La caída de Trípoli tarda más de la cuenta. Siguen los combates entre los "revolucionarios" y las fuerzas leales al rais . Corren ríos de sangre y el fantasma de Muammar Khadafy, que sigue haciéndose oír a través de desafiantes arengas radiales, parece protagonizar una infernal guerra psicológica. Sobre él, los rebeldes lanzaron ayer, con ayuda de la OTAN, una verdadera cacería humana por los barrios de la capital.
Trípoli se ha convertido en una usina de rumores que aseguraban que el líder libio y sus hijos habían sido acorralados por los insurgentes. Pero con el pasar de las horas, las esperanzas de un rápido final, seis meses después de comenzada la guerra, chocan con la frustración ante la fuerte resistencia de sus leales.
Según informaron varios medios árabes, los rebeldes tomaron el control del barrio de Abu Salim, en el sur de Trípoli, bastión de Khadafy donde creían que estaba escondido él o algún miembro de su familia.
La capital es una ciudad muerta: sin bancos, sin negocios, sin nafta y con bienes tan esenciales como comida y medicamentos que escasean, hasta el punto de ponerla al borde de una catástrofe, según organismos como Médicos sin Fronteras.
Trípoli es una ciudad sin ley: sin policía (desaparecida al entrar los rebeldes el domingo último), totalmente insegura, con francotiradores que disparan contra civiles en autopistas y contra los bolsones de resistencia, con hospitales que no paran de recibir heridos y con las morgues que rebasan de cadáveres.
Los rebeldes aseguran que tienen bajo control el 90% de esta capital, pero al moverse por Trípoli -donde en los últimos días hubo 400 muertos, según los rebeldes- la sensación es otra. Una columna de humo negro, muy densa, se levanta en el barrio de Abu Salim, hasta ayer feudo del rais , cercano a su legendaria fortaleza de Bab al-Aziziyah.
En el barrio de Gar Gur y cerca del aeropuerto siguen encarnizados combates. Lo mismo pasa alrededor del hotel Corinthians, un moderno rascacielos que se levanta frente al mar, y la pintoresca ciudad vieja, donde se aloja la mayoría de la prensa extranjera. Sniper , sniper! (?francotirador'), gritan los rebeldes, y provocan corridas entre los enviados llegados de todo el mundo para contar el fin de un régimen que el 1° de septiembre próximo hubiera cumplido 42 años.
La tensión es palpable en las calles desiertas de esta ciudad de dos millones de habitantes, donde aún llegan columnas de milicianos que celebran. Vienen desde Benghazi, Misurata y Nalut, y quieren participar en la "batalla final" contra el dictador.
"¡Khadafy malo! ¡Khadafy asesino!", grita Yassim, combatiente en ojotas, casco y Kalashnikov, llegado de Misurata. La tensión se advierte en los check points. Allí no sólo hay towar (?revolucionarios'), sino simples vecinos armados, que intentan autorganizarse en virtuales comités para proteger sus propiedades.
Para acceder a cualquier barrio con un vehículo hay que hacer zigzag entre barricadas de lo más precarias, formadas por lo que sea: placas de cemento, viejas mesas de plástico, carcasas de autos, acribilladas durante el combate.
La sospecha está a la orden del día y es difícil saber si detrás de un civil se esconde un leal a Khadafy dispuesto a ir a matar a rebeldes y demás extranjeros "traidores".
Así es como, en una enésima arenga radial, Khadafy llamó a los libios a "destruir" a los insurrectos para "purificar" la capital.
"La OTAN se está replegando... Libia tiene que ser de los libios, no de los colonialistas-imperialistas, ni de Francia ni de Italia", dijo, desafiante. Demostrando estar totalmente fuera de la realidad, Khadafy hasta reivindicó que la "aplastante mayoría" de la población está de su lado.
Al llegar al hospital de El Tobbi, la realidad es inversa. En la entrada de las emergencias, donde llegan heridos de la batalla, hay una escena escalofriante. Alrededor de una ambulancia que trae un nuevo mártir, hay médicos con barbijos, enfermeros, enfermeras con el pelo cubierto por un velo, anestesistas, que entonan el nuevo himno nacional de la "Libia libre", emocionados. Muchos tienen los ojos llenos de lágrimas y se abrazan.
En la sala de emergencias, colmada de heridos de la batalla de Abu Salim, probablemente la última, aunque no para de operar, el cirujano Walid Hanich no oculta su felicidad.
"Aunque todavía no capturaron a Khadafy, él está terminado", asegura. Maisun, grandes ojos negros y sonrisa, también cirujana, no coincide: "Sí, somos libres; ahora podemos decir lo que queremos, tenemos libertad, pero hasta que no capturen al tirano no vamos a estar liberados".
PARTE DE GUERRA
25 DE AGOSTO
Traslado . El Consejo Nacional de Transición anunció ayer oficialmente el traslado de su gobierno de Benghazi, en el este del país, a Trípoli.
Avance . Los rebeldes se hicieron con el control del barrio de Abu Salim, en Trípoli, un bastión de las fuerzas leales a Khadafy. Además, avanzaban hacia Sirte, cuna de Khadafy.
Cacería . Con el apoyo de la OTAN, los rebeldes continuaron a la caza del rais, en paradero desconocido desde hace varios días. Ayer, Khadafy divulgó un nuevo mensaje alentando a la lucha a sus seguidores.
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