, concisa, puntual, insidiosa. “La lealtad es un camino de ida y vuelta”, dijo, y volvió a encender las alarmas del kirchnerismo. La alusión bien puede ajustarse al sabbatellismo y su idea de adherir a la boleta de CFK. Bien puede ir por otro lado.
¿Estará Scioli solicitando un poco del apoyo incondicional brindado a lo largo de siete años? La lectura no es antojadiza: El “reto público” de Kirchner, la colectora de Nuevo Encuentro y otros episodios hacen que el reclamo tenga visos de legitimidad.
Scioli aseguró, además, que cada dirigente “se muestra tal cual es a la hora de la verdad, a la hora de las definiciones”. Su lealtad, de acuerdo a esta premisa, estaría plenamente corroborada. Testimonial en 2009, se excusó de romper con los K durante el conflicto con el campo, en 2008. Hoy, ratifica su alineamiento en cada acto. Y, tal vez, espera algo a cambio.







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